¿Cómo influyen las emociones en las decisiones financieras y las compras impulsivas?
Si alguna vez se ha comprado algo para sentirse mejor y después se ha tenido arrepentimiento, conviene leer esta nota. Aunque suele pensarse que ganar más dinero es la solución a los problemas financieros, la realidad es que las emociones también influyen en cómo se gasta, se ahorra y se toman decisiones. Bajo esta premisa, la charla “No necesitas ganar más dinero, necesitas entender tus emociones”, impartida por Ricardo Cabrera Taximaroa, facilitador de Educación Financiera de BBVA México, en el marco de la Semana Nacional de la Educación Financiera (SNEF) que invita a reflexionar sobre la relación entre la inteligencia emocional, los hábitos de consumo y el bienestar financiero.
Las compras impulsivas son un ejemplo de cómo las emociones pueden influir en la toma de decisiones de finanzas personales. De acuerdo con datos de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), el 23% de la generación Z admite realizar compras por impulso, seguido del 22% de los millennials, el 19% de la generación X y el 17% de los baby boomers. Estas cifras ponen sobre la mesa una pregunta importante: ¿la gente compra porque realmente necesita algo o porque busca aliviar el estrés, la tristeza o la ansiedad?
Durante la sesión, Cabrera destacó que la educación financiera va más allá de aprender a administrar ingresos y gastos. También implica reconocer las emociones, creencias y experiencias personales que influyen en la relación que se tiene con el dinero. Una compra puede generar satisfacción inmediata, pero no necesariamente resolver aquello que preocupa. Por eso, desarrollar el autoconocimiento emocional puede ayudar a evitar gastos innecesarios, fortalecer el ahorro y tomar decisiones más conscientes.
De acuerdo con datos de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), el 23% de la generación Z admite realizar compras por impulso, seguido del 22% de los millennials, el 19% de la generación X y el 17% de los baby boomers.
Para llevar esta reflexión a la práctica, durante la charla el facilitador propone el método E.M.O.C.I.O.N., una herramienta que invita a detenerse antes de comprar y responder siete preguntas: ¿qué estoy sintiendo?, ¿me mueve una necesidad o un impulso?, ¿qué otra opción tengo?, ¿cuánto cuesta en horas de vida?, ¿impacta mi estabilidad?, ¿obedece a mis valores? y ¿necesito comprarlo hoy? Este ejercicio permite identificar los factores emocionales detrás de una decisión y valorar sus posibles consecuencias en la economía personal.
Otro de los mensajes centrales que señala Cabrera es que tener bienestar financiero no significa únicamente acumular dinero, sino contar con mayor tranquilidad y libertad para elegir. Ahorrar, por ejemplo, no tiene que verse solo como un sacrificio, sino como una oportunidad para enfrentar imprevistos, alcanzar metas personales y construir un futuro con menos presiones. En este proceso, la autoestima, el autocuidado y la capacidad de evitar comparaciones sociales también desempeñan un papel importante.
La reflexión final se centra en algo sencillo pero poderoso: no se necesita ganar más para empezar a tomar mejores decisiones financieras. Incrementar los ingresos puede abrir nuevas oportunidades, pero comprender lo que siente una persona antes de gastar puede ayudar a aprovecharlas mejor. Porque cuando se aprende a reconocer las emociones, el dinero deja de ser una respuesta automática a los sentimientos y se convierte en una herramienta para construir estabilidad, bienestar y una vida con propósito.