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¿Qué es el desarrollo sostenible? Del concepto a los objetivos

El desarrollo sostenible es un concepto clave en la agenda internacional desde finales del siglo XX. Surgió como respuesta a los límites del crecimiento económico tradicional y a su impacto ambiental y social, y hoy sirve como marco de referencia para políticas públicas, estrategias empresariales y acuerdos multilaterales como la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

Fecha de publicación: 21/01/25

Última actualización: 23/12/2025. Este contenido se revisa periódicamente y se actualizan los datos. Algunos conceptos y definiciones pueden variar según el organismo o la normativa.

Autor: Communications

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La doctora Gro Harlem Brundtland no es demasiado conocida por el público general. Sin embargo, su apellido dio nombre al informe que utilizó por primera vez de forma sistemática el concepto de desarrollo sostenible. Ocurrió a finales de los años ochenta del siglo XX. Brundtland fue primera ministra de Noruega y presidió una comisión internacional creada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el encargo de replantear las políticas de desarrollo económico y su cada vez más compleja convivencia con el medioambiente.

¿Qué es el desarrollo sostenible?

El Informe Brundtland, firmado en Oslo el 20 de marzo de 1987 y titulado originalmente ‘Nuestro futuro común’, definía el desarrollo sostenible como:

“Aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias”.

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Según Antonio Gómez Sal, doctor en Biología y catedrático de Ecología en la Universidad de Alcalá, el informe proponía un cambio sustancial en la visión del desarrollo que se manejaba hasta entonces, basada principalmente en el crecimiento económico y en la explotación intensiva de los recursos propios de cada país o contexto.

Informe Brundtland y el desarrollo sostenible

La publicación del Informe Brundtland en 1987 marcó un hito en la conceptualización del desarrollo sostenible. Más allá de una definición ampliamente citada, el documento supuso un cambio de paradigma, al proponer un modelo de desarrollo que buscaba equilibrar crecimiento económico, equidad social y sostenibilidad ambiental.

Este enfoque sentó las bases de la agenda internacional posterior y abrió el camino a la incorporación progresiva del desarrollo sostenible en acuerdos multilaterales, políticas públicas y marcos regulatorios.

La evolución del desarrollo sostenible en el tiempo

El concepto de desarrollo sostenible ha ido evolucionando a lo largo de varias décadas en respuesta a los límites del modelo económico tradicional y a una mayor conciencia ambiental y social:

  • Años 70: primeras alertas sobre los límites del crecimiento económico y el agotamiento de recursos.
  • 1987: el Informe Brundtland define por primera vez el desarrollo sostenible.
  • Años 90: la Cumbre de Río integra el concepto en la agenda política internacional.
  • 2002: Johannesburgo impulsa su aplicación práctica y su dimensión social.
  • Desde 2015: la Agenda 2030 traduce el concepto en objetivos y metas globales.

Desarrollo sostenible: un concepto amplio y en debate

Precisamente por su alcance global, el término desarrollo sostenible ha adquirido con el tiempo una cierta ambigüedad. “Parece cambiar de forma y significado según el contexto y la persona que lo utilice, ya que detrás de su objetivo principal pueden ocultarse diversas visiones e intereses”, explica Jeniffer Paola Gracia-Rojas, profesora de la Universidad Cooperativa de Colombia, en su trabajo Desarrollo sostenible: origen, evolución y enfoques.

Esta diversidad de matices se refleja en la bibliografía académica, con enfoques que priorizan el crecimiento económico y otros que ponen el acento en la preservación de la biodiversidad y los límites biofísicos del planeta.

Según Antonio Gómez Sal, doctor en biología y catedrático de Ecología en el departamento de Ciencias de la Vida de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), el texto proponía un cambio en la visión del desarrollo que hasta entonces se manejaba, según la cual éste debería basarse en los recursos propios de cada país o contexto.

Informe Brundtland y el desarrollo sostenible

La publicación del Informe Brundtland en 1987 marcó un hito en la conceptualización del desarrollo sostenible. Este documento, liderado por Gro Harlem Brundtland bajo el auspicio de la ONU, introdujo una definición que ha perdurado en la agenda global: satisfacer las necesidades presentes sin comprometer las de las futuras generaciones. Más allá de una frase, el informe representó un cambio de paradigma, al proponer un modelo de desarrollo equilibrado entre crecimiento económico, equidad social y sostenibilidad ambiental.

