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"Una oportunidad para desbloquear el potencial renovable"

Si una crisis es también una oportunidad, al menos desde la invasión rusa de Ucrania y, más aún, desde la guerra de EE. UU. e Israel con Irán, Europa se encuentra en un periodo lleno de posibilidades, con incentivos más que claros para seguir avanzando en la reducción de la dependencia energética del exterior y en la mejora de su competitividad. Pero que haya oportunidades a la vista no quiere decir que estén dadas, se logren rápido o no sean costosas.

Energía y competitividad en Europa
Julián Cubero (BBVA Research)

Los avances son lentos. Según datos del Energy Institute, en 2025 Europa seguía teniendo una balanza petrolera con un déficit del 75% de su demanda y producía únicamente el 10% del gas que consumía, sin grandes cambios respecto a años anteriores. Hasta ahora, la crisis energética desencadenada por Ucrania ha cambiado el origen de las importaciones de gas desde Rusia a Qatar y EE. UU., aunque no ha alterado el ritmo de lenta caída de la intensidad por unidad de PIB con la que Europa usa la energía fósil (la mitad que EE. UU. y un tercio de la de China reflejando una escasez estructural).

Las crisis geopolíticas con impacto en la energía fósil aceleran la diversificación hacia fuentes bajas en carbono solo cuando ya existen alternativas tecnológicas viables y competitivas. Los combustibles fósiles siguen dominando mientras la descarbonización avanza lentamente por la inercia de las infraestructuras y la inversión, de muy larga maduración. Lo que realmente impulsa el cambio no es tanto el precio puntual de la energía como la percepción de riesgo persistente sobre el suministro, que altera expectativas, redirige la innovación y empuja a los gobiernos a reforzar seguridad energética, resiliencia y autonomía estratégica. En ese contexto de riesgo geopolítico estructuralmente al alza, la expansión de las renovables hoy puede acelerarse más que en crisis anteriores porque sus costes y su madurez tecnológica son mucho más favorables que en décadas pasadas, cuando la crisis de los 70 favoreció la transición hacia la energía nuclear.

La resiliencia con las renovables no basta para mejorar la competitividad. La expansión de las renovables contribuye a moderar los precios de la electricidad en el mercado mayorista al copar una cada vez mayor proporción de las horas en negociación con costes más bajos. De hecho, según BBVA Research, entre 2021 y 2024 el aumento de 20 puntos porcentuales en la participación de las energías renovables en el mix eléctrico redujo los precios mayoristas de la electricidad en España cerca del 20%, un porcentaje que podría ser mayor en esa segunda parte de la década de alcanzarse los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC). Además, existe una clara correlación negativa en los principales mercados europeos entre el grado de penetración de renovables en el mix eléctrico y la sensibilidad de los precios de la electricidad al precio del gas natural.

Sin embargo, estas mejoras no implican por sí solas una transformación competitiva ligada a la energía, porque no basta con la moderación de los precios del mercado mayorista si no llega al mercado minorista, a las facturas de hogares y empresas, fundamentalmente por cuellos de botella en redes eléctricas o insuficiente desarrollo del almacenamiento. Como señala BBVA Research, mientras que la inversión global en renovables casi se ha duplicado en la última década, la inversión en redes solo ha crecido alrededor de un 20%, lo que está generando congestión, vertidos de energía, mayores costes del sistema y retrasos en la electrificación. El problema ya no es tanto tecnológico como institucional y regulatorio: la planificación fragmentada, los permisos lentos y marcos diseñados para minimizar el riesgo de activos varados frenan una expansión más anticipatoria de la red. La digitalización, la IA y el almacenamiento pueden mejorar la eficiencia y aliviar tensiones, pero no sustituyen la necesidad de ampliar físicamente las redes. En Europa, el reto está en ejecutar inversiones y coordinar mejor a escala supranacional, mientras que en España, la saturación de muchos nodos de distribución, aparte de potenciales acaparamientos, se debe a una baja inversión asociada a una planificación que prima la contención de costes sobre atender los aumentos de demanda. Sin replanteamientos del esquema de planificación y remuneración de las redes no se pueden esperar grandes cambios en la solución de estos cuellos de botella.

En resumen, las crisis energéticas revelan debilidades y por tanto oportunidades que para ser aprovechadas exigen cambios que acompañen los incentivos que proporciona el mercado. Para que la siguiente crisis, que vendrá, sea un poco más oportunidad y un poco menos problema