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COP31 08 sep 2026

BBVA Research: La COP de Turquía debe convertir los compromisos climáticos en medidas concretas y verificables

BBVA Research considera que la COP31 que se celebrará en Antalya (Turquía) en noviembre debe convertir los compromisos climáticos en medidas concretas y verificables. El servicio de estudios señala que la gobernanza climática cuenta ya con una estructura de compromisos e iniciativas, pero mantiene una brecha entre los objetivos anunciados y su consecución. En un reciente informe climático señala que la financiación es uno de los factores que determinarán el avance de las medidas acordadas.

Las Conferencias de las Partes (COP, por sus siglas en inglés) han construido durante tres décadas el marco internacional para abordar el cambio climático. El Acuerdo de París de 2015 estableció un modelo basado en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), junto con mecanismos de transparencia, financiación, adaptación o mercados de carbono.

Sin embargo, el informe de BBVA Research, ‘COP31: From Commitments to Credible Delivery’, señala que el principal reto se encuentra ahora en trasladar esos compromisos a medidas que puedan medirse, financiarse y someterse a seguimiento.

“La COP31 debería significar el paso de los compromisos a la ejecución. El reto no es sumar nuevas iniciativas, sino conseguir que los objetivos cuenten con medidas concretas, financiación y mecanismos que permitan evaluar sus resultados”, señala Julián Cubero, economista líder de Cambio Climático de BBVA Research.

Según los datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) recogidos en el informe, la proyección de calentamiento global a finales de siglo XXI asociada a las políticas actuales ha pasado de alrededor de 3,7 °C en 2015 a unos 2,8 °C en 2025. El cumplimiento de las NDC reduciría esa estimación hasta aproximadamente 2,3 - 2,5 °C. Ambas trayectorias se mantienen, no obstante, por encima de los objetivos de temperatura del Acuerdo de París.

Por un lado, existe una brecha de implementación entre los compromisos de los países y las políticas que aplican. Por otro, persiste una brecha de ambición entre esos compromisos y los objetivos del Acuerdo de París.

Objetivos medibles

El análisis plantea que la COP31 debería evaluarse menos por el número de iniciativas que anuncie y más por la capacidad de convertir los acuerdos en políticas, proyectos, financiación y mecanismos de seguimiento.

Entre las propuestas de la COP31 que BBVA Research repasa se encuentra el ‘Climate Implementation Bridge’, concebido para conectar las NDC y los Planes Nacionales de Adaptación (NAP, por sus siglas en inglés) con la política económica, los proyectos susceptibles de recibir inversión y las fuentes de financiación, con atención a las economías en desarrollo.

El informe también recoge varios objetivos globales planteados en el marco de la COP31. Entre ellos figuran elevar la participación de la electricidad en la demanda final de energía desde algo más del 20% actual hasta el 35% en 2035, reducir a la mitad el crecimiento de los residuos globales para ese año, disminuir al menos un 25% la intensidad energética de los edificios y elevar hasta un mínimo del 15% el uso de materiales reciclados en la industria.

BBVA Research advierte de que el avance de la electrificación contribuye a la descarbonización en la medida en la que la nueva demanda eléctrica se cubra cada vez más con generación baja en carbono y cuente con redes, almacenamiento y políticas que permitan sustituir el consumo de energía procedente de combustibles fósiles.

La financiación, entre los retos de la implementación

El informe identifica la financiación como clave para que los compromisos se conviertan en realidad. La financiación climática aportada y movilizada por los países desarrollados para las economías en desarrollo pasó de alrededor de 50.000 millones de dólares en 2013 a más de 130.000 millones en 2023 y 2024, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) incluidos en el análisis.

El Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado sobre Financiación Climática (NCQG, por sus siglas en inglés), acordado en la COP29, establece al menos 300.000 millones de dólares anuales para 2035, con los países desarrollados al frente como fuente de financiación, dentro de un objetivo más amplio de movilizar al menos 1,3 billones de dólares al año de financiación pública y privada en los países en desarrollo.

