Coches, relojes y altavoces inteligentes empiezan a ocupar un sitio en el día a día de millones de personas. ¿Pueden llegar a ser tan relevantes como los ‘smartphones’?

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¿Alguien recuerda las PDAs? Es probable que los más jóvenes ni siquiera hayan oído hablar de ellas. PDA son las siglas de Personal Digital Assistant, unos aparatos que se pusieron muy de moda alrededor de 2000 y que de alguna forma fueron los precursores de los ‘smartphones’, con un enorme éxito. Firmas líderes en PDAs fueron protagonistas de grandes operaciones corporativas, como Palm, pero hoy han desaparecido. Fueron barridas por los teléfonos inteligentes.

El ritmo de la innovación es muy exigente y se lleva por delante a todo tipo de empresas, por muy poderosas que parezcan: el declive de Yahoo, MySpace o Blackberry son buenos ejemplos. No es solo una cuestión corporativa. Los productos, los ‘gadgets’ tecnológicos, también viven en un entorno cruelmente darwinista: quien no se adapta a los cambios, desaparece o pierde relevancia. Ya no hay PDAs, las cámaras de vídeo son solo para unos pocos y los reproductores de CDs cada vez estorban más en el salón.

Gran parte de estos cambios han sido provocados por los ‘smartphones’ o teléfonos inteligentes, que en los últimos diez años se han convertido en una herramienta diaria imprescindible para sus alrededor de 2.500 millones de usuarios, con un ritmo de adopción nunca visto con otras tecnologías, como se puede apreciar en el gráfico. Pero la consultora BI Intelligence ha presentado un estudio, realizado por su analista Laurie Beaver, que se pregunta si los teléfonos inteligentes pueden probar a corto plazo su propia medicina. Es decir, ¿hay algún ‘gadget’ capaz de sustituir, en el día a día digital, al ‘smartphone’, o al menos de amenazar su relevancia?

El estudio se centra en tres ‘gadgets’ concretos, que ya tienen cierto recorrido comercial: los relojes inteligentes, los coches conectados, y los altavoces inteligentes. Para comparar sus posibilidades con el ‘smartphone’, parte de la premisa de que los teléfonos tienen tanta relevancia por cuatro de sus características: tienen una altísima penetración, se llevan siempre encima, son el centro de la actividad digital y se han convertido en imprescindibles. Para apoyar esta información, BI Intelligence presentó una encuesta en la que, preguntados qué sienten si se dejan el móvil en casa por la mañana, el 14% de los encuestados afirmaba que su día se arruinaba en ese momento y el 37% se mostraba dispuesto a volver a buscarlo, frente al 15% que se mostraba feliz o despreocupado con su despiste.

¿Cuál es entonces la conclusión del estudio? Para Beaver, el dominio absoluto del ‘smartphone’ se ha terminado: las diferentes alternativas harán que se reduzca las casi cuatro horas diarias de media que se le dedican. Pero, en un entorno en el que los contenidos estarán en todas partes, seguirá siendo el rey. Ningún aparato será, a corto plazo, tan omnipresente y relevante.

El ‘smartwatch’: interesante, pero no lo bastante

Según el análisis de Beaver, el ‘smartwatch’ o reloj inteligente tiene un importante punto en común con los móviles: se lleva casi siempre encima. El 68% de sus usuarios lo utilizan todos los días, y hasta un 25% lo tiene en la muñeca incluso cuando duerme. Además, siempre según los datos de BI Intelligence, un 14% de sus usuarios dice que ya está provocando que utilice menos su ‘smartphone’ gracias a algunas de sus funcionalidades, como comprobar ‘emails’ o buscar direcciones.

Pero la conclusión del informe es que actualmente los relojes inteligentes no son rivales para los teléfonos. Carecen de masa crítica, les faltan funcionalidades (no pueden realizar llamadas de voz ni sirven para consumir medios de comunicación) y tampoco es un aparato que cree cierta dependencia entre sus usuarios: el 72% dice que si se lo dejan en casa al empezar la jornada no importa, un porcentaje que se reduce al 11% si lo que olvidan es el teléfono.

El coche conectado: una buena opción, pero solo sobre ruedas

El potencial del coche conectado es enorme. En primer lugar, porque se estima que se va a generalizar relativamente pronto: se calcula que ya circulan por todo el planeta 100 millones de vehículos conectados, y según las previsiones de la consultora PwC serán 470 millones en 2025. Además, es un lugar donde se pasa mucho tiempo diariamente (especialmente en Estados Unidos, donde solo los desplazamientos al trabajo suponen una media diaria de 53 minutos, según los datos recopilados por BI Intelligence). Y a diferencia de los relojes inteligentes, sí pueden ser un excelente entorno para consumir información y contenidos audiovisuales. Además, tendrán su papel en el comercio electrónico incorporando pasarelas para el pago.

Sin embargo, por su propia definición el coche no puede ser tan omnipresente como el móvil, pues no entra en el hogar. Robará tiempo al ‘smartphone’, pero solo cuando el usuario conectado esté sobre cuatro ruedas.

Los altavoces inteligentes: tu casa es su castillo

De alguna forma, el análisis sobre la relevancia futura de los altavoces inteligentes –como  Amazon Echo y Google Home, que dominan el 94% del mercado en Estados Unidos– es la cara B del de los coches conectados. Si los vehículos pueden ser muy relevantes para los consumidores fuera de casa, los altavoces lo serán dentro del hogar. Pero solo el móvil se mueve sin fronteras entre todos los entornos de una persona.

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Esto no quiere decir que los altavoces inteligentes no puedan convertirse en un aparato de primer orden. En primer lugar, su penetración crece espectacularmente: según la empresa de aplicaciones de voz VoiceLabs, si en 2016 se distribuyeron mundialmente seis millones de aparatos ‘voice-first’, en 2017 se llegó a los 24 millones. Por su parte, BI Intelligence estima que en 2018 estarán presenten en el 11% de los hogares estadounidenses (15 millones), y solo seis años después, en casi la mitad (el 47%, 66 millones). Y ya se están utilizando para consumir medios: el 82% de los dueños lo usa para escuchar música y el 20% para ‘podcasts’.

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