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Opinión 05 marzo 2021

Rumbo hacia una Europa más verde

La sostenibilidad, sin duda, es uno de los temas que más ocupan la agenda de los CEOs hoy en día.  Hasta ahora ha habido avances importantes, pero queda mucho trabajo que hacer, y es una responsabilidad de todos. Ricardo Laiseca, responsable de la oficina Global de Sostenibilidad de BBVA, y Arturo Fraile, experto de regulación financiera de BBVA, analizan el camino hacia una transición verde del sistema financiero europeo y comparten en esta tribuna publicada en el diario El Economista su visión estratégica acerca de cómo alcanzar una Europa más sostenible.

La sostenibilidad lleva mucho tiempo en la agenda de empresas, reguladores e inversores. Hasta ahora ha habido avances importantes, pero aún queda mucho trabajo que hacer, y es una responsabilidad de todos.

El respeto por el medioambiente es imprescindible para moldear el futuro de Europa y desarrollar negocios más sostenibles. Este objetivo se puede alcanzar acometiendo una transición justa, cuyo eje central sea la sociedad, que no deje a nadie atrás y que brinde a todos los sectores y empresas la oportunidad de transformarse y de formar parte de la solución.

Una Europa más verde puede hacerse realidad a través de cuatro palancas clave: la colaboración público-privada para financiar la transición verde; el uso de tecnologías digitales para maximizar el impacto positivo de los programas y fondos públicos, como el paquete de recuperación Next Generation EU-COVID-19; incentivos concretos de mercado, para fomentar la discriminación en favor de las mejores opciones verdes en términos de rentabilidad-riesgo; y una mejora y homogenización en la divulgación de la información no financiera. Estos cuatro ejes son claves para que la financiación de la transición contribuya a crear puestos de trabajo intensivos en mano de obra, así como un sistema productivo más digital y más ecológico.

La digitalización de las finanzas sostenibles puede suponer un punto de inflexión

El esfuerzo de financiación de la transición debe promover la transformación de la economía en su conjunto. Es necesario continuar ampliando la taxonomía para permitir que todos los sectores y las empresas se transformen. Debemos reconocer sus avances graduales cuando éstos sean congruentes con la transición hacia una economía baja en carbono o con el objetivo de la UE de alcanzar las cero emisiones netas en 2050. Ampliar el alcance del marco taxonómico incentivará la movilización financiera sostenible, una de las prioridades más importantes de la UE.

Lograr una Europa más verde y sostenible, que además tenga en cuenta las dimensiones social y de gobernanza, es responsabilidad de todos los actores. La colaboración público-privada es clave. Los responsables de la formulación de políticas y el sector privado deben diseñar e implementar de manera conjunta un marco claro y sólido que saque el máximo partido de las inversiones futuras.

La digitalización de las finanzas sostenibles puede suponer un punto de inflexión. Por su capacidad para generar, almacenar y procesar volúmenes de datos sin precedentes, las entidades financieras pueden aportar soluciones que ayuden a nuestros clientes a mejorar su salud financiera y afrontar la transición hacia un futuro sostenible, aplicando, al mismo tiempo, procesos analíticos rigurosos y basados en datos, de máxima importancia para una óptima medición y gestión de los riesgos.

Por su parte, los responsables de la formulación de políticas disponen de tres herramientas para incentivar las acciones del sector privado: promover los mercados de emisiones de carbono para internalizar adecuadamente su coste; desarrollar mercados profundos de capitales que favorezcan la discriminación positiva hacia las emisiones sostenibles; y además implantar políticas fiscales dirigidas a penalizar las actividades contaminantes y bonificar las no contaminantes.

Un mercado eficiente, escalable y voluntario de emisiones puede convertirse en una herramienta clave

En este sentido, es imprescindible disponer de políticas europeas que impulsen la fijación de los precios de las emisiones de manera creíble, orientadas hacia el largo plazo, y fomentar la transición hacia las emisiones netas cero. Un mercado eficiente, escalable y voluntario de emisiones puede convertirse en una herramienta clave para acelerar la transición, favorecer la Unión del Mercado de Capitales y complementar el esfuerzo de descarbonización.

Finalmente, un marco de reporting claro y coherente es de suma importancia. Actualmente, los datos y los informes públicos están incompletos, son heterogéneos, y es imposible identificar, medir, comparar, gestionar o alinear aquello sobre lo que no se informa o se divulga información. Sin embargo, ya se han dado algunos pasos clave para resolver la actual sopa de letras, tanto en Europa (NFRD y EFRAG) como a nivel internacional (IFRS). También el sector privado  está avanzando rápidamente para definir métricas comúnmente aceptadas. El World Economic Forum-International Business Council ha propuesto un marco integral que se articula en torno a cuatro pilares principales: la gobernanza, el planeta, la gente y la prosperidad.

Las empresas deberán incorporar la dimensión ESG (Environmental, Social, Governance) en sus estrategias comerciales, procesos internos y  de gestión de riesgos, para promover la sostenibilidad corporativa a largo plazo. La sostenibilidad ha dejado de ser algo deseable para convertirse en un requisito ineludible, y no hay vuelta atrás. Aunque existe un retraso relativo en la S y la G con respecto a la E, irán convergiendo en el tiempo.

Sin embargo, no podemos conformarnos porque todavía tenemos mucho trabajo por delante. La excepcionalidad de la situación actual, en la que todos estamos aunando esfuerzos para formar parte de la solución y derrotar a la Covid-19, ayudar a las personas y modernizar la economía real y el sistema financiero, pone a nuestra disposición grandes oportunidades para construir un futuro más verde y más próspero para Europa y la sociedad europea.

La pregunta ahora es ¿cuándo y por dónde empezamos? Como dice el Conejo Blanco de Alicia en el país de las maravillas «llegamos tarde, llegamos tarde a una cita muy importante». En efecto, 2030 es mañana y 2050, el horizonte para alcanzar el objetivo de neutralidad climática de la UE, es pasado mañana.

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