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Opinión 19 mayo 2020

Las incógnitas del Impuesto a las Transacciones Financieras

Salvador Portillo, del equipo de Regulación de BBVA, plantea las cuestiones sin resolver alrededor del impuesto a las Transacciones Financieras, propuesto por el gobierno español. “Dado el contexto actual, los grandes retos a los cuales se va a enfrentar nuestra economía en los próximos meses y teniendo en cuenta el ejemplo francés, cabe preguntarse si no sería más conveniente esperar a que se alcance el mencionado acuerdo a nivel europeo, en línea con los últimos avances que se produjeron el pasado mes de diciembre”, escribe.

El Consejo de Ministros español aprobó a finales del mes de febrero el anteproyecto de ley para la creación del nuevo Impuesto a las Transacciones Financieras (FTT, por sus siglas en inglés). En el contexto actual esto resulta particularmente contraproducente, y no estamos hablando exclusivamente por el impacto del COVID-19 sobre los mercados financieros a nivel nacional e internacional, sino también del ejemplo francés donde se introdujo el FTT en 2012 o el trabajo que se está realizando a nivel europeo a través de cooperación reforzada entre 10 estados miembros.

La propuesta de directiva para armonizar la tributación de las transacciones financieras, que se remonta a 2011, surgió con la idea inicial de que fuese una medida coordinada en la Unión Europea (UE). Finalmente, esta propuesta fue rechazada por la gran mayoría de los países debido principalmente al riesgo de perder actividad financiera en favor de terceros países. La UE ofrece diferentes posibilidades cuando un acuerdo no va a lograr la unanimidad en el Consejo Europeo, órgano que se rige bajo este principio en materia impositiva, siendo una de estas posibilidades la cooperación reforzada.

La cooperación reforzada es un procedimiento que permite que un mínimo de nueve países de la UE establezcan una integración o cooperación avanzada en un ámbito de las estructuras europeas sin la participación de los demás países de la UE. En 2012, once estados miembros (EMs) de la UE, entre ellos España, decidieron avanzar en el FTT a través de este procedimiento.

En el contexto actual esto resulta particularmente contraproducente, y no estamos hablando exclusivamente por el impacto del COVID-19 sobre los mercados financieros a nivel nacional e internacional, sino también del ejemplo francés

En la reunión del ECOFIN del 5 de diciembre 2019, los Ministros de finanzas de los EMs interesados en el FTT debatieron sobre los dos principales puntos abiertos, siendo estos la exención de este impuesto para los esquemas de fondos de pensiones y la mutualización parcial de las recaudaciones de este impuesto, garantizando un mínimo de 20 millones de euros de recaudación, para asegurar que los EMs más pequeños tengan un incentivo para seguir adelante con el acuerdo. Después de esta reunión, el ministerio de Finanzas alemán, liderado por el socialista Olaf Scholz, presentó la que posiblemente sea la base de un acuerdo definitivo que garantice unas mismas reglas de juego entre los EMs que defienden esta iniciativa.

Por su parte, la propuesta del gobierno español, alineada con la propuesta que se está trabajando en la UE, pretende gravar las transacciones sobre las acciones de las 60 compañías más grandes del mercado continuo español, por supuesto siendo el Ibex 35 el principal afectado.  El tipo sería de un 0,2% sobre la compraventa de acciones de empresas españolas con una capitalización superior a 1.000 millones de euros y sería liquidado por el intermediario financiero sin tener en cuenta la residencia de las personas o entidades que intervienen en la operación. Por tanto, el impuesto español es muy similar al que se está promoviendo con cooperación reforzada en Europa.

El ejemplo francés, donde se introdujo el FTT en agosto de 2012, muestra cómo la liquidez en sus mercados financieros se vio reducida y además se dio una pérdida en la actividad de intermediación (Colliard & Hoffman FTT market composition and liquidity, ECB, 02/2017) como contraparte de terceros países. Por si esto no fuera suficiente, y aunque no sea debido al FTT, hemos visto en las últimas semanas caídas históricas en el Ibex 35, llegando incluso más allá que los descensos sufridos a lo largo de la crisis financiera de 2008. Tal vez sea el momento de apoyar a la economía con una mayor flexibilidad, de la misma forma que la propia Unión Europea está dando flexibilidad a los gobiernos dentro del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

En conclusión, España ha mostrado desde 2011 su compromiso para lograr un acuerdo con sus principales socios europeos, entre los que destacan Alemania, Francia e Italia, para establecer un FTT que garantice que no se fracture el mercado único financiero y se establezcan las mismas reglas de juego. Dado el contexto actual, los grandes retos a los cuales se va a enfrentar nuestra economía en los próximos meses y teniendo en cuenta el ejemplo francés, cabe preguntarse si no sería más conveniente esperar a que se alcance el mencionado acuerdo a nivel europeo, en línea con los últimos avances que se produjeron el pasado mes de diciembre.

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