Soluciones basadas en la naturaleza para reducir el consumo de agua
Las Soluciones Basadas en la Naturaleza (NBS, por sus siglas en inglés) son intervenciones que buscan resolver los desafíos ambientales y sociales a través de la protección y la restauración de los ecosistemas. En concreto y en relación con el agua, proteger las barreras de protección natural de las costas o evitar posibles inundaciones.
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El río Bogotá, en cuya cuenca se extiende la capital de Colombia, es también uno de los ríos más contaminados del país. A lo largo de sus 380 kilómetros recibe los residuos y las aguas sin tratar generados por las industrias y las viviendas de más de 9 millones de personas. Para intentar recuperar uno de los recursos hídricos más importantes de la región de Cundinamarca, las autoridades han puesto en marcha un plan de restauración de la cuenca. Este gira alrededor de las soluciones basadas en la naturaleza.
Existen intervenciones como la construcción de humedales artificiales y biofiltros. También la recuperación de la vegetación de ribera a partir de especies nativas o el control de plantas y animales invasores. Con todas ellas se persigue restaurar el entorno del río, frenar la contaminación y mejorar la calidad de sus aguas. Pero ¿pueden realmente las soluciones basadas en la naturaleza reducir el consumo de agua y ayudarnos a afrontar el gran reto de la escasez hídrica?
¿Qué hay detrás de las soluciones basadas en la naturaleza?
Las soluciones basadas en la naturaleza son acciones que abordan, a través de la protección, la gestión y la restauración de los ecosistemas, los desafíos sociales de manera eficaz y adaptativa, proporcionando bienestar humano y beneficios para la biodiversidad. Bajo esta definición de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se engloban así multitud de acciones que buscan dar solución a todo tipo de problemas relacionados con la gestión territorial y urbana, como la adaptación al cambio climático, la gestión de los recursos y del agua, la seguridad alimentaria o la calidad del aire y el entorno.
Cuando la UICN y el Banco Mundial presentaron el concepto a principios del siglo XXI, las soluciones basadas en la naturaleza o SBN supusieron un cambio importante de perspectiva en nuestra relación con la naturaleza. Los ecosistemas dejaron de ser un mero proveedor de servicios y recursos para convertirse en un aliado en la búsqueda de soluciones para los problemas ambientales y sociales. Hoy, de acuerdo con la ONU, las SBN se han transformado en una herramienta clave para mitigar y adaptarse al cambio climático (con acciones que van desde el almacenamiento de carbono hasta la protección costera), frenar la pérdida de biodiversidad o reducir el impacto de la agricultura en el suelo y las fuentes de agua, entre muchos otros desafíos.
Cómo abordar la escasez hídrica desde las soluciones basadas en la naturaleza
América Latina y el Caribe cuentan con más de un tercio de los recursos de agua dulce del planeta. Sin embargo, a pesar de tener un acceso privilegiado a este recurso vital, la región presenta altos niveles de estrés hídrico en las ciudades y en algunas zonas productivas. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU (CEPAL), buena parte de la población latinoamericana tiene un acceso limitado al agua potable, 166 millones de personas no cuentan con un servicio de agua gestionado de forma segura y menos del 50 % de las aguas residuales son tratadas de forma adecuada.
Y es que la escasez hídrica, entendida como la situación en la que la demanda de agua supera de forma persistente su disponibilidad, es tanto un problema de acceso a este recurso como de gestión y consumo del mismo. “Desde el punto de vista del agua, América Latina es una región privilegiada que afronta grandes retos”, señala Alejandro Calvache, líder de la estrategia de Cuencas Resilientes para América Latina en la organización The Nature Conservancy. “Los más importantes son el crecimiento de la población, es decir, de la demanda de agua y la transformación del suelo y los impactos de la urbanización y la agricultura en las fuentes hídricas”.
