¿Cómo contribuye el sector del aceite de oliva a la economía mundial?
El sector del aceite de oliva es una actividad agroalimentaria que impulsa la economía mediante el cultivo del olivar, la producción, la distribución y las exportaciones. Su cadena de valor genera oportunidades de empleo y negocio, especialmente en las zonas rurales, y conecta mercados internacionales.
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España produjo aproximadamente 1,42 millones de toneladas de aceite de oliva en la campaña 2024/2025, según los datos provisionales del Consejo Oleícola Internacional (COI).
La producción de aceite de oliva genera actividad económica más allá del cultivo del olivar. Su cadena de valor incluye la transformación industrial, el envasado, el transporte y la comercialización, actividades que crean oportunidades de empleo y negocio en los territorios productores. Los últimos datos del Consejo Oleícola Internacional sobre el mercado mundial del aceite de oliva indican que España encabeza el listado de países productores, seguido de Turquía, Túnez, Grecia e Italia.
Según los resultados provisionales de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE) de 2025, elaborada por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España cuenta con 2.873.396 hectáreas de olivar, frente a las 2.827.147 hectáreas registradas en 2024. Aunque el sector está presente en la mayoría de comunidades autónomas, Andalucía es –con diferencia–la que acumula la mayor parte de la producción (alrededor del 80 %), siendo Jaén la provincia más destacada con un 37 % del total. Según la información sectorial del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, más de 350.000 agricultores se dedican al cultivo del olivar en España. El Ministerio también señala que la industria asociada mantiene alrededor de 15.000 empleos y que la actividad agrícola genera más de 32 millones de jornales por campaña.
¿Cómo contribuye el aceite de oliva al empleo y al desarrollo rural?
“El aceite de oliva puede ser de gran valor para la economía local: genera empleo directo y estable en la población, tanto en el campo como en la almazara, crea una cadena de valor extendida con talleres, transportes o empresas de envases y etiquetado, abre nuevas oportunidades de negocio a través del oleoturismo y la gastronomía, y fija la población en el territorio, ayudando a mantener la tradición y generando inversión en servicios locales”, explica Susana Romera, directora técnica de la Escuela Superior del Aceite de Oliva (ESAO). “En conjunto, el olivar multiplica cada euro producido, convirtiéndose en motor de empleo, emprendimiento y desarrollo rural sostenible”.
En numerosos territorios olivareros, la transformación y comercialización del aceite de oliva constituyen actividades económicas relevantes que generan oportunidades laborales y demanda de servicios complementarios. “Si comparamos un pueblo medio de Andalucía con olivar y producción de aceite y otro sin él, vemos diferencias claras”, señala Susana Romera. “Los pueblos con presencia del sector del aceite generan puestos de trabajo estables e ingresos recurrentes, mientras los demás dependen de servicios básicos y de empleo externo. El empleo agrícola ayuda a fijar población joven y a atraer a emprendedores, y el sector del aceite, además, refuerza las infraestructuras, impulsa toda una actividad económica indirecta, genera una fuerte identidad local y mantiene las tradiciones”.
¿Qué peso tiene el aceite de oliva en la economía y el comercio mundial?
El sector del aceite de oliva español es el principal actor de este mercado a nivel internacional. Alrededor del 65 % de lo que se produce en el país acaba exportándose a prácticamente todos los países del globo. El comercio exterior es una de las principales actividades económicas del sector oleícola español. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, durante los ocho primeros meses de la campaña 2024/2025, España exportó más de 630.000 toneladas de aceite de oliva. Italia, Estados Unidos, Portugal y Francia figuraron entre sus principales mercados de destino. Aunque también se importa aceite de otros países, en la última década España ha mantenido una balanza comercial positiva, vendiendo bastante más cantidad de la que compra.
“El aceite de oliva tiene un impacto claro en la economía nacional, tanto en la balanza comercial, con más de 3.000 millones de euros de superávit anual gracias a las exportaciones de aceite, como en el empleo directo e indirecto y el impulso de la innovación y el desarrollo”, subraya la directora de ESAO. “A nivel internacional, el impacto también es evidente: España es el primer productor y exportador a nivel mundial. Además, no solo se exporta aceite, sino también ‘know-how’, como tecnologías de almazara, se atrae inversión extranjera, se diversifican mercados y se promocionan los valores de la dieta mediterránea”.
Vender aceite de oliva en el extranjero también implica gestionar los plazos de cobro y las fluctuaciones de las divisas. BBVA ofrece anticipos de exportaciones para que las empresas puedan disponer del dinero de sus facturas antes del vencimiento y gestionar estas operaciones, una vez contratada la línea, desde la banca online. Además, el simulador de coberturas de BBVA Empresas permite comparar escenarios de tipo de cambio y valorar alternativas para fijarlo mediante operaciones a plazo. Así, los exportadores pueden planificar mejor su liquidez y evaluar el riesgo cambiario antes de cerrar una operación, sujeto a las condiciones de cada producto.
