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Análisis económico Act. 11 jul 2016

La economía global atraviesa por un momento complicado: BBVA Bancomer

La economía mexicana alcanzará un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2.2% en el 2016 y se estima que podría llegar a 2.6% en el 2017, con una inflación entorno al 3% anual, en medio de un ambiente global que impone fragilidad a los países desarrollados y un comportamiento menos favorable para las economías emergentes.

La previsión de crecimiento para este año es menor a la del trimestre anterior principalmente como consecuencia de la debilidad de la actividad manufacturera en los Estados Unidos (EE.UU) y la acumulación de recortes al gasto público. De manera similar a lo ocurrido el año pasado se espera que el consumo doméstico sea el principal factor de apoyo para el crecimiento, si bien en menor grado.

Esto dado que factores favorables como el incremento de las remesas y del salario real no estarán presentes en igual magnitud durante el 2016 y por último, la caída en los precios del petróleo - además de los retos que implica para las finanzas públicas- ha incrementado las vulnerabilidades sobre las cuentas externas y será un tema a seguir en México con detenimiento en los próximos trimestres.

La favorable evolución de los precios sigue apoyada por los efectos de la holgura de la economía, los menores precios de los servicios de telecomunicaciones y la leve disminución de algunos precios energéticos que han más que compensando el traspaso del tipo de cambio a las mercancías. Esto ha sido posible gracias al anclaje de las expectativas de inflación. La inflación no exhibe un deterioro: el rebote a inicios del año responde a un choque de oferta en productos agropecuarios y a un efecto de base de comparación

Revisión a la baja del crecimiento global

En el entorno global hemos revisado a la baja los pronósticos de crecimiento mundial; los índices adelantados de confianza empresarial y el repunte de las tensiones financieras señalan un inicio de 2016 con un crecimiento más moderado que el previsto hace un trimestre, a tal grado que ahora prevemos que el PIB mundial crecerá apenas un 3.2% en 2016, cifra muy similar a la registrada en 2015 y por debajo del 3.5% que se preveía anteriormente.

Este menor ritmo de crecimiento, el menor desde 2009, responde principalmente a dos factores: primero, la frágil recuperación de las economías desarrolladas, cuyo dinamismo se ha visto influido por el impacto de la desaceleración del comercio mundial y por el efecto de la inestabilidad financiera sobre la producción industrial, las decisiones de inversión y el gasto en consumo; segundo, el deterioro de la demanda en el bloque de economías emergentes.

La transición hacia un modelo de crecimiento basado en la demanda interna por parte de China ha venido acompañada de incertidumbre sobre qué tan rápido se desacelerará su economía, lo que a su vez ha generado episodios de fuerte volatilidad financiera y reducciones más pronunciadas de los precios de las materias primas. Todo esto genera un panorama menos favorable para las economías exportadoras de materias primas y para aquellas percibidas como financieramente vulnerables. De esta manera la ligera mejoría de la actividad económica en el conjunto de economías desarrolladas, con un crecimiento de 2.5% en EE.UU., resultan insuficientes para compensar el peor desempeño esperado para las economías emergentes.

Los mayores riesgos para el crecimiento y la menor inflación en los países desarrollados, dada la caída de los precios del petróleo y las menores expectativas para el mediano plazo, se reflejan en expectativas de que la política monetaria de los principales bancos centrales continúe siendo altamente acomodaticia, incluso más de lo que se esperaba a finales del 2015.

En lo que respecta a la Reserva Federal (FED), aunque el discurso de la normalización monetaria se mantiene, los miembros del Comité de Mercado Abierto (FOMC por sus siglas en inglés) han expresado su preocupación por el impacto de la volatilidad y la desaceleración a nivel global sobre la consecución de sus objetivos. De hecho en los mercados de derivados ya no se espera ningún movimiento al alza de la FED este año.

En este entorno cada vez más adverso, el tipo de cambio ha sido la variable más afectada por el incremento en la volatilidad y los efectos de los mayores riesgos a nivel global, particularmente la caída en los precios del petróleo. El peso se ubica por encima de los 18 pesos por dólar tras una depreciación adicional de más de 5.0% en lo que va del año, la mayor entre las economías emergentes con tipo de cambio flexible.

Ante esta significativa depreciación, que durante los primeros días del mes de febrero alcanzó el 10.0%, las autoridades fiscal y monetaria anunciaron un paquete de medidas con el objetivo de desincentivar los movimientos especulativos en el mercado cambiario y atenuar los riesgos sobre la inflación y la actividad económica en los próximos trimestres.

Inesperado incremento de la tasa de fondeo

Una de estas medidas fue el inesperado incremento de 50pb en la tasa de fondeo, con lo cual el Banco de México (Banxico) desligó su política monetaria de la de la FED. No obstante, después de este movimiento se espera que la sincronización se retome a lo largo del año para así mantener el mayor diferencial con la tasa de fondos federales y con ello reducir en el margen las posibilidades de una salida de extranjeros del mercado de bonos.

Asimismo la mayor tasa de política monetaria junto con el cambio hacia intervenciones discrecionales por parte de la Comisión de Cambios reducirán los incentivos a tomar posiciones especulativas en contra del peso. En conjunto, las medidas anunciadas son positivas porque aumentan el costo y el riesgo de especular contra el peso, lo que debería abonar a disminuir las presiones que se observaron en meses recientes. No obstante, no se espera que por sí mismas aprecien el peso pues para ello se requieren mejoras en fundamentales y en la situación financiera de PEMEX.

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