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Inteligencia climática: ¿cómo ayudan los satélites a mitigar el impacto del cambio climático?

La inteligencia climática es un área que combina distintas disciplinas y utiliza datos y tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial, para entender y prever el cambio climático de cara a tomar acciones para reducir su impacto.

La inteligencia climática apuesta por el uso sistemático de información científica para convertir datos complejos en decisiones prácticas. En ella se integran fuentes que van desde los sistemas satelitales de observación de la Tierra hasta las bases de datos históricas, pasando por modelos climáticos avanzados. Su objetivo va más allá de entender cómo cambia el clima: busca anticipar los riesgos, medir los impactos y orientar las acciones concretas de gobiernos y organizaciones en campos como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la gestión de recursos naturales, la adaptación al cambio climático o la validación de los compromisos ambientales.

El papel de los satélites en la observación de la Tierra

La necesidad de reforzar y avanzar en los compromisos climáticos a todos los niveles ha generado en los últimos años una creciente demanda de sistemas de verificación independientes, que aporten datos concretos y fiables. En este contexto, los proyectos de inteligencia climática que se apoyan en satélites de observación de la Tierra juegan un papel clave. Iniciativas públicas como el servicio europeo Copernicus y privadas como CarbonMapper permiten gestionar eficazmente las emisiones de gas metano o dióxido de carbono (CO2), optimizar el uso de los recursos naturales y comprobar el cumplimiento de los objetivos ambientales de empresas y gobiernos con precisión.

Satélites clave en la detección y medición de emisiones

“El metano es una de las grandes palancas climáticas: si actuamos sobre él ahora, podemos ralentizar el ritmo del calentamiento mientras escalamos el conjunto de soluciones necesarias para reducir el total de las emisiones”, explican desde CarbonMapper, una organización que busca impulsar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero proporcionando datos accesibles y fiables que alimenten la inteligencia climática. “Sin embargo, la monitorización del metano es complejo. Las emisiones proceden de una gran variedad de fuentes y sectores, pueden producirse a tasas bajas en áreas extensas o a tasas muy elevadas en puntos concretos, pueden ser intermitentes o persistir durante semanas, meses o incluso años”.

Inteligencia climática: ¿cómo ayudan los satélites a mitigar el impacto del cambio climático?

Dada esta complejidad, señalan desde la organización, identificar correctamente el origen de las emisiones, cuantificar su magnitud y entender su frecuencia y persistencia requiere una combinación de tecnologías con capacidades complementarias, que incluyen sensores terrestres, aeronaves y satélites de detección de emisiones. En la actualidad, el ecosistema de detección remota de emisiones de metano lo forman las siguientes iniciativas:

  • Copernicus: la Unión Europea y la Agencia Espacial Europea (ESA) tienen en el satélite Sentinel-5P su herramienta más avanzada de observación atmosférica. Es capaz de medir varios gases y ofrece una cobertura global diaria. Además, otros satélites como Sentinel-2 y Sentinel-3 aportan información climática de contexto. Por otro lado, Copernicus está desarrollando la misión CO2M, que desde finales de 2026 desplegará una constelación de satélites que medirán con precisión el dióxido de carbono, el metano y dióxido de nitrógeno de origen humano.
  • NASA: la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) cuenta con satélites como OCO-2 y OCO-3, diseñados para medir el dióxido de carbono de la atmósfera y de fuentes concretas, y el sistema GOES, de propósito meteorológico pero equipado para medir emisiones puntuales de metano en Norteamérica.
  • JAXA: los satélites GOSAT, GOSAT-2 y GOSAT-GW, de la Agencia Espacial de Japón (JAXA) en colaboración con la ESA, no solo están equipados para medir las emisiones de metano y de dióxido de carbono, sino que cuentan también con instrumentos para monitorizar el ciclo del agua y aportar información que contribuya a mitigar los desastres climáticos.
  • CarbonMapper: esta organización no gubernamental cuenta con un sistema de sensores terrestres y satelitales (equipados en el Tanager-1) que permite detectar y cuantificar grandes fuentes puntuales de emisiones de metano. Durante su primer año en órbita (que se cumplió en agosto de 2025), el Tanager-1 detectó más de 5.500 puntos de emisiones responsables de la generación de 15 megatoneladas de metano.
  • MethaneSAT: esta misión, de financiación pública y privada de Estados Unidos y Nueva Zelanda, era una de las más prometedoras en el campo de la medición de las emisiones de metano, ya que estaba diseñada para ofrecer datos concretos de industrias muy contaminantes. Sin embargo, un año después de su lanzamiento, en julio de 2025, se perdió el contacto con el satélite.
  • GHGSat: los 12 satélites que forman la constelación comercial de la empresa GHGSat permiten desde medir fugas de metano en instalaciones concretas hasta cuantificar emisiones a gran escala para proporcionar inteligencia climática a cualquier industria y al sector público.
Inteligencia climática: ¿cómo ayudan los satélites a mitigar el impacto del cambio climático?

