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Productividad 24 ago 2017

Robots abaratan autos argentinos para exportar a Brasil

Los robots han dejado de ser vistos como un fantasma amenazante por los empleados de carne y hueso desde que aparecieron en acción en algunas industrias, en especial en las principales plantas automotrices, lo mismo que en los laboratorios medicinales o incluso la banca.

El reemplazo de máquinas por hombres justo cuando escasea el trabajo en las fábricas locales provino, en realidad, de una imperiosa necesidad de acercar la integración automotriz con Brasil a la simetría acordada para el intercambio: un vehículo chico terminado en Córdoba cuesta U$S 2.000 más que si se lo hace en San Pablo.

Aunque algo demorado respecto de la carrera tecnológica mundial, el proceso de automatización del empleo ya mostró la hilacha en Argentina y en el mercado laboral se teme que la introducción de la robótica, la inteligencia artificial y la tecnología provoquen la “destrucción” de entre el 30 y 37 por ciento de puestos de trabajo durante los próximos 15 años, según la estimación del presidente de la Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi), Aníbal Carmona.

El pesimismo se finca en un informe del Banco Mundial que considera a Argentina el país más amenazado, entre un lote de 40 de desarrollo intermedio, por la desocupación que traería aparejada la automatización de empleos. Junto con Chile se encuentran en un punto intermedio, pues entre 47 y 49 por ciento de los empleos podrían ser reemplazados por las máquinas en las próximas cuatro décadas.

En ese mismo escalafón se hallan economías más desarrolladas, como las de Alemania y España, o en menor medida como Polonia.

En otras economías emergentes la posibilidad de automatización de las tareas es aún mayor: para Turquía, Rusia, China, India, Brasil, Indonesia, Malasia y Marruecos es entre 49 y 51 por ciento. También para Italia.

En economías desarrolladas como Japón y Corea del Sur, con gran impronta tecnológica, el potencial de la automatización de tareas supera el 51 por ciento. No obstante, están a la par de países menos desarrollados como Tailandia, México, Perú, Colombia, Kenia o Costa Rica.

En EE.UU. y Canadá, entre el 45 y el 47 por ciento de las funciones laborales podrían automatizarse hacia 2055, nivel en el que también se ubican las economías de la más variada matriz productiva, como Irán, Arabia Saudita, Austria, Suiza y Suecia.

Es posible que, dados ciertos escenarios políticos y sociales, para 2055 la mitad de los empleos de todo el mundo sea arrasada por la tecnología”

En el rango con menor capacidad de automatización (menos del 45 por ciento de las tareas) se ubican Francia, Reino Unido, Australia, Sudáfrica, Nigeria y Noruega.

El estudio de la consultora McKinsey que hizo tales evaluaciones afirma que es posible que, dados ciertos escenarios políticos y sociales, para 2055 la mitad de los empleos de todo el mundo sea arrasada por la tecnología.

 Modernización en reversa

Cuando todo parecía indicar que el auto va en camino de convertirse en una computadora con ruedas, la revista digital Quartz descubrió una perlita en Japón. En una de las mecas de los robots industriales, la automotriz Toyota, la sofisticada búsqueda de perfección y del dominio del proceso de producción reivindicó la mano de obra humana calificada por sobre la robótica.

La lectura que hizo el director de Recursos Humanos y Asuntos Corporativos de Toyota Argentina, Diego Prado, sobre el particular es que: “fuimos de las primeras industrias en introducir la robotización, pero definitivamente no va a poder eliminar el aporte humano. Y menos en una cultura como la de Toyota, donde el Kaizen y la búsqueda de la mejora continua demandan de la capacidad intelectual de cada uno de nuestros operarios. El robot no dice cómo se le ocurre mejorar su propia operación y alguien tiene que pensarla”, explicó a este cronista en una reciente entrevista publicada en Mercado, la revista especializada en negocios de Argentina.

La robótica abarca únicamente las operaciones muy repetitivas en la industria automotriz, aquellas que demandan alta precisión de calidad y que requieren posiciones incómodas a quienes las realizan. “Si uno se pone a mirar el interior del auto se ven la cantidad de perillas, tornillos, tuerquitas, no todas puestas en el mismo lugar, lo cual sólo lo puede hacer la mano del hombre; el componente tecnológico, de automatización y robotización es alto, pero la demanda de mano de obra es intensa”, balanceó el ejecutivo.

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