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Opinión 22 abril 2020

La respuesta regulatoria frente al COVID-19

Matías Cabrera y Pilar Soler, del equipo de Regulación de BBVA, analizan en esta tribuna las medidas lanzadas por los reguladores para mitigar el impacto económico de la crisis del coronavirus. “A diferencia de la crisis anterior, los bancos tenemos ahora la oportunidad de ser una parte de la solución, pero para ello es necesaria una gran cooperación entre entidades y autoridades para asegurar una rápida recuperación”, afirman.

Las consecuencias económicas de la crisis sanitaria generada por el brote del COVID-19 han encontrado una respuesta ágil y contundente por parte de las autoridades regulatorias nacionales e internacionales. Éstas medidas ponen de relevancia el papel fundamental que juegan los bancos como proveedores de financiación en situaciones extraordinarias como la actual, en la que se producen fuertes tensiones de liquidez. El conjunto de medidas anunciadas por distintos reguladores y autoridades permitirán a las instituciones canalizar sus esfuerzos y recursos de forma más eficiente y ágil para contrubir a una rápida recuperación de la economía.

Entre las medidas anunciadas por agencias europeas, probablemente las más relevantes están relacionadas con la posibilidad de utilizar colchones prundenciales, tanto de capital como de liquidez. Los organismos internacionales lo ven con buenos ojos, y tanto el comité de Basilea como el Consejo de Estabilidad Financiera han recomendado hacer uso de la flexibilidad que permiten los estándares globales.

Esta flexibilidad permitirá a las insitutciones financieras volcar más recursos para estimular la economía real. Tal es el caso del Banco Central Europeo (que es el supervisor de las mayores entidades fiancieras en la unión bancaria), permitiendo a los bancos utilizar sus colchones tanto de capital como de liquidez. La Autoridad Bancaria Europea (EBA por sus siglas en inglés), ha seguido la misma línea, recordando que los colchones de capital y liquidez están para ser usados en períodos de crisis y poder así mantener el nivel de préstamos en la economía, particularmente considerando que a diferencia de la última crisis financiera, el sistema bancario parte de una posición mucho más sólida de capital.

Estas medidas tienen por objeto mantener y, si es necesario, expandir el crédito en estas cirucunstancias excepcionales. Pero esta expansión conlleva necesariamente un reconocimiento adecuado de posibles deterioros. Sobre este tema, tanto las autoridades prudenciales como las contables (por ejemplo la Junta de Normas Internacionales de Contabilidad) han dejado claro que se debe usar la flexibilidad que se ha incluído en las reglas, de forma que se eviten automatismos en la reclasificación de exposiciones (lo cual tendría un impacto prudencial importante en forma de mayores provisiones).

Los bancos tenemos ahora la oportunidad de ser una parte de la solución, pero para ello es necesaria una gran cooperación entre entidades y autoridades para asegurar una rápida recuperación

Estas declaraciones son importantes, dado que permitirán a las instituciones reconocer que muchos de los deterioros se deben a una situación concreta en el tiempo, y que la solvencia de los deudores no necesariamente se ha visto comprometida. Esto es particularmente relevante en los casos en que se han decretado moratorias de pagos en ciertos créditos: la norma contable no debería aplicarse mecánicamente, evitando reclasificar automáticamente estos préstamos como dudosos o en deterioro. De esta forma se puede evitar, en cierta medida, la prociclicidad intrínseca de la normativa NIIF9. Sobre este tema, la EBA ha publicado recientemente unas directrices que ayudarán a determinar si, en caso de una moratoria (legislativa o no legislativa), se cumplen las condiciones necesarias para que una exposición no deba ser reclasificada como deudas reestructuradas por impagos.

Por último, también se han adoptado medidas operacionales, que pretenden descargar a las entidades de una parte de la carga operativa derivada de procesos reguladores y supervisores permitiendo así que se centren en su actividad principal, la concesión de préstamos. Así, la EBA ha decidido retrasar su prueba de resistencia durante un año. También el BCE ha retrasado la aplicación de algunas decisiones supervisoras y el Comité de Basilea ha pospuesto un año la implementación del marco final de Basilea III.

Aun con todo, todavía existe incertidumbre sobre cuál será el impacto final de la crisis. A diferencia de la crisis anterior, los bancos tenemos ahora la oportunidad de ser una parte de la solución, pero para ello es necesaria una gran cooperación entre entidades y autoridades para asegurar una rápida recuperación. La última reunión del Consejo de la Unión Europea hace hincapié en este punto: es necesario que las autoridades tomen medidas ambiciosas pero coordinadas, evitando así dañar la igualdad de condiciones entre Estados Miembros. Como en todas las crisis, tambien tenemos lecciones que aprender, en este caso quizá la más importante es que los colchones de capital están para ser utilizados. Pero tampoco podemos olvidar que una vez más se ponen de manifiesto algunas de las debilidades de la Unión Europea, especialmente la fragmentación del sistema bancario que se ha plasmado en una plétora de medidas nacionales diferentes, pero con muy poca asunción de riesgos común en la eurozona, lo que hace que sea muy necesario acabar de completar la Unión Bancaria con el seguro europeo de depósitos.

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