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La contaminación del agua: descubre las causas y consecuencias

La contaminación del agua: descubre las causas y consecuencias

La contaminación del agua potable provoca más de medio millón de muertes al año. Hoy en día los contaminantes emergentes causan estragos. La concienciación ciudadana y el desarrollo tecnológico son parte de la solución para la sostenibilidad.

La preocupación por el problema de la contaminación de las aguas es tan antigua como la especie humana. En Asia hay restos de hace más de 7.000 años que indican la existencia de sencillos sistemas de distribución para separar las aguas limpias de las fecales y residuales. También se han encontrado evidencias de sistemas de depuración con una antigüedad de varios milenios.

Pero fue durante el Imperio Romano cuando se desarrollaron las grandes infraestructuras hidráulicas, no solo para la distribución de agua potable, sino también de saneamiento, encaminadas a la protección de las aguas limpias frente a la contaminación biológica por aguas residuales urbanas y domésticas.

Entonces no se tenía conciencia aún de la importancia de la contaminación química a través de metales pesados o de la acidificación generados por la minería. Eso ocurrió durante la Revolución Industrial. Pero fue en el siglo XX cuando el ser humano empezó a preocuparse seriamente por la contaminación agropecuaria al identificarse muchos acuíferos degradados por la presencia de nitratos o salinizados por sobreexplotación.

Contaminantes emergentes

Hoy nuestra gran preocupación también son los contaminantes emergentes, entre los que se encuentran los productos farmacéuticos y de cuidado personal (medicamentos, cosméticos, fragancias, protectores solares, detergentes y productos de higiene personal, suplementos nutricionales, etc.). La utilización intensiva de estos productos es lo que ha hecho que estén tan presentes en el medioambiente.

Los productos farmacéuticos son compuestos especialmente diseñados para tener efectos sobre microbios, procesos hormonales o tejidos vivos. Por eso tienen un efecto toxicológico muy significativo en los organismos. Las depuradoras de aguas residuales no son capaces de retirar estos productos del agua de manera eficiente. Por eso permanecen en las aguas de vertido o en los lodos de la depuradora. Al no ser eliminados, estos productos biológicamente muy activos pasan a las aguas superficiales y subterráneas y a los suelos y entran en contacto con los organismos.

La contaminación del agua: descubre las causas y consecuencias

Muchos de los ríos que imaginamos como lugares idílicos donde la naturaleza permanece en estado virgen están contaminados. Pensemos, por ejemplo, en el Nilo, en el Río Bravo, en el Ganges… Todos lo están. Pero no hay que irse tan lejos. El Danubio, que recorre Europa central, está plagado de fluidos de las fábricas serbias que fueron bombardeadas durante el conflicto balcánico. También de vertidos de químicos, pesticidas y aguas residuales. Es el segundo río más contaminado del mundo, solo superado por el Salween, en el sudeste asiático.

Javier Lillo Ramos es uno de los grandes expertos españoles en este tema. Es profesor de Geodinámica e investigador en Geología y cambio global en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, además de investigador vinculado Instituto IMDEA Agua y responsable en su universidad del Programa Interuniversitario de Doctorado en Hidrología y Gestión de los Recursos Hídricos (UAH-URJC). Es una especie de sabio del agua que explica que, tradicionalmente, se considera que existe contaminación cuando en el compartimento ambiental que se esté considerando (agua, atmósferas, suelos, etc.) aparece un componente cuya abundancia supone un riesgo para la salud humana o para el desarrollo y existencia de organismos.

“Sin embargo, en las últimas décadas ese concepto ha sido ampliado, emitiéndose que existe contaminación cuando, además de lo indicado, se puede producir una pérdida funcional de los recursos por degradación en sus características y procesos, derivada de la introducción y presencia en cantidades excesivas de un componente de naturaleza química, biológica o física. En el caso de las aguas, toda contaminación supondrá, indefectiblemente, la degradación y pérdida de calidad, que será mayor o menor, dependiendo del uso al que se destine el agua”, explica.