Cómo la inteligencia climática valida los compromisos climáticos y los informes ESG

Las fugas de metano a través de toda la cadena de extracción y procesamiento de petróleo y gas natural son una de las grandes fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero. Según datos recién publicados en Science, solo en 2023 liberaron 8,3 millones de toneladas de metano a la atmósfera. Para poner fin a estas fugas, es clave contar con información en tiempo real y a una escala geográfica reducida que permita identificar la instalación donde se está produciendo el problema.

Por ejemplo, el 4 de octubre de 2024, pocos meses después de su lanzamiento, el Tanager-1 detectó una potente emisión de metano en un punto concreto de la llamada cuenca pérmica, la mayor reserva de combustibles fósiles de Estados Unidos. Tras advertir a los reguladores y a la empresa responsable y mostrarles los datos concretos, la fuga de metano fue solucionada por completo.

Sin embargo, cerrar el grifo de un escape de metano no es la única forma en que la tecnología satelital puede ayudar a las empresas a avanzar en la lucha contra el cambio climático. “Los satélites ofrecen una visión más precisa de dónde se generan las emisiones a lo largo de la cadena de suministro y cuánto procede de cada instalación”, señalan desde CarbonMapper. Esto permite reforzar la trazabilidad, incluir información precisa y necesaria en los informes ESG (environmental, social and governance, por sus siglas en inglés; equivalente a los términos ambiental, social y de gobierno) y validar los compromisos climáticos de las empresas delante de los accionistas, las autoridades, los empleados y otros grupos de interés.

“Entre las limitaciones actuales está traducir las observaciones satelitales a los formatos que utilizan las empresas en sus informes, así como la integración de múltiples fuentes de datos”, añaden desde la organización de inteligencia climática. “Además, muchos de los ejecutivos responsables de tomar las decisiones todavía están aprendiendo a interpretar y utilizar estos datos, lo que requiere capacitación específica”.

Inteligencia climática: ¿cómo ayudan los satélites a mitigar el impacto del cambio climático?

Más allá de las emisiones: satélites al servicio del agua y la biodiversidad

La observación remota de la Tierra a través de satélites también está transformando la forma en que gestionamos los recursos hídricos, cultivamos nuestros alimentos o protegemos la biodiversidad. Gracias a la tecnología satelital, por ejemplo, es posible identificar las áreas críticas para el riego, optimizar el uso de fertilizantes y agua en agricultura de precisión o monitorizar cambios en los ecosistemas que afectan directamente al capital natural. Además, estas herramientas permiten tomar decisiones basadas en datos y anticipar riesgos climáticos, como sequías o lluvias torrenciales.

A medida que el ecosistema satelital ha ido evolucionando, ampliando la cobertura, la resolución y la frecuencia de observación, también ha alimentado una mayor transparencia en la toma de decisiones y en la validación de las acciones climáticas. Los gobiernos, las empresas y las comunidades cuentan con herramientas para verificar los impactos, identificar a los grandes emisores o planificar intervenciones de manera más precisa. En definitiva, los satélites permiten desde medir y reducir las emisiones hasta proteger el agua y prevenir desastres, conectando datos de alta resolución con decisiones efectivas a nivel público y empresarial.

Preguntas frecuentes sobre inteligencia climática y satélites

¿Qué es la inteligencia climática?

Es la combinación de tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial y los satélites de observación, para analizar y anticipar los efectos del cambio climático.

¿Cómo ayudan los satélites a frenar el cambio climático?

Permiten medir emisiones de gases de efecto invernadero, controlar fugas de metano y monitorizar ecosistemas para tomar decisiones más sostenibles.

¿Qué programas satelitales destacan en la observación del clima?

Copernicus (UE), OCO-2 y OCO-3 (NASA), GOSAT (JAXA), CarbonMapper y GHGSat son las principales misiones que proporcionan datos climáticos de alta precisión.

¿Cómo contribuyen los satélites a los informes ESG?

Ofrecen datos verificables sobre emisiones y uso de recursos, fortaleciendo la transparencia y trazabilidad en los reportes ambientales y de sostenibilidad.