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Poner en forma el balance de un banco

La labor de la banca como suministrador de fondos a la economía real es crítica. En este sentido, la gestión activa de balance ha ido cobrando cada vez mayor importancia hasta convertirse en un área estratégica para las entidades financieras. Entre sus objetivos se encuentran garantizar la liquidez, reforzar la solvencia y reducir la exposición al riesgo de crédito.

Los mecanismos que tiene una entidad financiera para gestionar su balance son variados. Una de las herramientas más utilizadas es la titulización. Pero no es la única. Fórmulas como  la refinanciación o reestructuración de préstamos para facilitar el pago por parte del deudor, hasta la venta de carteras, son también habituales.

La titulización tradicional: qué es y para qué se utiliza

Mediante este proceso, una entidad es capaz de transformar una serie de activos financieros heterogéneos y con escasa liquidez, en instrumentos líquidos homogéneos (normalmente obligaciones o bonos) y negociables en mercado.

El mecanismo empleado consiste en transferir una cartera de activos (por ejemplo, préstamos) desde el balance de la entidad en cuestión a un vehículo sin patrimonio, que emitirá bonos garantizados por dicha cartera. Normalmente, se emiten varios tramos de bonos en cada titulización, con distintos niveles de riesgo para satisfacer la demanda de diferentes tipos de inversores. La parte de la emisión de bonos con mayor riesgo y peor calificación crediticia (conocida como tramo equity o de primeras pérdidas) se queda la mayoría de las veces en el balance del banco emisor, para así conseguir una mejora crediticia de los restantes tramos y facilitar su colocación.

Los objetivos perseguidos por las entidades que optan por titulizar activos son captar liquidez (al colocar los títulos garantizados en mercado) y  transferir el riesgo de los activos al  vehículo emisor de los bonos. Esto permite reducir las necesidades de capital regulatorio, al contar con menor importe de activos con riesgo en balance.

gráfico titulizaciones

El cierre del mercado de titulizaciones – Otra consecuencia de la crisis financiera

Antes de la crisis, las entidades financieras eran capaces de vender todos los tramos de una titulización, con la consiguiente generación de liquidez y liberación de provisiones y capital.

En EE.UU. se había convertido en práctica habitual la titulización de las llamadas hipotecas subprime es decir, hipotecas concedidas a personas con escasos recursos económicos y que tenían, por tanto, una elevada probabilidad de impago. Estas hipotecas se empaquetaban y vendían por tramos, algunos de ellos considerados de bajo riesgo (con ratings elevados). La explosión de la burbuja inmobiliaria estadounidense en 2007, generó un impago masivo de este tipo hipotecas cuyo riesgo había sido transferido a las titulizaciones. Aquellos inversores que habían adquirido los bonos de titulización se vieron afectados directamente.

Comenzó entonces la demonización de las titulizaciones, que pasaron a ser consideradas el detonante de la reciente crisis financiera. Como señala Iñaki Echevarría, director de gestión de capital y titulizaciones en BBVA, “si bien es cierto que en EE.UU. las titulizaciones jugaron un papel fundamental en el estallido de la crisis, en el caso de Europa, donde no se comercializaron hipotecas subprime no fue así. Las titulizaciones tenían una elevada calidad crediticia y se vieron injustamente arrastradas por un efecto contagio que desembocó en el cierre del mercado de este tipo de productos”. La autoridad bancaria europea (EBA) también se ha manifestado en el mismo sentido.

Desde entonces el papel de las titulizaciones en la gestión de balance ha cambiado. No existen incentivos suficientes para que se emitan en el mercado, ya que el regulador penaliza al inversor de titulizaciones con un consumo de capital mayor que el que exige para productos similares como las cédulas hipotecarias españolas, un tipo de covered bonds. Así pues, uno de los incentivos que tenían las entidades financieras para emitir titulizaciones (sacar riesgo del balance) se ha perdido.

Actualmente, la principal motivación que tienen los bancos para titulizar es la obtención de liquidez. Las titulizaciones permiten a los bancos descontar en el Banco Central Europeo (BCE), préstamos que, individualmente, no serían admitidos como garantía para obtener liquidez. En cualquier caso, los criterios de elegibilidad establecidos por el BCE para que un activo titulizado pueda ser descontado son muy estrictos. Únicamente, titulizaciones de hipotecas, préstamos al consumo o créditos concedidos a pymes, son aceptados por la autoridad monetaria europea. A ello hay que añadir la aplicación de limitaciones asociadas al rating de la titulización, que está ligado al rating del emisor y, por tanto, al del soberano del país en el que se realiza la emisión. En este sentido, las emisiones realizadas por entidades situadas en países periféricos, son menos eficientes a la hora de ser  descontadas en el BCE.

