Del uso de efectivo a la revolución de las finanzas digitales
La transformación de las finanzas en México avanza hacia un entorno cada vez más digital, pero el cambio va más allá de sustituir billetes y monedas por un teléfono. El desafío es conseguir que los pagos digitales reduzcan las fricciones, amplíen el acceso a los servicios financieros y ayuden a las personas a tomar mejores decisiones sobre su dinero.
Durante el 5° Congreso de Educación Financiera ‘La nueva inteligencia del dinero’ organizado por la Asociación de Bancos de México (ABM), participaron en el panel “Más allá del efectivo: innovación, datos y finanzas digitales” Romina Benvenuti, directora Senior de Legal y Políticas Públicas de Nubank; Luis Tinajero, director de Educación e Innovación de Actinver; y Hugo Nájera, director general de Banca Minorista de BBVA México con José Ángel Cervantes, director de Educación Financiera y Negocios de Banco Azteca, como moderador.
Los participantes coincidieron en que el país atraviesa un momento relevante para acelerar la adopción de los pagos digitales, aunque el efectivo continúa teniendo una presencia importante y existen diferencias significativas entre regiones y segmentos de la población. El reto no es únicamente desarrollar nuevas alternativas tecnológicas, sino conseguir que utilizarlas sea más sencillo, seguro y conveniente que recurrir al efectivo.
La adopción masiva se va a dar en la medida en que los pagos digitales sean sencillos, intuitivos y haya un ecosistema en donde se puedan ocupar.
Benvenuti, de Nubank, consideró que el efectivo probablemente no desaparecerá mediante una prohibición, sino como resultado de un cambio de hábitos impulsado por una mejor experiencia para los usuarios. “La adopción masiva se va a dar en la medida en que los pagos digitales sean sencillos, intuitivos y haya un ecosistema en donde se puedan ocupar”. Señaló que para avanzar en esa dirección será necesaria una mayor coordinación entre autoridades, instituciones financieras y comercios, además de garantizar seguridad y confianza y desarrollar productos que no requieran amplios conocimientos financieros para ser utilizados.
La digitalización también abre nuevas posibilidades a partir del uso de los datos. Benvenuti destacó el potencial del Openfinance para que las personas tengan mayor control sobre una información financiera que hoy puede encontrarse fragmentada entre distintas instituciones. Su objetivo, explicó, es devolver “todo el poder de su información financiera” al usuario, permitiéndole decidir qué datos comparte, con quién y durante cuánto tiempo, con la finalidad de acceder a mejores productos y servicios.
El reto no es únicamente desarrollar nuevas alternativas tecnológicas, sino conseguir que utilizarlas sea más sencillo, seguro y conveniente que recurrir al efectivo.
Por su parte, Nájera, de BBVA México, destacó que desplazar al efectivo ha sido un desafío de muchos años porque los medios digitales todavía no habían conseguido ofrecer una experiencia con menos fricción. Sin embargo, consideró que el escenario está llegando a un punto de inflexión. “Estamos a punto de lograrlo ahora”, afirmó, aunque subrayó que será necesario el acompañamiento de políticas públicas para que esta transformación alcance una escala mayor.
Para Nájera, uno de los cambios más relevantes está en la información que generan las operaciones digitales. A diferencia del efectivo, estas transacciones permiten conocer mejor el comportamiento financiero de una persona y construir un historial que puede facilitar el acceso a productos, servicios y crédito más adecuados a sus necesidades. “El beneficio va más allá de quitarse las monedas de la bolsa”. La información puede utilizarse para ofrecer soluciones financieras cada vez más personalizadas. En este escenario, Openfinance puede incrementar la competencia al permitir que, con autorización del usuario, distintas instituciones accedan a información que antes permanecía aislada.
Nájera planteó incluso la posibilidad de que en el futuro los asistentes digitales puedan utilizar esos datos para ayudar a las personas a organizar mejor sus finanzas y anticipar compromisos de pago. Para llegar a ese punto, advirtió, será necesario avanzar en la regulación que permita compartir información de forma segura y bajo el control del cliente.
Tinajero, de Actinver, llamó la atención sobre las diferencias que persisten en el país. Si bien los pagos electrónicos han avanzado, el efectivo continúa predominando en muchas operaciones y su utilización cambia considerablemente entre regiones. “México es muchos Méxicos”, señaló al referirse a los retos de inclusión que todavía existen, particularmente fuera de las zonas con mayor adopción de servicios financieros digitales.
La tecnología, agregó el directivo, ha democratizado no solo los pagos, sino también el acceso al ahorro y a la inversión. Desde un teléfono es posible utilizar instrumentos financieros que hace algunos años estaban fuera del alcance de buena parte de la población. Pero esa facilidad también implica riesgos si no está acompañada de conocimientos. “Ser nativo digital no significa que tu educación financiera se eleva”, advirtió Tinajero, quien explicó que las herramientas digitales son poderosas precisamente cuando ayudan a las personas a comprender mejor sus decisiones y a convertir la información en valor.
“México es muchos Méxicos”, señaló al referirse a los retos de inclusión que todavía existen
La facilidad para operar desde un celular también puede hacer menos visible el impacto de cada decisión financiera. Comprar, contratar una suscripción, utilizar crédito o invertir puede realizarse en segundos. Por ello, los participantes insistieron en que la innovación debe acompañarse de disciplina: presupuestar, revisar periódicamente ingresos y gastos, ahorrar, comprender los compromisos adquiridos y verificar dónde se coloca el patrimonio.
El mensaje central del panel fue que digitalizar las finanzas no basta: el verdadero avance consiste en convertir la tecnología y los datos en herramientas que generen valor para las personas. Un sistema financiero más digital puede facilitar los pagos, ampliar el acceso al ahorro y la inversión, impulsar la competencia y ofrecer servicios más personalizados. Pero para que esa transformación se traduzca en una mejor salud financiera deberá avanzar acompañada de educación, seguridad, transparencia, disciplina y control de los datos por parte de los usuarios.