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Innovación 02 oct 2017

Internet de las cosas: la nueva revolución verde

La agricultura se encuentra a las puertas de una nueva revolución. El incremento de la población, la competencia por unos recursos cada vez más escasos y el cambio climático son los retos que tiene que afrontar este sector para ser capaz de alimentar a toda la humanidad. Necesitamos producir más con menos, un desafío al que el campo ya ha empezado a dar respuesta gracias a internet de las cosas, cuyos sensores han llevado los beneficios del big data a granjas y campos de cultivo.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte de que en 2050 habrá en la Tierra 9.300 millones de bocas a las que alimentar, lo que supone que deberán producirse 13.500 millones de toneladas de comida al año (un 62% más que en la actualidad). A esto hay que sumar que el planeta ha perdido la mitad de la tierra cultivable en apenas medio siglo y los ya innegables efectos del calentamiento global sobre los ecosistemas.

El internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) se basa en la existencia de miles de millones de dispositivos conectados directamente a la red, que posibilitan la circulación y el almacenamiento continuo de toda la información que recogen y producen las máquinas sin necesidad de intervención humana.  Y esta recolección de datos se está convirtiendo ya en una cosecha imprescindible para la producción agrícola: de acuerdo con un informe de Machina Research, en 2014 apenas había 13 millones de dispositivos agrícolas en red, pero para 2024 se espera contar ya con 225 millones.

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Producir más y mejor

El ‘smart farming facilita la toma de decisiones, el cuidado de plantas y animales y permite la automatización de los procesos. De esta forma, se consigue aumentar la productividad de forma responsable, establecer las cantidades y los horarios idóneos de riego y fertilización, mejorar la salud del ganado, detectar la presencia de hongos y plagas en los cultivos e incluso controlar la clasificación y envasado del alimento.

Los beneficios de la agricultura y la ganadería de precisión son tales que un informe reciente de Markets and Markets prevé que el mercado de la agricultura inteligente pasará de los 5.180 millones de dólares de 2016 a 11.230 millones en 2020.

El mercado de la agricultura inteligente pasará de 5.180 millones de dólares en 2016 a 11.230 millones en 2020

Existen ya muchas empresas que han conseguido incrementar su productividad gracias a las redes de sensores. Es el caso de NatureSweet, una compañía texana dedicada a la producción de tomates cherry, que ha logrado mejorar sus productos y reducir costes utilizando un sistema desarrollado por Prospera. Esta herramienta es capaz de monitorizar de forma continua el estado de los cultivos (niveles de humedad, polinización, fertilizantes, plaguicidas…) y poner a disposición de los agricultores toda esa información en tiempo real. Por el momento, la producción semanal de NatureSweet ha aumentado hasta un 4%.

Desde la Fundación BBVA también se busca el desarrollo de la agricultura de precisión. Uno de los proyectos seleccionados por la entidad en esta edición de las Becas Leonardo ha sido el del profesor Miguel Ángel Moreno, ingeniero agrónomo que emplea los drones para mejorar la producción. El trabajo que desarrollan Moreno y su equipo se basa en el uso de los drones como un escáner a gran escala que permite conocer la temperatura de las plantas para conocer las necesidades específicas del cultivo.

Sin embargo, el problema no se resuelve solo aumentando la cantidad de alimentos. La gestión de recursos escasos es otro de los grandes desafíos que debe resolver esta nueva revolución verde y en África, donde el agua es un bien limitado, IBM ya ha comenzado a trabajar sobre el terreno. La empresa tecnológica ha desarrollado EZ Farm, una herramienta que informa a los agricultores de cuándo y qué cantidad de agua necesitan sus cultivos.

Recuperar ecosistemas degradados

El cuidado y la recuperación del medio también se están beneficiando ya de los desarrollos del internet de las cosas. Su utilización ha permitido, por ejemplo, restaurar una ciénaga de 240 hectáreas antes dedicada al cultivo de arándanos. Joseph Paradiso, investigador del MIT, lo explica en el libro de El próximo paso. La vida exponencial, disponible para su descarga gratuita en la web del Proyecto OpenMind de BBVA.


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DoppelLab es la solución diseñada en el laboratorio de Paradiso con el objetivo de devolver a su estado natural un terreno degradado por la explotación agrícola. Para la recuperación del ecosistema se han instalado centenares de sensores inalámbricos que monitorizan, entre otros parámetros, la temperatura, la humedad del suelo,  la calidad del aire y del agua, el viento, el ruido ambiental e incluso la calidad de la luz. Todos estos datos se analizan y sirven para guiar el proceso de recuperación del paraje en colaboración con  un equipo de ecólogos.

Fotografía innovación agrícola en Argentina-bbva

Animales conectados

No sólo los campos, también los animales empiezan a estar conectados. Existen ya iniciativas, como el proyecto de la UE sobre ganadería de precisión (UE-PLF), que utilizan sensores para conocer de forma continua dónde y cómo se encuentran los animales, analizar su respiración para detectar posibles infecciones e incluso determinar el momento óptimo para ordeñar las vacas.

Algunas de las experiencias más interesantes se están desarrollando en el ámbito de la piscicultura. Este sector produce casi la mitad del pescado que se consume en el mundo y es el que más rápido crece dentro de la industria alimentaria, según los datos que maneja Sensor Fish. Este proyecto –en el que participan centros de investigación de Europa, Estados Unidos y China– pretende impulsar el uso de las redes de sensores para generar un ambiente seguro para criar pescado de alta calidad.

Desde la siembra hasta la mesa

El control absoluto que ofrece el internet de las cosas abarca desde el principio hasta el final del proceso de producción de alimentos. La clasificación, transformación e incluso el envasado del producto son algunas de las posibilidades que ofrece esta tecnología. Existen ya softwares, como el desarrollado por TempuTech, capaces de monitorizar silos, cintas transportadoras y elevadores de grano. Todos los datos se suben a la nube, de forma que los usuarios conocen en todo momento el estado de sus instalaciones, una información muy valiosa para evitar plagas y conservar los productos en las mejores condiciones.

No es la primera vez que la tecnología se alía con el sector agrícola para resolver los problemas de la humanidad. La historia ha sido testigo desde el Neolítico hasta la revolución verde del pasado siglo, pasando por la transformación agraria del siglo XVIII, de cómo la ciencia ha conseguido la capacidad productiva de las sociedades. La mecanización de los trabajos, el desarrollo de químicos como pesticidas y fertilizantes estaban dirigidos a obtener cosechas abundantes.  La revolución que llega ahora al campo añade un objetivo más: la preservación del medioambiente y los recursos naturales. La agricultura y la ganadería de precisión representan la eficiencia sostenible que demanda el mundo rural.

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