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Planeta> Huella de Carbono 28 mar 2022

¿A qué temperatura pongo el termostato? Calienta tu casa, pero no el planeta

¿A qué temperatura pongo el termostato? Calienta tu casa, pero no el planeta

BBVA te ofrece la posibilidad de descargar de forma gratuita su revista sobre sostenibilidad. Sólo tienes que dar al botón de descarga y conocer el impacto de la huella de carbono y sus consecuencias en nuestro día a día. En este primer número explicamos la importancia de adecuar bien la temperatura de tu hogar para respetar el planeta, el final de esta historia sigue en nuestra revista… Aquí tienes un pequeño adelanto.

El verano en el hemisferio norte ha pasado. Las temperaturas bajan semana a semana y las borrascas empiezan a barrer Europa Occidental y la costa este de Estados Unidos. Poco a poco, el aire frío del Ártico se hará fuerte en el centro de Europa y las nevadas serán cada vez más copiosas. Ha llegado el momento de desempolvar los radiadores tras los meses de calor. ¿A qué temperatura pondremos el termostato?

Descarga aquí el monográfico: 'La huella de carbono y el desafío de las emisiones'

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En los países de la Unión Europea, el 25 % de las emisiones de gases de efecto invernadero tiene su origen en el consumo energético de los edificios. La gran mayoría de ellas, el 64 %, proviene de los combustibles usados para calefacción. Cada grado que subimos el termostato incrementa un 7 % el consumo de energía y, por tanto, las emisiones.

'Podcast': Cómo elegir un sistema de calefacción que cuide de tu bolsillo y del planeta

00:00 05:28

Pensar en las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de una caldera de gas natural individual es sencillo. Si nos fijamos, vemos cómo el humo sale por la chimenea directo a la atmósfera. Pero ¿cuáles son las emisiones de un radiador eléctrico? ¿Y de un sistema de aerotermia con suelo radiante?

Medir las emisiones directas e indirectas de un hábito diario, un producto, un sistema, una empresa o un país no es sencillo. Entre los diferentes tipos de cálculos utilizados, el concepto de huella de carbono ha ido ganando popularidad en los últimos años. Pero ¿qué significa exactamente?

En términos académicos, la huella de carbono se define como la cantidad de gases de efecto invernadero, expresada en CO2 equivalente, emitida a la atmósfera por un individuo, una organización, un proceso, una mercancía o un evento dentro de un límite temporal específico. Es decir, es una forma de igualar y calcular todas las emisiones que genera cada decisión o cada conjunto de acciones.

“Lo expresamos en CO2 equivalente porque hay muchos gases de efecto invernadero, cada uno con un efecto diferente. El más abundante de estos gases es el dióxido de carbono (CO2) y por eso se ha quedado como representante. Pero, por ejemplo, el metano tiene 25 veces más potencial de calentamiento global”, explica María José Bastante, investigadora de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de la Universitat Politècnica de Valencia y experta en huella de carbono industrial. La equivalencia se hace teniendo en cuenta este potencial de calentamiento global en un espacio de tiempo. Así, una tonelada de metano equivaldría, aproximadamente, a 25 toneladas de CO2 equivalente (CO2eq).

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La huella de carbono puede calcularse de forma simple, contemplando solo las emisiones directas de CO2. Por ejemplo, cuánto emite la caldera al quemar gas natural. Y puede también calcularse de forma más compleja, incluyendo todas las emisiones de gases del ciclo de vida de un producto o servicio, desde la extracción de materias primas al residuo, tal como señalan desde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Llevar este concepto a la práctica no es fácil, sobre todo, cuantos más datos y variables haya que tener en cuenta. En muchos casos, ni siquiera disponemos de toda la información. Esta complejidad es más clara que en ningún otro lugar a la hora de calcular la huella de carbono de los países, cuando hay que estimar todas las emisiones que genera el consumo interno, los servicios y la producción de los bienes, tenga o no lugar dentro de las fronteras.

“La responsabilidad del cambio climático se atribuye a los países en función de sus emisiones a lo largo de la historia o de las que están generando en la actualidad. Y los objetivos de las políticas climáticas que fija cada país y las estrategias de mitigación se establecen en función de esas emisiones. De ahí la importancia de conocer su huella de carbono”, señala Iñaki Arto, investigador del Basque Centre for Climate Changey experto en modelar las relaciones complejas entre medioambiente y economía.

De este cálculo de las emisiones de cada país deriva también otro concepto importante, y que a veces puede confundirse con el de huella de carbono: el presupuesto de carbono. Este establece la cantidad de carbono que puede emitir una economía durante un periodo determinado para cumplir los objetivos climáticos y de reducción de emisiones. Mientras la huella nos dice qué se está emitiendo, el presupuesto nos cuenta cuánto margen tenemos para no desencadenar determinadas consecuencias climáticas.

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Vamos a aterrizarlo en el día a día. Enviar un email equivale a la emisión de cuatro gramos de dióxido de carbono. Y echarle a la ensalada un aguacate cultivado en México supone 80 gramos de CO2 equivalente, según la herramienta de cálculo de huella de carbono de BBVA. A nivel mundial, cada persona genera anualmente 4,48 toneladas de CO2 equivalente. En España son 5,5, en Estados Unidos 15,2, en Argentina 4 y en Costa Rica 1,7. La mayoría de países de África están por debajo del 0,5, según datos del Banco Mundial.

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Por sectores, el consumo energético es el que mayor huella de carbono tiene. El 73 % de las emisiones tiene su origen en la energía, que hoy por hoy se genera en su mayoría a partir de combustibles fósiles. Y dentro del sector energético, la industria, los usos domésticos y el transporte son los que mayor huella tienen, según los datos de la Universidad de Oxford y el World Resource Institute.

Partiendo de la huella de carbono del gesto más simple del día, como es hacer clic en el botón de enviar un email, podemos ir construyendo la huella de nuestros hogares, nuestros barrios, nuestras ciudades y nuestros países. Y así, hasta llegar a la huella global. En 2020, y a pesar del ligero frenazo a nivel transporte y consumo que supuso la pandemia, se emitieron a la atmósfera 2.300 millones de toneladas de CO2 equivalente.