Los contaminantes de mayor incidencia en las aguas son biológicos y químicos, y dentro de estos últimos, inorgánicos y orgánicos. Esto va ligado inexorablemente a actividades urbanas y domésticas a través de residuos sólidos (como, por ejemplo, en vertederos no controlados), por aguas residuales no tratadas (ausencia de redes de saneamiento y plantas depuradoras, fosas sépticas, etc.) y actividades industriales. Estos serían los principales tipos de contaminación:

  • Por residuos sólidos (depósitos y vertederos no controlados).
  • Por aguas industriales y residuales no tratadas (ausencia de plantas depuradoras).
  • Por deposición de aerosoles y particulado atmosférico.
  • Por actividades agropecuarias (agricultura, ganadería).
  • Por residuos sólidos (excrementos, estiércol, residuos agrícolas, etc.).
  • Por aplicación de fertilizantes, pesticidas y fitosanitarios al suelo.
  • Por aguas residuales sin tratar (aguas residuales agrícolas, etc.).
  • Por régimen inadecuado de explotación de pozos (sobreexplotación, etc.).
  • Por actividades relacionadas con la propia gestión de los recursos hídricos (depuración, desalación, recarga, etc.).

“La contaminación geogénica es objeto de gran preocupación en muchas áreas del mundo donde hay una gran dependencia de las aguas subterráneas para la dotación de la demanda de agua. Así, se encuentran extensas áreas con aguas subterráneas afectadas por contaminación de arsénico (Argentina, México, Bangladesh, China, etc.) y de flúor (terrenos e islas volcánicas)”, asegura Lillo.

La contaminación del agua: descubre las causas y consecuencias

Aguas residuales y enfermedades

Las aguas residuales son una fuente continua de enfermedades, unas de efectos más rápidos y graves, como el cólera o el tifus, y otras menos evidentes que actúan a más largo plazo produciendo un debilitamiento de la población. Por ello, tanto por motivos de salud pública como de protección del medio ambiente, la calidad del agua debería ser el objetivo fundamental de su gestión. Sin embargo, España está aún lejos de conseguirlo.

Según datos de Greenpeace, si echamos la vista al 2018 vemos que los impactos por vertidos de aguas residuales urbanas fueron generalizados en toda la costa española. Ese año hubo más de 90 grandes impactos por vertidos de aguas residuales urbanas distribuidos por las 23 provincias costeras y alrededor de 80 municipios afectados (aproximadamente un 20 % de los municipios costeros).

España se sitúa por encima de la media en la contaminación química que vierte al Mediterráneo, según reveló  la expedición OceanoScientific Contaminantes del Mediterráneo 2020, que estudia la naturaleza y densidad de los compuestos químicos y orgánicos que “afectan y envenenan” el medio marino.

Las consecuencias que provocan las aguas contaminadas deberían ser una prioridad para los gobiernos: la desaparición de la biodiversidad y los ecosistemas acuáticos, la alteración de la cadena alimentaria, la aparición de enfermedades por beber o utilizar agua contaminada y la mortalidad infantil, entre otras.

Pero lo importante es centrarnos en cómo solucionar este problema. Aquí, Javier Lillo alerta: “Es imprescindible que se aborde desde todos los niveles y escalas. No solo es fundamental que se implementen herramientas normativas que impidan o reduzcan la contaminación. En la situación actual (al menos en la mayoría de los países del primer mundo) donde ya existe tal normativa, se requiere un desarrollo tecnológico que permita, por un lado, la baja emisión de contaminantes que puedan llegar a las aguas y, por otro lado, que permita la eliminación de los contaminantes presentes en las aguas residuales (este, por ejemplo, es el principal reto de cara a los contaminantes de preocupación emergente).  Y finalmente, es imprescindible un cambio de paradigma y la generación de una cultura del agua”. Según la OMS, se calcula que la contaminación del agua potable provoca más de 502. 000 muertes por diarrea al año. Ya es hora de atajar el problema.

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