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PIB Act. 19 sep 2018

Reducir incertezas para volver a crecer: el mayor desafío de Chile para 2017

Fotografía de Vicente Rodero bandera chile BBVA

El mundo crecerá más el 2017, de acuerdo a todas las proyecciones disponibles. Esa es la principal razón para estar moderadamente optimista de cara al año que comienza.

Este mayor crecimiento estará liderado por EE.UU. que experimentaría una aceleración en su ritmo de expansión, al igual que América Latina, que volvería a crecer después de la fuerte recesión sufrida este año. La Eurozona con una evolución estable y China que continuaría con su gradual proceso de desaceleración, terminan de configurar un panorama que hoy se proyecta algo más auspicioso, aunque no exento de riesgos.

Estos riesgos son variados, pero dentro de los más visibles están la incierta implantación del nuevo gobierno de EE.UU. y el nutrido calendario de elecciones en Europa.

En el mediano plazo, los riesgos se centran en China y su capacidad para abordar las reformas que atajen el endeudamiento del sector privado y la sobrecapacidad de las empresas públicas.

Se necesita una mayor confianza de los agentes económicos para que se concrete esta proyección

La Reserva Federal volverá a subir las tasas de interés en EE.UU., pero el alza será moderada, de manera que las condiciones de financiamiento externo para economías como Chile seguirán siendo favorables.

Los términos de intercambio mejorarían de la mano de un mayor precio del cobre y un alza menor en el precio del petróleo respecto a los promedios que ambos commodities mostraron durante 2016.

En Chile, las proyecciones de consenso para la expansión del PIB en 2017 se ubican en torno a 2% (BBVA estima un 1,9%). Inflación controlada y menores tasas de interés; mejores perspectivas para el sector minero y, de concretarse, una recuperación de la confianza permitirían anticipar, pero no asegurar, una recuperación del crecimiento hacia la segunda parte del año.

Esta no es una cifra para celebrar, es insuficiente e inferior al crecimiento potencial. Si se considera que el cuarto trimestre de 2016 está terminando con una expansión menor a 1% y que 2017 partirá con un dinamismo similar, se requiere que todas las noticias buenas se den en conjunto para que en el segundo semestre ocurra efectivamente una aceleración a tasas más cercanas al potencial.

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Las proyecciones de expansión del PIB de Chile en 2017 se ubican en torno a un 2%

Específicamente, ¿qué se necesita para que se concrete esta proyección? Primero una mayor confianza de los agentes económicos que dé sustento necesario al crecimiento del gasto en consumo de las familias y a un aumento de la inversión fija. Para que esto ocurra será necesario, al menos, que no se generen nuevos focos de incertidumbre legal y regulatoria y, por cierto, será condicional al debate político de cara a las elecciones presidenciales de fines de año.

Segundo, una recuperación del sector minero que se contraerá en torno a 3% en 2016. El precio del cobre ya habría alcanzado el piso de este ciclo bajista que se extendió por cinco años. Además, se proyecta un buen año para los sectores exportadores distintos de la minería. Un crecimiento acotado de los costos laborales y un mayor tipo de cambio serán claves para sostener la competitividad de las exportaciones este año.

Por el lado de la demanda, la baja inflación prevista permitirá que el Banco Central inicie un proceso de expansión monetaria que implicará ‘al menos’ dos recortes en la  tasa de interés, abaratando el costo del crédito para las familias y empresas, pero también actuando a través de los otros canales conocidos para la política monetaria.

Mi deseo para este año es que sea posible lograr acuerdos entre el sector público y los privados

Si a esto sumamos un ajuste moderado del mercado laboral y mayores niveles de confianza, hay razones para proyectar un marginal mejor desempeño del consumo privado. Recordemos que el consumo público no tendrá el rol de los últimos tres años, dada la moderada expansión contemplada en el Presupuesto.

En materia fiscal, uno de los mayores riesgos que enfrentará nuestra economía es que se concrete la amenaza del downgrade o que otras agencias clasificadoras se sumen a la advertencia de Fitch y terminen por afectar el costo de financiamiento del fisco, de empresas y personas. Para ello será fundamental mantener el compromiso con la disciplina fiscal y, en lo posible, reforzar el ancla fiscal y seguir avanzando en mejorar la institucionalidad, por ejemplo –como lo recomendó el FMI– fortaleciendo el Consejo Fiscal Asesor para apuntalar la credibilidad del gobierno respecto a sus cuentas.

En materia de reformas, veremos los efectos de la implementación de la polémica reforma laboral y, probablemente, durante el año tendremos el debate de la reforma al sistema de pensiones y la nueva ley de bancos. Respecto de esta última, cabe mencionar que, en general, todos los bancos están preparados para los eventuales requerimientos de capital adicionales y los anuncios de gradualidad para adaptarse a las nuevas condiciones son bienvenidos.

Finalmente, mi deseo para este año es que sea posible lograr acuerdos entre el sector público y los privados para retomar mayores tasas de crecimiento y que trabajemos de forma decidida para recomponer la confianza entre los distintos actores de la sociedad. En el ámbito político, que se evite la generación de focos de incertidumbre vinculados a las agendas programáticas de los candidatos presidenciales y que el crecimiento económico vuelva a ocupar el rol protagónico que nunca debió perder.

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