¿Qué papel tienen los distribuidores en la cadena de valor del aceite de oliva?
Para Susana Romera, “los distribuidores de aceite de oliva son la bisagra entre el campo y el consumidor final y su peso económico se aprecia tanto por los ingresos que generan como por el papel estratégico que desempeñan”. Según la experta, los distribuidores:
- Canalizan la mayor parte del aceite que sale de las almazaras hacia supermercados, hostelería y exportación.
- Generan empleo directo en envasado, logística, control de calidad y marketing.
- Facilitan la comercialización del aceite y contribuyen a planificar el almacenamiento, la distribución y las ventas de cada campaña.
- Mantienen los canales que más aceite mueven hacia los mercados exteriores.
- Abren nuevos mercados, adaptando envases, normativas y mensajes al contexto local.
- Construyen marca y promueven la innovación en ‘packaging’ sostenible, formatos monodosis o nuevas mezclas varietales.
“Los grandes distribuidores aportan financiación al eslabón productor, acercan el aceite de oliva a nuevos consumidores y sostienen toda una red de empleo, logística e innovación que va mucho más allá de mover botellas de un punto a otro. Sin ellos, el aceite perdería visibilidad y capacidad de expansión global”, asegura Romera.
¿Cuáles son los principales retos y oportunidades del sector del aceite de oliva?
La producción de aceite de oliva a nivel mundial se ha triplicado en los últimos 60 años, según el Consejo Oleícola Internacional, acompañando a un gran crecimiento de la demanda que, en los últimos años, se ha ido moderando (aunque mantiene la tendencia positiva). La expansión del cultivo del olivar a países como Chile, Estados Unidos y Australia ha ampliado la presencia internacional del sector. Al mismo tiempo, la variabilidad climática, los costes de producción y las fluctuaciones de la oferta y la demanda plantean desafíos para productores y comercializadores.
“Los olivicultores que inviertan en riego eficiente, agricultura regenerativa y variedades adaptadas al cambio climático tendrán ventaja. Además, la digitalización, la trazabilidad y la sostenibilidad han dejado de ser opcionales para convertirse en requisitos de acceso a las grandes cadenas y a la exportación”, subraya la directora técnica de la Escuela Superior del Aceite de Oliva (ESAO). “En conjunto, el sector presenta buenas perspectivas, pero exigirá profesionalización, formación, innovación comercial y una narrativa de marca sólida para capturar el valor que el mercado global está dispuesto a pagar”.
En este sentido, la experta señala que los mayores retos del sector del aceite de oliva son el alza de los costes de producción, derivada del aumento de los precios del agua, la energía y los productos fitosanitarios, la volatilidad del precio final de venta, el impacto del cambio climático (tanto a nivel de producción como a nivel de regulaciones cada vez más exigentes), la necesidad de diferenciar el producto y resaltar sus valores añadidos y la necesidad de trabajar de forma conjunta para hacer frente a estos desafíos.
“El sector debe producir mejor y vender mejor y esto se logra aumentando su formación y su profesionalización, invirtiendo en eficiencia agronómica, construyendo marcas sólidas que comuniquen origen y calidad y diversificando canales”, concluye Romera. La capacidad de adaptación de productores, almazaras y distribuidores será determinante para afrontar los cambios del mercado y mantener la competitividad del sector.
El aumento del coste del agua, la energía y otros suministros obliga a los productores de aceite de oliva a planificar cuándo necesitan liquidez y cómo financiar los gastos de cada campaña. En España, BBVA ofrece la Agrocuenta de Crédito, una línea de financiación para autónomos y pymes agrícolas que permite disponer de fondos para necesidades de circulante y existencias, sin tener que justificar cada disposición con facturas. El límite publicado oscila entre 5.000 y 50.000 euros, con liquidaciones trimestrales y renovación anual sujeta a las condiciones del producto. De este modo, el agricultor puede contar con un margen financiero para atender los gastos habituales de la explotación sin tener que solicitar una financiación distinta para cada necesidad.
Preguntas frecuentes sobre el sector del aceite de oliva
¿Por qué el sector del aceite de oliva es clave para la economía?
Porque genera empleo rural, impulsa las exportaciones y sostiene una amplia cadena de valor agroindustrial.
¿Qué papel tiene España en el mercado mundial del aceite?
España es el principal productor y exportador de aceite de oliva a nivel mundial.
¿Cómo contribuye el aceite de oliva al desarrollo rural?
Fija población, crea empleo estable y dinamiza actividades económicas indirectas.
¿Cuáles son los principales retos del sector oleícola?
El cambio climático, el aumento de costes y la necesidad de diferenciar el producto.