“Turquía no vive un único ciclo de inversión, sino varias transformaciones estructurales al mismo tiempo”
La transición energética, la modernización de las infraestructuras y la digitalización están abriendo nuevas oportunidades de inversión en Turquía y reforzando su papel como plataforma regional. Sinem Edige, responsable de CIB Turquía en BBVA, analiza las claves de esta transformación y cómo el banco acompaña a las empresas ante desafíos financieros cada vez más complejos.
Las oportunidades de inversión no siempre responden a una única tendencia, a veces responden a la confluencia de varios cambios que están redefiniendo el rumbo de una economía. Y Turquía atraviesa uno de esos momentos. “Lo que hace especialmente interesante al país es que no estamos ante un único ciclo de inversión, sino ante varias transformaciones estructurales que están sucediendo al mismo tiempo”, explica Sinem Edige, responsable de CIB Turquía en BBVA.
Esta coincidencia está abriendo nuevas oportunidades para las empresas, impulsando su proyección internacional y planteando desafíos financieros cada vez más sofisticados.
La transición energética es uno de los ejemplos más claros. Turquía aspira a alcanzar 120 gigavatios (GW) de capacidad eólica y solar combinada en 2035, con inversiones previstas de alrededor de 80.000 millones de dólares en generación renovable y otros 30.000 millones en redes de transmisión. A este esfuerzo se suman la modernización de las infraestructuras, la automatización industrial y el desarrollo de la inteligencia artificial y los centros de datos, que están ampliando el horizonte inversor del país.
Pero la magnitud de estas inversiones es solo una parte de la historia. “No se trata únicamente del volumen de capital necesario, sino de la creciente complejidad de su financiación”, señala Edige. Para BBVA CIB, el desafío pasa por combinar distintas capacidades financieras, desde la financiación estructurada y los mercados de capitales hasta la gestión de riesgos, para responder a las necesidades de cada proyecto.
La sostenibilidad, una nueva palanca de competitividad
En este escenario, la sostenibilidad está adquiriendo un significado más amplio para las empresas turcas. Ya no se trata únicamente de financiar instalaciones renovables o proyectos verdes concretos, sino de abordar una transformación más profunda que alcanza a todas las industrias, diversos procesos productivos y, en definitiva, la manera de competir en los mercados internacionales. “El debate ha dado un paso más allá de la financiación de proyectos verdes. Ahora, el verdadero desafío es movilizar los recursos necesarios para transformar la economía real y fortalecer su competitividad a largo plazo”, señala Edige.
Esta evolución también obliga a las compañías a anticipar riesgos hasta hace poco menos presentes en sus decisiones financieras.
La celebración de la COP31 en Antalya, con BBVA como Global Banking Partner, puede contribuir a acelerar este proceso, conectando las necesidades de inversión del país con el capital internacional. El reto, apunta Edige, será trasladar los objetivoscompromisos climáticos a proyectos concretos y movilizar los recursos necesarios para hacerlos realidad.
Turquía, de mercado doméstico a plataforma regional
El atractivo del país no se limita a las inversiones que necesita su propia economía. Su proximidad a Europa, su sólida base industrial y sus conexiones con Oriente Medio y Asia Central están reforzando su posición en un momento en el que las empresas buscan diversificar proveedores, acercar la producción a los mercados finales y fortalecer sus cadenas de suministro.
“Las empresas están rediseñando sus cadenas de suministro en torno a la resiliencia”, explica Edige. Esta tendencia abre oportunidades para sectores como la automoción, la maquinaria, la tecnología y la fabricación de componentes energéticos.
Pero el movimiento no se produce en una sola dirección. Mientras los inversores internacionales encuentran nuevas oportunidades en el mercado turco, las empresas locales aceleran su expansión exterior y buscan financiación, socios estratégicos y acceso a nuevos mercados.
En este contexto, conectar las oportunidades de inversión con el capital internacional resulta cada vez más relevante, especialmente en operaciones que requieren la participación de múltiples entidades y mercados. “Nuestro papel no consiste simplemente en financiar las operaciones internacionales, sino en conectar el capital con las oportunidades en ambas direcciones”, subraya Edige.
Un ejemplo de esta capacidad es la financiación del proyecto de autopista Kınalı–Malkara y la refinanciación del tramo Malkara–Çanakkale, que movilizaron aproximadamente 3.400 millones de euros de 25 instituciones financieras de diez países, con la participación de distintas entidades del Grupo BBVA. Para Edige, el valor de esta colaboración resulta especialmente visible en las grandes operaciones: “Cuanto más compleja e internacional es una transacción, mayor es la ventaja de combinar capacidad de ejecución local y alcance global”.
El siguiente paso: comprender el negocio para impulsar su crecimiento
La transformación económica de Turquía también está cambiando la relación entre las empresas y sus entidades financieras. Las compañías ya no buscan únicamente recursos para abordar sus inversiones, sino asesoramiento capaz de responder a retos estratégicos que abarcan distintos ámbitos de su actividad. “El principal cambio es que los clientes esperan que comprendamos su desafío estratégico antes de proponerles una solución financiera”, sostiene Edige.
Una empresa que se internacionaliza, descarboniza sus procesos o invierte en nuevas tecnologías puede necesitar simultáneamente financiación a largo plazo, banca transaccional, acceso a inversores y coberturas de riesgos. Para responder a estas necesidades, BBVA CIB apuesta por integrar sus distintas capacidades en torno a las prioridades de cada cliente. “Los clientes no necesitan más productos. Necesitan mejores soluciones para problemas más complejos”, resume.
De cara a los próximos tres a cinco años, Edige identifica una oportunidad decisiva: avanzar desde una base industrial y manufacturera consolidada hacia actividades de mayor valor añadido, apoyadas en la inteligencia artificial, las infraestructuras digitales y la expansión internacional. Turquía cuenta con capacidades industriales, talento y una posición geográfica estratégica. El siguiente paso será aprovechar esas fortalezas para competir no solo por su capacidad de producción, sino también por su innovación y especialización.
El verdadero salto de Turquía no estará solo en cuánto sea capaz de producir, sino en el valor que consiga crear. Esa es la oportunidad que se abre para sus empresas: transformar su fortaleza industrial en una ventaja competitiva que trascienda sus fronteras.