Los objetivos de desarrollo sostenible

El Principio 3º de la Declaración de Río sobre el Medioambiente y el Desarrollo (1992) asumió la definición del Informe Brundtland. Por su parte, la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sostenible de Johannesburgo, 10 años después, reafirmó el término como eje clave de la agenda internacional. El 25 de septiembre de 2015, durante la 70º Asamblea General de la ONU en Nueva York, 193 jefes de Estado y de Gobierno firmaron la Agenda 2030, con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas económicas, sociales y medioambientales, que será la hoja de ruta del desarrollo esta década, además de una estrategia clave para luchar contra el calentamiento global.

No obstante, y quizá por tratarse de un objetivo tan extenso, que literalmente emplaza a todo un planeta, el término de desarrollo sostenible ha adquirido suficiente ambigüedad como para poder significar cosas distintas. "Parece cambiar de forma y significado según el contexto y la persona que lo utilice, ya que detrás de su objetivo principal pueden ocultarse diversas visiones e intereses", explica Jeniffer Paola Gracia-Rojas, profesora de la Universidad Cooperativa de Colombia, en su documento docente 'Desarrollo Sostenible: origen, evolución y enfoques'.

Esa variedad de matices y significados se refleja claramente en las bibliografías sobre sostenibilidad, con focos que pueden priorizar más el crecimiento económico o bien la preservación de la biodiversidad.

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Desarrollo humano, desarrollo sostenible

La definición de Celina Álvarez, fundadora de la consultoría Sostenible XXI, que a diario brega con el concepto en su aplicación empresarial, se asemeja a la de Carlos Ballesteros (profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales —ICADE— de la Universidad Pontificia Comillas y director de su cátedra de Impacto Social): ese modelo de desarrollo tiene en cuenta los resultados no solo económicos sino ambientales y sociales, y debe cumplir no solo esos criterios ambientales y sociales, también de gobernanza (los ESG por sus siglas en inglés).

Ballesteros, para quien el término está “muy gastado" por un uso tan frecuente y diverso (lo mismo aparece en publicidad que en sesudos informes científicos), se refiere a una economía en crecimiento que hace equilibrios para no perjudicar demasiado al medioambiente y a la vez tiene en cuenta a las personas, es decir, al desarrollo humano.

En ese accidentado camino de significados, Gracia-Rojas rastrea el origen del propio concepto de desarrollo, gestado a mitad del pasado siglo, y su relación con el medioambiente. Recuerda hitos como el Informe Meadow que, bajo el título 'Los límites del crecimiento', alertaba ya en 1972 de que el modelo de desarrollo imperante "llevaba inevitablemente a un colapso que debería producirse antes de un siglo, provocado principalmente por el agotamiento de los recursos naturales". O la Segunda Estrategia Mundial para la Conservación, 'Cuidar la Tierra' de 1991, de la que surgió una nueva definición: "La mejora en la calidad de vida humana sin rebasar la capacidad de carga de los ecosistemas que la sustentan, estableciendo nueve principios que permiten crear una sociedad sostenible”.

Economía y desarrollo sostenible

El concepto de desarrollo sostenible surgió "dentro de un esquema de neoliberalismo económico", recuerda Gómez Sal, que también fue impulsor y presidente del comité científico del Observatorio de la Sostenibilidad en España, en funcionamiento entre 2004 y 2012.

Esto es en un contexto en el que los países desarrollados habían tomado conciencia de que un crecimiento no controlado afectaría a "las bases físicas que sustentaban los recursos que necesitaban", añade. De ahí que Brundtland escribiese en el prólogo de su informe: "Lo que ahora necesitamos es una nueva era de crecimiento económico, vigoroso y, al mismo tiempo, social y ambientalmente sostenible".

Según Gómez Sal, la posibilidad de abrir paso a un potente crecimiento económico dio lugar a que posteriormente se diferenciase entre desarrollo sostenible débil, que pone ciertos límites (aunque "a veces se trata de un mero maquillaje ambiental") pero en el que la economía convencional sigue mandando, y una línea más exigente, el desarrollo sostenible fuerte o incluso súper-fuerte, centrado en mantener la base física y natural que sustenta los recursos.

"Diría que más del 90% del uso del término se refiere a una sostenibilidad débil, solo económica, muy de cuadrar cuentas, poco exigente en cuanto a la asignación de valor a los cada vez más escasos activos naturales que van quedando", matiza el experto.

