Que hablar es más fácil que escribir lo saben hasta los niños de cuatro años, que a tan relajada edad ya conversan con incontinencia, pero solo empuñan el bolígrafo cual lanza vikinga, sin desenvoltura, y apenas consiguen trazar garabatos de caligrafía ortopédica.

Ya creciditos, si prestamos atención a las conversaciones entre adultos, advertiremos la infinidad de frases que quedan a medias, de muletillas mil veces repetidas, de faltas de concordancia… No es que al hablar todo valga y no apreciemos un discurso bien hilvanado, pero solemos mostrar manga ancha.

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En una conversación escrita —por ejemplo, entre personajes de una novela—, es necesario reflejar una pequeña parte de estos rasgos de oralidad con el fin de que los diálogos resulten creíbles; pero la mayoría de estas reiteraciones y solecismos quedarán podados, pues una transcripción cien por cien fiel de la charla sería más aburrida que un seminario de ostras.

Ya entrando en harina, cuando en el súper del barrio compras cuatro yogures de coco, el cajero, más allá de mirarte con extrañeza por escoger dicho sabor, se limita a decir sin dificultad lo que le debes: «Un euro».

¿Qué le sucede, en cambio, al encargado de poner los precios en los productos?, ¿debe escribir 1 €, con espacio, o 1€, sin espacio?, ¿quizá € 1, con el símbolo antepuesto?, ¿y por qué no 1 EUR? ¿Será mejor cambiar de trabajo por otro menos estresante, como bróker de operaciones intradía?

Bien, vayamos por partes: al encargado de poner el precio, que en puridad nunca ha padecido insomnio crónico por estas consideraciones lingüísticas, podríamos contarle que en España el símbolo se escribe después de la cifra y con espacio intermedio: 1 €.

En Argentina, por aquello de que en la variedad está el gusto, cambian los yogures por alfajores, sustituyen euros por pesos y terminan escribiendo $1, con el símbolo antepuesto y sin espacio intermedio, lo habitual en toda América.

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Junto a estos símbolos, todos estamos familiarizados con ciertos códigos trilíteros de la organización internacional ISO: EUR o USD. De nuevo, lo normal en España es posponerlo a la cifra, mientras que en América se admite que vaya antepuesto, en cualquier caso con espacio intermedio: 1 EUR o USD 1.

Entonces, si así está ya todo claro, ¿qué necesidad habrá de yuxtaponer símbolos y códigos trilíteros? Pues ninguna: decídase entre USD 1 y $ 1, y listo, que las mezclas USD $1 y US $1 son excesos desaconsejables.

Cuando la cifra es baja, los problemas acaban ahí; pero, si en lugar de yogures y alfajores compramos coches y viviendas, los precios aumentan tanto como las complicaciones: aunque en países como México es muy común escribir «Reafilian a 125 mil al Seguro Popular» o «Costó a migrantes 6 mil 500 dólares morir en el tráiler», la Ortografía de la lengua española no se pirra por estas combinaciones de cifras y palabras.

La casuística es amplia, pero estas son las dudas más habituales y, a buen seguro, solo los etiquetadores ultrafrikis de los supermercados querrán ahondar todavía más en las profundidades lingüísticas sobre la escritura adecuada de las cantidades monetarias. No se ahoguen.

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