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Economía 16 ago 2018

MPE: un modelo seguro con gran capacidad de resistencia

Un debate tradicional en la expansión internacional de los bancos gira en torno a si es preferible operar con filiales o sucursales. Las filiales se corresponden con modelos más descentralizados, en los que los bancos se adaptan al entorno local, tanto desde el punto de vista de negocio como regulatorio. El modelo de sucursales es propio de bancos con una estructura más centralizada, donde las decisiones se toman en la matriz.

En general los modelos centralizados se relacionan con bancos con fuerte peso de la banca de inversión, donde predomina la financiación mayorista y con elevadas posiciones intragrupo (es decir, que la matriz financia directamente una parte importante de la actividad local). Los modelos descentralizados suelen darse en bancos con negocio minorista, financiados con depósitos, con pocas posiciones intragrupo, donde la actividad local se financia con recursos locales.

Tras la crisis financiera global, el Financial Stability Board (FSB) definió un nuevo marco para la resolución de entidades financieras identificando dos tipos de estrategia: la de punto de entrada único o ‘Single Point of Entry’ (SPE por sus siglas en inglés), aplicable a grupos con modelo centralizado y la de punto de entrada múltiple o ‘Multiple Point of Entry’ (MPE), característica de grupos con modelo descentralizado.

Debido a su modelo de gestión a través de filiales, el Grupo BBVA es de los pocos grandes bancos europeos que sigue la estrategia de resolución MPE: la matriz fija las políticas de liquidez y riesgos pero las filiales son autosuficientes y responsables de la gestión de su liquidez (captando depósitos o accediendo al mercado con su propio rating) sin que exista transferencia de fondos o financiación cruzada desde la matriz a las filiales o de las filiales entre sí.

El Grupo BBVA adoptó este modelo de filiales autosuficientes tras la crisis Argentina de finales de los noventa – principios de los 2000, con el fin de crear cortafuegos naturales entre las distintas unidades. De hecho, durante la última crisis financiera global, que principalmente afectó a España, no se produjo contagio a otras unidades, poniendo así de manifiesto la fortaleza del modelo.

Aunque el modelo MPE puede resultar menos atractivo financieramente (menores economías de escala en la captación de liquidez), sus ventajas superan con creces este aspecto, principalmente porque:

  1. Evita el riesgo de contagio: dada la ausencia de financiación cruzada, en caso de que alguna de las filiales del grupo tuviera problemas de solvencia, liquidez o de tipo operacional, el resto de filiales no se verían perjudicadas y, en caso extremo, la autoridad de resolución podría liquidar/resolver dicha entidad sin que afectase al resto de sociedades del grupo bancario. El riesgo para la matriz estaría limitado al valor de la inversión en la filial.
  2. Mejora la valoración de riesgos: el modelo descentralizado proporciona disciplina de mercado y los incentivos adecuados a las filiales para conseguir un crecimiento sostenible a medio y largo plazo, evitando la infravaloración de riesgos que se produce cuando existen subsidios cruzados dentro del grupo.
  3. Se crean ‘buffers’ de liquidez en cada uno de los balances de las filiales.
  4. Ayuda a desarrollar los mercados de capitales locales.

Por tanto, es un modelo seguro que ha demostrado una gran capacidad de resistencia durante la crisis y permite la viabilidad de un grupo con independencia de la evolución de cada una de sus filiales. Esta estrategia no solo tiene ventajas para los grupos que la siguen, sino también para preservar la estabilidad financiera.

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