A todo esto hay que añadirle, resalta Calvache, el cambio climático y su influencia en la frecuencia y en la intensidad de las precipitaciones, causando tanto periodos de sequía más prolongados y extremos como lluvias más torrenciales. Ante los desafíos hídricos, las soluciones basadas en la naturaleza juegan un papel clave, ya que se dirigen a proteger y restaurar los ecosistemas que son a su vez el lugar donde se origina, se almacena y se cuida el agua que después consumimos.
“Los servicios hídricos que nos brinda la naturaleza son múltiples: estabilidad del suelo, reducción de contaminantes y sedimentos, almacenamiento, regulación… Ecosistemas como los páramos de los Andes, los humedales de altura o las turberas juegan un rol absolutamente fundamental en la calidad y en la disponibilidad del agua”, subraya el experto de The Nature Conservancy. “Por eso soluciones basadas en la naturaleza dirigidas a frenar la deforestación, a mejorar la gestión agrícola y ganadera o a proteger los ecosistemas clave nos van a ayudar a estar mucho mejor preparados ante el cambio climático y los retos ambientales hídricos”.
Reducir el consumo de agua a través de las soluciones basadas en la naturaleza
No hay una solución única para la escasez hídrica. Los retos ambientales del agua deben afrontarse desde la mejora de la disponibilidad y la calidad del recurso, desde su gestión y las infraestructuras de acceso, desde la demanda y también desde la financiación. En todos estos frentes, la contribución de las soluciones basadas en la naturaleza puede ser importante.
- Protección y restauración de cuencas. Recuperar y cuidar los bosques, las riberas de los ríos, las zonas de páramo o las cuencas hidrográficas en general contribuye a aumentar la infiltración de agua en los acuíferos, a reducir el arrastre de sedimentos o a mantener caudales más estables durante las sequías. Este enfoque reduce la necesidad de bombear o extraer agua de forma intensiva.
- Humedales naturales y restaurados. Los humedales pueden actuar como filtros naturales del agua, reduciendo la erosión, reteniendo sedimentos y eliminando los contaminantes y el exceso de nutrientes. Al proteger o restaurar los humedales se reduce la necesidad de tratamiento químico o mecánico para la depuración de agua para consumo.
- Infraestructura verde urbana. En las ciudades, actuaciones como los techos verdes o las superficies permeables permiten mejorar la captación de lluvia, reducir la escorrentía y mejorar la infiltración hacia los acuíferos locales, al tiempo que refuerzan la protección de las urbes frente a inundaciones.
- Infraestructuras ancestrales y soluciones técnicas. Recuperar prácticas de gestión del agua como las amunas (un sistema de canalización precolombino que inyecta agua a los suelos y que se está impulsando en Perú) o apostar por infraestructuras de recarga de acuíferos potenciando el proceso natural de infiltración puede contribuir a recuperar almacenes de agua sobreexplotados.
- Agricultura regenerativa. La agricultura y la ganadería suponen entre el 70 y el 80 % del consumo de agua a nivel mundial. Por eso, enfoques como el de la agricultura regenerativa (que apuesta, entre otras cosas, por reducir la labranza de la tierra y mantener las cubiertas vegetales para minimizar la pérdida de humedad del suelo) pueden tener un gran impacto en la demanda de agua.
- Mecanismos financieros. Aunque no son estrictamente una solución basada en la naturaleza, mecanismos como los fondos de agua y los pagos por servicios ecosistémicos pueden canalizar los recursos económicos hacia la conservación de las cuencas, la reforestación o la restauración de ecosistemas clave, lo que disminuye la presión sobre las fuentes hídricas.
“Debemos dejar de entender el cuidado de las cuencas como algo temporal, algo que solo despierta nuestro interés en periodos de crisis. La gestión del agua requiere una inversión a largo plazo y un esfuerzo por asegurar que el recurso estará disponible en el futuro”, concluye Alejandro Calvache. Y añade: “Pensemos en nuestra factura del agua: pagamos por lo que consumimos, por el tratamiento y por el transporte, pero apenas se destinan recursos a proteger la cuenca y a implementar soluciones basadas en la naturaleza a gran escala. Si logramos cambiar esto, podremos asegurar recursos hídricos permanentes y a largo plazo”.