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Análisis y opinión 29 jun 2018

Lograr autonomía económica de las mujeres para reducir la desigualdad

Aunque se han realizado esfuerzos para disminuir la desigualdad en la distribución del ingreso en América Latina, la realidad es que sigue siendo muy elevada y en los últimos años no se han registrado mayores avances, lo que constituye un obstáculo para alcanzar el desarrollo sostenible en la región.

En su reciente informe ‘Panorama Social de América Latina 2016′, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) señala que el coeficiente de Gini para los ingresos personales en 2015 mostró un valor promedio de 0,469 para 17 países la región, en donde 0 representa ausencia de desigualdad y 1 desigualdad máxima. Se trata de un indicador que se considera aún muy alto, pese a los avances que se han logrado desde 2008.

Esos avances, explica el informe, fueron impulsados por una mejoría relativa de los ingresos laborales de los sectores de menores ingresos, gracias a políticas activas como la formalización del empleo y el aumento real de los salarios mínimos en varios países, así como por un notable incremento de las transferencias monetarias hacia los estratos de menores ingresos. No obstante, para la Cepal, “las mejoras distributivas recientes no estuvieron necesariamente asociadas a un reparto más equitativo del capital y el trabajo”.

Mujeres, las más afectadas

De acuerdo con el estudio de la Cepal, uno de los pilares fundamentales para reducir la desigualdad es lograr la autonomía económica de las mujeres, las cuales tienen menor acceso a los recursos productivos y financieros, así como a la capacitación y al uso de las distintas tecnologías. Además, debido a su alta carga de trabajo doméstico no remunerado, disponen de menos tiempo para capacitarse y mantener presencia continua en el mercado laboral.

“Las mujeres perciben en promedio el 83,9% del salario que reciben los hombres

El informe señala que las mujeres suelen recibir ingresos más bajos a causa de la dificultad para conciliar el trabajo en el hogar con la participación en el mercado laboral y además, se desempeñan por lo general en ocupaciones asociadas a bajas remuneraciones. De igual forma, el porcentaje de mujeres que reciben un ingreso por su trabajo o por jubilación es considerablemente menor al de los hombres. Asimismo, si se cuentan las horas de trabajo doméstico no remunerado con las del trabajo remunerado, estas son superiores a las de los hombres, lo cual limita su autonomía económica. Y es que las mujeres, según el organismo, perciben en promedio el 83,9% del salario que reciben los hombres.

Las mujeres destinan hasta un tercio de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, mientras que los hombres solo un 10%. Más aún, el valor económico del trabajo no remunerado que se realiza en los hogares, y que no se contabiliza en el PIB, equivale aproximadamente a un quinto del mismo”, destaca el organismo regional.

“Las mujeres destinan hasta un tercio de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, mientras que los hombres solo un 10%

Otro de los factores de desigualdad estructural en América Latina es la condición étnico-racial, según la Cepal. Sin embargo, reconoce que en la mayoría de países se han creado instituciones y mecanismo gubernamentales para promover la igualdad racial y se ha legislado para proteger sus derechos. Señala que en la región viven alrededor de 130 millones de personas afrodescendientes, que representan el 21% del total de la población.

De otro lado, la Cepal llama la atención sobre la disminución del gasto social y señala que este alcanzó su máximo histórico en 2015 con un 10,5% del Producto Interno Bruto (PIB) para el gobierno central y de 14,5% del PIB para el sector público. En protección social se destinó el 5%, en educación el 4,6% y en salud el 3,4%. No obstante, en 2016 y 2017 los presupuestos de gasto social se han reducido en la mayoría de países.

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