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Créditos Act. 10 may 2018

¿Crédito o efectivo?, cuando el mercado tiene la última palabra

Rubén Darío Escobar (Colaborador externo)

Por muchos años, un cuadro fue la mejor escuela de educación financiera, no solo en Colombia sino también en muchos países de Iberoamérica. Era la imagen de dos hombres, uno feliz, con un puro en la mano y elegantemente vestido al lado de un armario repleto de billetes. La otra imagen mostraba a un tipo flaco, con sus ropas deshilachadas y en un armario lleno de ratas y recibos. Sobre ambas imágenes, había sendas leyendas: en la del hombre rico, Yo vendí a contado y sobre la del pobre, Yo vendí a crédito.

En Colombia, el comercio ha sido uno de los sectores de mayor dinamismo en toda la historia económica del país. Desde las épocas en que industrias como la textil, editorial, alimentos procesados y otras de gran crecimiento y auge tenían sus centros de producción y distribución en Medellín, Bogotá, Barranquilla o Cali, diferentes almacenes de cadena ya marcaban la pauta en su desarrollo.

Del efectivo al plástico

Eran otros tiempos, los medios de pago eran muy limitados. Prácticamente solo el cheque y el efectivo, medio de pago tan antiguo como la banca misma, eran los únicos que se usaban. Los obreros, empleados y todas las personas que recibían remuneraciones salariales lo hacían en efectivo y en muchos casos, la única relación con los bancos era a través de cuentas de ahorro que las personas abrían y en las que depositaban parte de sus salarios e ingresos por medio de libretas.

¿Conoces las tarjetas de crédito de BBVA?

En este caso, también merece hacer mención del cheque, medio de pago consistente en un título valor expedido por un banco por un monto determinado y a nombre de un beneficiario ya sea persona natural o jurídica. Según el diario La República, mientras a finales de 2009 en Colombia se utilizaron 55,64 millones de cheques, por un monto superior a los 553 billones de pesos. A finales de 2016, esta cifra llegó a escasos 31 millones de títulos girados por una cifra menor al 50% de la reportada en 2009 y según el mismo diario, citando un informe del Banco de la República, el 84% de los cheques fueron utilizados por empresas.

Con los años, el manejo de efectivo mutó al pago con tarjeta débito, este plástico de origen francés surgió en la década del 90 y cuya llegada a Colombia se dió de la mano de la Corporación de Ahorro y Vivienda Conavi. Hoy es un medio de pago  extendido a todos los establecimientos financieros del país.

Con la optimización de los procesos de bancarización, creció el pago de las nóminas a través de este medio, lo que permitía a los empleados recibir sus mesadas a través de cuentas en los bancos y a través de las tarjetas débito podían hacer sus pagos en los cada vez más crecientes comercios que tenían datáfonos y las recibían.

Y así entonces, el efectivo tuvo en los mostradores de las tiendas, otro compañero, el plástico como nuevo medio de pago: las tarjetas débito se convirtieron en el equivalente al efectivo y las tarjetas de crédito, un tipo de crédito a la mano que  permite comprar a cuotas, de una hasta 36 meses, a tasas de intereses reguladas por el Gobierno.

El comportamiento positivo en materia de pagos en los últimos años no solo se ha dado en el mundo físico con las tarjetas y los datáfonos, sino también en el mundo virtual. El número de transacciones digitales que se hicieron en el primer semestre de 2017 creció 35,4% con respecto al primer semestre de 2016, llegando así a casi 41 millones de transacciones. El valor de estas transacciones, que alcanzó 24,5 billones de pesos (lo que configura un incremento del 26,1%), representan cerca del 4,8% del PIB. (Asobancaria, edición 1122)

Al respecto, Santiago Castro, presidente de Asobancaria, afirma que “Al cierre de 2017 Colombia presenta una relación de efectivo del 12,2%, que está todavía lejos de la meta fijada por el Gobierno Nacional como objetivo para el 2018, reducir el uso de efectivo en la economía colombiana a 8,5%”. (Semana Económica 2018. Edición 1134)

Al cierre de 2017 Colombia presenta una relación de efectivo del 12,2%, que está todavía lejos de la meta fijada por el Gobierno Nacional como objetivo para el 2018, reducir el uso de efectivo en la economía colombiana a 8,5%”

Contado con tarjeta

En cuanto a la tarjeta de crédito, esta es otra historia. Nacida en Nueva York en la década del 50, llega a Colombia a finales de los 60 gracias a los convenios entre la banca local y la internacional. Se trata de plásticos emitidos por entidades financieras, cooperativas de crédito y compañías de financiamiento comercial que otorgan un cupo de dinero específico a los usuarios que pueden hacer uso de él a través de los comercios que reciban este tipo de pago y cuyo plazo puede fluctuar entre uno y 36 meses o hasta más.

Cuando se compra de contado a través de la tarjeta débito, el dinero de la compra sale de manera inmediata de la cuenta y pasa a la cuenta del almacén donde se ha hecho. No se pueden diferir pagos ni hay formas de establecer un monto a crédito.  Este medio de pago y de acuerdo a la entidad financiera que lo expide, se rige por dos reglas básicas, un costo por manejo mensual y están sujetas a las tasas de interés del mercado.

En Colombia, las tarjetas de crédito han tenido un crecimiento importante en los últimos años, según Asobancaria, a 31 de enero del presente año existían en el mercado 14 millones 300 mil plásticos vigentes que generaron en el primer mes del año 2.795.000 transacciones de personas naturales por más de 1.300 millones de pesos.

Cuando compramos con la tarjeta de crédito, primero, se debe presentar la tarjeta de manera física en el establecimiento comercial que recibe este medio de pago y se certifica la identidad del titular con la cédula o pasaporte. Segundo, se verifica el valor de la compra y se fija el plazo de la compra a los meses que el cliente estime, y tercero, el banco emisor de la tarjeta le factura la compra que le llega en el extracto al cliente de acuerdo con su fecha de corte.

En Colombia, BBVA ofrece un portafolio de tarjetas de crédito dirigido a diferentes tipos de usuarios y que permiten viajar y adquirir productos y servicios. Las hay desde tipo Oro, Platinum, Black y Clásicas, pasando por tarjetas dirigidas a mujeres y hasta a niños y jóvenes.

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