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BBVA world 03 may 2016

Josep Roca: "Chile tiene una diversidad aún mayor de la que me esperaba"

Josep Roca ha completado esta semana la penúltima etapa de su viaje de conocimiento a Chile, que le ha llevado a viajar por el centro-sur del país, especialmente a los Valles del Itata y Colchagua, y a Isla de Maipo. Sus dos días intensos de desplazamientos comenzaron en Concepción, donde el experto en suelos locales Pedro Parra le guió a lo largo del río Itata y le mostró las características de sus terrenos, en los que se producen vinos desde hace 400 años.

El mediano de los hermanos Roca se sorprendió por las similitudes del lugar con los paisajes gallegos, y por las colinas verdes y frondosas que adornan el horizonte por todas partes, poblados de pinos y eucaliptos destinados a la fabricación de celulosa; una vegetación y una industria enemigas de las viñas y los vinateros, con quienes compiten por la superficie y por el agua.

“Estos terrenos son vírgenes, están esperando a ser descubiertos“, explica Pedro Parra mientras recorre los altos de Huarilihue. El experto en sueños relata cómo el interés por el valle del Itata ha aumentado en los cinco últimos años, y sus vinos artesanales poco a poco comienzan a hacerse un nombre en diversas partes del mundo.

Fotografía de Josep Roca visita los salineros de Cahuil, en la zona costera de Colchagua

Josep Roca ha visitado los salineros de Cahuil, en la zona costera de Colchagua. En la imagen, charlando con uno de los cosecheros locales.

El viaje de Josep Roca continuó cambiando la Octava por la Séptima Región —del Bio Bio al Maule— hacia la ciudad de Cauquenes, donde el bodeguero François Massoc le espera a la cabeza de un grupo de 12 productores locales, orgullosos de sus vinos más atrevidos e innovadores, algunos elaborados con plantas de más de 150 años de edad. Se trata de bodegueros pequeños con volúmenes menores que se agrupan y colaboran entre sí.

“Me llevo la sensación de que en el Itata hay un rasgo de honestidad hacia una cultura antigua“, reflexionó el sumiller de El Celler de Can Roca después de una cata de 30 variedades de la zona. “Hay una discreción reivindicativa y naturalmente verdadera. Yo cuando bebo un vino busco una historia creíble, busco entender lo que hay detrás, para poder contar lo que sucede cuando se elabora ese vino. A los locos por el vino nos gusta la honestidad, las historias verdaderas. Y aquí en el valle del Itata las he encontrado”.

El camarero gerundense dedicó también su atención a conocer la gastronomía del sur de Chile, dominada por los productos del mar. Ostras, erizos y langostas se alternaron con mariscos menos conocidos como los locos o los picorocos y especias como el merkén y la rica-rica para sorprender a Josep Roca. “Chile tiene una diversidad aún mayor a la que me esperaba; el mar es una fuente de vida y de riqueza de la que a mis hermanos y a mí nos falta mucho por aprender”, confesó.

Del valle de Colchagua a Isla de Maipo

Al norte del Itata, tras un largo trayecto en autobús, Josep Roca se adentró en el valle de Colchagua, famoso por su microclima de tipo Mediterráneo que permite a sus pobladores cultivar papaya y quinoa, y recibir anualmente a decenas de parejas de cisnes que viajan para aparearse. De sus esteros occidentales se extrae una de las mejores sales del mundo, repleta de propiedades saludables y saborizadoras. Vinos costeros y grandes vinos de algunas de las bodegas más importantes de Chile se combinaron en varias catas de las que Josep Roca disfrutó como en sus inicios de sumiller: “Cada vino es un paisaje, un sentimiento, una tierra, una forma de explicar la vida. A partir de la cocina de mis hermanos pensaré en sabores, texturas y densidades que ayuden a entender lo que yo siento cuando bebo un vino chileno”.

La chef Pilar Rodríguez ayudó al fundador de El Celler de Can Roca a entender mejor la variedad de condimentos, frutos del mar y carnes que salpican las cocinas de cada casa chilena, que aprovechan como pocas los extremos climáticos que surgen de casi 6.000 kilómetros de costa.

Cada vino es un paisaje, un sentimiento, una tierra, una forma de explicar la vida

El trayecto por el centro y sur chilenos concluyó viajando al valle del Maipo, un lugar privilegiado sede de la bodega De Martino, cuyos enólogos y propietarios muestran orgullosos su colección de vasijas de arcilla bicentenaria. El contacto con el barro recupera métodos ancestrales de trabajar el vino, y persigue retratar a la gente que lo elabora a través de su sabor y su textura.

“Todavía me falta conocer algo del norte del país”, confiesa Josep Roca antes de embarcar en avión hacia La Serena, última etapa de su periplo chileno. “No obstante, hasta ahora tengo una sintonía total con muchos de los vinos que he probado. En Chile se está buscando la sensación de vino auténtico, hay un trabajo atinado y preciso, y en el mundo necesitamos eso”.

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