Por qué es necesaria una reactivación del mercado de titulizaciones

Las titulizaciones han sido una de las fórmulas más efectivas para inyectar crédito en la economía real.  Nos encontramos en un momento en el que gran parte de las instituciones financieras están inmersas en procesos de desapalancamiento y muestran, además, una cierta aversión al riesgo. Todo ello está afectando a la generación de flujos de crédito que no acaba de acelerarse. La reactivación del mercado de titulizaciones podría ser una de las soluciones.  Para conseguirlo, se han planteado diversas iniciativas no sólo propuestas por emisores e inversores, sino también por reguladores y supervisores. Las más destacadas son:

  • Homogeneización de los requisitos regulatorios exigidos a las titulizaciones con instrumentos similares como los covered bonds.
  • Establecimiento de garantías o compra directa de tramos de titulizaciones o emisiones sintéticas  por parte de entidades supranacionales. Con ello se rompería el vínculo entre los ratings de las titulizaciones y el correspondiente al soberano. Por ejemplo, el Fondo Europeo de Inversiones (EIF, por sus siglas en inglés), cuyo accionista principal es el Banco Europeo de Inversiones (EIB) adquiere directamente tramos de titulizaciones, da garantías sobre carteras de préstamos y compra titulizaciones sintéticas. Otro ejemplo es el programa FTPYME a través del cual, el Tesoro Español concedía garantías a tramos de titulizaciones. Se da el caso de que algunas titulizaciones garantizadas por entidades públicas o cuasi públicas obligan a los beneficiarios a reinvertir parte de los fondos recibidos en la concesión de nuevos préstamos. Este mecanismo ha demostrado ser una fórmula muy efectiva de generación de flujo de crédito en la economía real.
  • Distribución del riesgo: Estas instituciones supranacionales podrían comprometerse a adquirir parte del tramo de primera pérdida, lo que reduciría el riesgo asumido por las entidades financieras y aumentaría así su margen para la concesión de préstamos.

Las titulizaciones sintéticas: una solución con cada vez más simpatizantes

En los últimos años, uno de los medios que está teniendo mayor aceptación a la hora de liberar capital y provisiones es la titulización sintética. En este tipo de operación, no se transfiere la cartera de préstamos a un fondo; por el contrario, el crédito permanece en el balance de la entidad correspondiente, pero ésta cede el riesgo de incumplimiento (calculado a través de la fórmula supervisora de Basilea) a un tercero. La forma más habitual de transmitir dicho riesgo es a través de la firma de un derivado que se realiza sobre la cartera, conocido como seguro de crédito (CDS o Credit Default Swap en inglés).

Como apunta Diego Martín Peña, del equipo de titulizaciones de BBVA, “el objetivo de este tipo de instrumento es la transmisión de riesgo de balance y liberación de capital de forma que facilite la concesión de nuevos préstamos a familias y pequeñas y medianas empresas, a la vez que reduce los costes inherentes a una titulización tradicional, fundamentalmente legales y administrativos”.

Las refinanciaciones: una medida usada en la crisis para ayudar a los clientes a hacer frente a sus pagos

Otra herramienta para poner en forma el balance de un banco son las refinanciaciones. En España, los efectos de la crisis económica llevaron a las entidades financieras a realizar un esfuerzo por adaptarse a la capacidad de pago de sus clientes. Las refinanciaciones surgieron como una herramienta para mitigar la difícil situación de los clientes con dificultades en el pago en sus préstamos, ofreciéndoles unas condiciones de financiación más favorables, ya fuera ajustando la cuota o el plazo.

Por ejemplo, en el caso de BBVA, el banco contaba, a cierre de 2015, con 67.050 refinanciaciones en vigor. Éstas habían sido concedidas a clientes con dificultades para que pudieran hacer frente al pago de su hipoteca, según reporta en el informe BBVA en 2015.

La venta de carteras

Por último, nos referiremos a la venta de carteras, especialmente aquellas formadas por créditos morosos (NPLs por sus siglas en inglés). Se trata de una herramienta que extrae activos improductivos del balance de un banco. Además, permite a los bancos concentrar su actividad en su negocio principal -la concesión de créditos- y descargar a la red comercial de la operativa que supone la gestión de créditos fallidos. Los compradores suelen ser firmas de inversión especializadas en gestionar esa parte deteriorada del balance.

Como señala Antonio San Frutos, profesor de CUNEF Escuela de Finanzas y Dirección, “si por la vía de la venta de los activos físicos deteriorados o por a través de la venta de carteras de inversión crediticia morosas se reduce el riesgo del activo y con él aumenta el capital regulatorio, mejorando los ratios de solvencia, se abre un hueco en el activo para poder llevar a cabo nuevas operaciones más rentables”.

En los países nórdicos y anglosajones, esta práctica lleva años en funcionamiento. En el caso de España, la venta de carteras morosas vivió un auge tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y el deterioro de los préstamos al sector inmobiliario y promotor. Desde entonces, la mayoría de las entidades financieras cuentan con una unidad de gestión de activos improductivos, dedicada a vender una parte de los préstamos morosos al mercado. En función del segmento de cada cartera -crédito promotor, a pequeñas y medianas empresas, activos con garantía hipotecaria- las entidades se convoca un proceso de subasta competitivo con potenciales compradores de esa deuda.

El BCE, consciente de la importancia de que fluya el crédito a la economía, acaba de publicar una guía para incentivar a los bancos a gestionar sus activos improductivos.  El documento no es vinculante, pero contiene las políticas y buenas prácticas en distintos países sobre cómo reducir las carteras de NPLs. De esta forma, podría derivar en requerimientos directos a los bancos que no las implementen.

En definitiva, el BCE vela porque a la banca no se le acumulen los préstamos morosos para que pueda dedicarse a dar créditos. Para asegurarse de que eso es así, recomienda el despliegue de toda una serie de herramientas estratégicas y de gobierno corporativo relacionadas con la gestión del activo improductivo. Desde decidir qué nivel de morosidad quiere cada banco, hasta contar con herramientas de rápida evacuación como la venta de carteras que permitan tener un sistema financiero sano.

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