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Entender de verdad la sostenibilidad

Para avanzar hacia la sostenibilidad fuerte, que también se puede llamar ecosocial, primero habría que ponerse de acuerdo sobre qué conservar. "No me refiero a una visión idealizada de la naturaleza, las especies o los espacios protegidos, sino de la naturaleza en convivencia con el ser humano", aclara Gómez Sal. Lo cual incluye “atender al buen funcionamiento, a distintas escalas, de una serie de procesos ecológicos básicos relacionados con el agua, el suelo, el sistema climático o la biodiversidad, entre otros”.

El catedrático no comparte, por considerarlo "un tópico de escasa utilidad", el paradigma de los tres pilares equilibrados (económico, social y ecológico) que propone el Informe Brundtland, e introduce la variable del sistema de producción, de gestión, de gobernanza (el "cómo hacer las cosas"), que no figuraba en dicho informe.

En definitiva, Gómez Sal coincide con la visión de desarrollo sostenible como un engranaje en el que este sistema de producción ocuparía una posición intermedia entre la economía y la base natural y social de la que dependen los recursos, con sus diferentes matices culturales y reconociendo la importancia de la dimensión ética. "Ahí ha de estar la política, para embridar la economía", dice señalando el papel clave que podrían jugar la estrategia social y ambiental de corporaciones, bancos e industrias.

El papel de las empresas y las políticas públicas

La aplicación práctica del desarrollo sostenible ha avanzado de forma desigual, pero la regulación y los marcos normativos han actuado como impulsores del cambio, especialmente en regiones como la Unión Europea.

Como señala Celina Álvarez, las normativas guían la transformación y favorecen que empresas de todos los tamaños incorporan progresivamente criterios sociales y ambientales en su actividad. En este contexto, los ODS han contribuido a establecer una agenda común que orienta decisiones públicas y privadas, pese a las críticas sobre su carácter amplio.

El papel de las empresas y las políticas públicas

La aplicación práctica del desarrollo sostenible ha avanzado de forma desigual, pero la regulación y los marcos normativos han actuado como impulsores del cambio, especialmente en regiones como la Unión Europea.

Como señala Celina Álvarez, las normativas guían la transformación y favorecen que empresas de todos los tamaños incorporan progresivamente criterios sociales y ambientales en su actividad. En este contexto, los ODS han contribuido a establecer una agenda común que orienta decisiones públicas y privadas, pese a las críticas sobre su carácter amplio.

Desarrollo sostenible y la estrategia de BBVA

En el ámbito financiero, el desarrollo sostenible se utiliza como un marco de referencia para integrar consideraciones ambientales, sociales y de gobernanza en la toma de decisiones. Esto incluye, por ejemplo, el análisis de riesgos y oportunidades asociados al cambio climático, la evaluación del impacto social de las inversiones o la alineación de la financiación con objetivos globales como los ODS.

BBVA ha situado la sostenibilidad como una prioridad estratégica integrada en su actividad. El banco articula su enfoque en torno a tres grandes ejes —clima, capital natural y ámbito social— y utiliza el desarrollo sostenible como marco para acompañar a empresas y particulares en sus procesos de transición hacia modelos más sostenibles, en línea con estándares internacionales y la Agenda 2030.

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Aviso de transparencia

Este contenido tiene fines divulgativos y se basa en fuentes oficiales y académicas, como documentos de Naciones Unidas y literatura especializada. Algunas interpretaciones del concepto de desarrollo sostenible pueden variar según el enfoque teórico o la normativa vigente.

Preguntas frecuentes sobre el desarrollo sostenible

¿Qué es el desarrollo sostenible?

Es un modelo de desarrollo que busca satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas, integrando economía, sociedad y entorno.

¿Cuál es la definición del Informe Brundtland?

El Informe Brundtland (1987) popularizó la definición de desarrollo sostenible como aquel que satisface las necesidades actuales sin comprometer las futuras.

¿Qué hitos consolidaron el concepto después de 1987?

Entre los principales están la Declaración de Río (1992) y la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de Johannesburgo (2002), que reforzaron su integración en la agenda internacional.

¿Qué diferencia hay entre sostenibilidad “débil” y “fuerte”?

La sostenibilidad “débil” prioriza el crecimiento económico con límites ambientales mínimos, mientras que la “fuerte” pone el foco en conservar la base natural y social que sostiene la actividad humana.

¿Qué papel tienen empresas y regulación en el desarrollo sostenible?

La regulación fija estándares y transparencia, y las empresas pueden acelerar la transición mediante inversión, innovación, medición del impacto y gestión responsable de riesgos.