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Actualidad 24 oct 2016

Aniversario del Jueves Negro de la Bolsa de Nueva York

El primer gran golpe de la bolsa más importante del mundo tuvo lugar hace 87 años. El que pasaría a la historia como el Jueves Negro de la Bolsa de Nueva York ocurrió el 24 de octubre de 1929. Los felices años 20 estaban llegando a su fin y la jornada bursátil en cuestión resultó un enorme varapalo para miles de inversores estadounidenses.

Durante la segunda década del siglo XX sólo los banqueros norteamericanos participaban del intercambio de valores bursátiles en la Bolsa de Nueva York. Los ciudadanos corrientes sabían de la existencia del parqué de Wall Street pero tenían vetada su entrada en sus corrillos.

La entrada de los EE.UU. en la Gran Guerra requirió de un incremento de la financiación privada y desde el gobierno inventaron un método para hacerse con una buena parte de los ahorros de los ciudadanos mediante la creación de los ‘bonos libertad’. Estos bonos permitían, por primera vez, que los estadounidenses recibieran cada seis meses unos intereses en sus cuentas corrientes como consecuencia de sus patrióticos préstamos al estado. Hombres y mujeres de todo el país comenzaron a seguir a través de los diarios las cotizaciones de esos bonos que tan buena acogida tuvieron. El ciudadano medio comenzaba a meter la cabeza en un mundo que hasta la fecha le había sido totalmente ajeno.

Crack de 1929: el Jueves Negro de la Bolsa de Nueva York

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Tras la guerra, Gran Bretaña y el resto de aliados europeos estaban recuperándose económicamente

El éxito de la propuesta de Mitchell fue de tal calibre que ciudadanos de todas las clases sociales comenzaron a interesarse en invertir en la empresas cotizadas. Uno de los problemas que comenzaron a envenenar poco a poco la situación bursátil tuvo que ver con la escasísima regulación que existía en el sector. Así, los excesos comenzaron a tener lugar y la información privilegiada permitía que los inversores mejor conectados tuvieran una ventaja considerable sobre los recién llegados.Tras la guerra, Gran Bretaña y el resto de aliados europeos estaban recuperándose económicamente mientras que, en el inicio de esos años 20, los Estados Unidos eran cada vez más un país en el que se respiraba entusiasmo y crecimiento económicos. Dado que las economías familiares marchaban por buen camino y visto que el lanzamiento de los bonos libertad habían tenido tan buena acogida entre los particulares a lo largo y ancho de todo el país, Charles E. Mitchell, presidente del National City Bank, puso sobre la mesa la idea de abrir el coto cerrado de la bolsa de Wall Street a quien quisiera invertir en negocios estadounidenses que cotizaran en el índice neoyorquino.

En línea con esta falta alarmante de regulación, comenzaron a producirse prácticas sin sentido común alguno. Como fuera que los precios de las acciones subían sin aparente freno, los pequeños inversores vieron cómo se les permitía seguir invirtiendo poniendo de su bolsillo solamente el 10% del valor de lo que iban adquiriendo. El 90% restante corría a cuenta del agente de cambio que utilizaban en cada operación. Casi nadie preveía que pudiera llegar un momento en el que se terminara la prolongada sucesión alcista de los valores cotizados… hasta que ocurrió el desastre.

El viernes 18 de octubre se pusieron a la venta 8 millones de acciones y hubo cierto pánico entre los inversores. El índice de la bolsa cayó un 7% y otro 12% más al día siguiente. Se empezaba a barruntar entre los entendidos que la incorporación tan masiva de inversores sin conocimientos financieros a la compra-venta de valores, y cada vez con ficticios desembolsos mayores, hacían de la bolsa un lugar sobrevalorado financieramente.

El jueves día 24, numerosos particulares llegaron a Wall Street con la intención de hacer líquidas sus inversiones y los precios comenzaron a caer. El gran problema del que se daría en llamar como Jueves Negro, fue que el gran número de vendedores no encontraba compradores. La fiebre vendedora no encontraba respaldo comprador al otro lado y esta situación provocó caídas de hasta un tercio en algunos de los valores.

El rumor de que la Bolsa de Nueva York se estaba hundiendo llegó pronto a las calles y unos 10.000 ciudadanos rodearon el edificio de Wall Street en espera de noticias que confirmaran o desmintieran la terrible noticia. Dentro, el pánico se apoderó de muchos de los presentes hasta el punto de que las autoridades decidieron echar el candado al índice para evitar males mayores.

Pero el daño estaba hecho. Miles de ciudadanos que se habían subido al vagón de una bolsa siempre alcista hasta entonces, se vieron arruinados. Propietarios de grandes fortunas llegaron a perderlo todo, dándose algunos casos de suicidios desde las ventanas de los rascacielos de la Gran Manzana ante semejante desastre financiero.

El 24 de octubre de 1929 pasó a la historia como la primera vez en la que una multitud de factores, entre ellos sobre todo la falta de regulación, llevaron a la bolsa más importante del mundo a hacer crack. Un crack que se repetiría días después y que llevó a los Estados Unidos a una complicada travesía del desierto durante la siguiente década de los 30.

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