BBVA Research señala que la financiación no es una cuestión de acordar volúmenes agregados, cuyo logro depende del funcionamiento de mecanismos de intermediación financiera. Alcanzar el objetivo de 1,3 billones de dólares requerirá que el sistema financiero privado amplíe su capacidad para originar, estructurar y distribuir financiación climática y de transición, especialmente en las economías en desarrollo, donde los elevados costes de financiación, el riesgo cambiario y la limitada cartera de proyectos financiables restringen la inversión. Por tanto, la financiación pública y concesional debería evaluarse, en parte, por su capacidad para mejorar la viabilidad financiera de los proyectos y movilizar capital privado —mediante garantías, instrumentos de reparto de riesgos, soluciones en moneda local y preparación de proyectos—, preservando al mismo tiempo la sostenibilidad de la deuda.

Cinco criterios para evaluar los acuerdos

El informe propone un cuadro de mando para medir el grado de concreción de las iniciativas y si existen condiciones para su implementación y seguimiento. El análisis contempla cinco criterios: que disponga de un objetivo cuantificado, una referencia y un plazo; que identifique instrumentos (políticas, proyectos e instituciones responsables); que concrete las fuentes y los mecanismos de financiación; que establezca indicadores públicos y una frecuencia de seguimiento; y que resulte coherente con los objetivos climáticos.

El análisis destaca que las cumbres climáticas deben ir más allá de los acuerdos formales entre gobiernos y consolidarse como plataformas catalizadoras de una implementación real. Para ello, BBVA Research subraya el papel de un ecosistema complementario que involucra a coaliciones de países, ciudades, empresas e instituciones financieras, capaz de acelerar la transición climática allí donde la negociación multilateral es más lenta. A través de esquemas sectoriales de oferta y demanda —como la Breakthrough Agenda o la First Movers Coalition— y alianzas de financiación público-privada como las JETP (Just Energy Transition Partnerships), las COP funcionan hoy como espacios estratégicos para estructurar proyectos viables para la inversión, crear mercados para tecnologías limpias y coordinar a los actores clave.

En este sentido, de cara a la COP31 de Antalya, BBVA Research incide en que la métrica del éxito no debe ser el volumen de compromisos anunciados, sino una estricta disciplina de ejecución. Instrumentos como el Climate Implementation Bridge o el Global Implementation Accelerator solo aportarán valor si garantizan que cada iniciativa cumpla con los criterios rigurosos de implementación que propone el informe. En definitiva, la efectividad de la cumbre en Turquía se juzgará tanto por los avances en la negociación formal como por la capacidad de este ecosistema global para movilizar políticas e inversiones que generen cambios tangibles e irreversibles en la economía real.

BBVA Research concluye que el éxito de la COP31 dependerá de la capacidad de avanzar en la implementación de los acuerdos pendientes en materias como adaptación, mitigación, transición justa y financiación, así como de establecer mecanismos que permitan seguir sus resultados.

Más allá de los acuerdos formales

El análisis también destaca que las cumbres climáticas deben ir más allá de los acuerdos formales entre gobiernos y consolidarse como plataformas catalizadoras de una implementación real de iniciativas en las que participe el sector privado y la sociedad civil.

Para ello, BBVA Research subraya el papel de un ecosistema complementario que involucra a coaliciones de países, ciudades, empresas e instituciones financieras, capaz de acelerar la transición climática allí donde la negociación multilateral es más lenta. A través de esquemas sectoriales de oferta y demanda —como la Breakthrough Agenda o la First Movers Coalition— y alianzas de financiación público-privada como las JETP (Just Energy Transition Partnerships), las COP han de funcionar como espacios estratégicos para estructurar proyectos viables para la inversión, impulsar mercados para tecnologías limpias y coordinar a los actores clave.

En definitiva, la efectividad de la cumbre en Turquía se juzgará tanto por los avances en la negociación formal como por la capacidad de este ecosistema global para movilizar políticas e inversiones que generen cambios tangibles e irreversibles en la economía real".