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Tecnología 05 ago 2014

El biohacking se convierte en otra fórmula DIY

“La idea es que si se comparte la ciencia y se les permite participar a diversos grupos esto podría estimular la innovación. Poner la tecnología en las manos de los usuarios finales es en general una buena idea, porque ellos tienen la mejor idea de lo que son sus necesidades”, afirmó Ellen Jorgensen en la conferencia de TEDGlobal 2012 ‘Biohackers: tú también puedes hacerlo’.

Tras obtener el graduado en biología, Mac Cowell entró a trabajar en iGEM seducido por las posibilidades de la bioingeniería, pero un año después -cumplidos los 24 años- había dejado de divertirse con su empleo, de modo que decidió vender su coche y fundar DIYbio, una organización dedicada a promover una biología accesible para todos, fundada sobre el conocimiento abierto y las soluciones tecnológicas de bajo coste.

Sus miembros se adscriben al movimiento ‘biohacker’, término inspirado no por el aspecto de hacking más relacionado con las intrusiones, sino en la ética ‘hacker: la posibilidad de aprovechar el potencial de la tecnología ya existente para superar nuevos retos. Y donde unos llevan años haciéndolo con código de programación y chips, los otros empezaron con el siglo a aplicarlo en ADN y tejidos orgánicos. Aunque elementos como los ‘hacklabs’ y la cultura de emprender en los garajes es también compartida…

Alarmismo y seguridad en el biohacking

El uso del término ‘hacking no se ha librado del habitual mal uso, y el Diccionario Oxford recoge como definición de ‘biohacking’ “la actividad de explotación experimental del material genético sin tener en cuenta las normas éticas aceptadas, o con fines delictivos”. El ‘biohacking’ es, sin embargo, una actividad que se caracteriza por su práctica al margen del ámbito académico, que se acoge al código abierto, y que integra en su seno a personas aficionadas a la biología aunque carezcan de una formación reglada específica.

 

tecnología bbva

De hecho, en 2011, las redes de laboratorios DIYbio en Europa y Estados Unidos, impulsaron el establecimiento de un código ético que regulara sus actividades, respetando todos los sistemas biológicos y siguiendo reglas de seguridad en laboratorio. Sólo un año después, el propio FBI organizó una conferencia de 3 días sobre Seguridad y DIYbio junto a miembros de los principales laboratorios de ‘biohacking’. En The Scientist, Dustin Holloway, de la división de Ética Médica de la Escuela de Medicina de Harvard, valoraba así la necesidad de regular la ciencia amateur:  “No hay pruebas de que DIYbio represente una amenaza a la seguridad nacional -por el contrario, el movimiento se basa en los principios de innovación, el emprendimiento, democratización de la ciencia y educación“.

Lo ‘underground’: transhumanismo

Por supuesto, como toda cultura al margen de lo institucional, no carece de sus propias manifestaciones ‘underground’: hay ‘biohackers’ que promueven la modificación corporal extrema para aumentar el potencial del cuerpo humano… pero incluso estas manifestaciones de la cultura ‘biohacker’ están aportando innovaciones útiles: Tim Cannon se implantó sin ayuda de médicos ni anestesia un dispositivo subcutáneo (Circadia) que ahora transmite la información biométrica de su dueño a cualquier dispositivo con Android, y cuyo código fuente está colgado en Internet.

Por otro lado, el ‘biohacking’ ha impulsado avances en un tipo de dispositivo que constituye, además, una de sus principales herramientas de trabajo: el PCR (siglas en inglés de “Reacción en cadena de la polimerasa”), tecnología por la que Kary Mullis ganó en 1993 el Premio Nobel de Química, y que permite crear millones de copias de una misma secuencia particular de ADN, lo cual tiene múltiples aplicaciones en el campo de la ingeniería genética (clonación), de la ciencia forense (identificación de personas) y la paleontología (clasificación de seres vivos).

Y si bien el progresivo abaratamiento de esta máquina fue un factor fundamental en la aparición del ‘biohacking’, el salto definitivo al gran público se ha producido gracias a OpenPCR, un proyecto surgido en el seno de DIYbio. Éste es un kit con especificaciones abiertas, basado en Arduino y que se vende (por un accesible precio de 600 dólares) listo para montar. Cualquier aficionado al ‘Do It Yourself ‘podrá secuenciar e identificar ADN gracias a este aparato (basado, además, en el chip Arduino).

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