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¿Qué es el Acuerdo de París y qué supone para el planeta?

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Un evento global: Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21). Un lugar y un año: la capital francesa, 2015. Y un hito histórico: por primera vez tanto los países desarrollados como en vías de desarrollo se comprometían a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), fundamentalmente las de dióxido de carbono (CO2). En este evento climático nacía el Acuerdo de París. Lo firmaron 195 naciones y, a primeros de 2021, lo habían ratificado 189.

El triple objetivo del Acuerdo de París sigue siendo limitar el aumento medio de la temperatura global a 2 grados centígrados respecto a los niveles preindustriales, redoblar esfuerzos para no superar la cota de 1,5 grados a final de este siglo y alcanzar la neutralidad climática en 2050, es decir, que la cantidad de CO2 liberado a la atmósfera (el principal gas causante del calentamiento global) por la actividad humana sea equivalente a la que absorben los sumideros naturales, como los bosques.

Desde 2020, el Acuerdo ha sustituido al Protocolo de Kyoto como principal régimen climático internacional. La gran diferencia entre ambos es que en el anterior solo los países desarrollados tenían la obligación de recortar sus emisiones un 5% de media anual entre 2008 y 2012, respecto a las del año tomado como base: 1990.

Unidad y financiación verde

Otra gran diferencia: el cumplimiento del Acuerdo de París se considera voluntario, sin embargo la presentación de compromisos es vinculante, involucra a todas las naciones y, también por vez primera, a actores no estatales como gobiernos regionales y locales, empresas, inversores y la sociedad civil. Estos actores se agrupan en la plataforma NAZCA, con más de 18.200 integrantes y más de 27.000 acciones e iniciativas climáticas, según cifras de su web.

Además, el Acuerdo impulsa la inversión sostenible al alinear la financiación con sus objetivos climáticos a partir de criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo. La finalidad de esta medida clave es que las entidades financieras y los mercados redirijan flujos de capital hacia proyectos verdes.

En otras palabras, su implementación implica la superación paulatina de las energías fósiles (carbón, petróleo y gas), el principio del reinado de las energías renovables (solar fotovoltaica, eólica, biomasa, hidráulica, biocarburantes…) y revertir la tradicional tendencia de crecer a costa de contaminar más.

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Más deterioro, más acción

Pero los avances del Acuerdo son insuficientes respecto a los plazos y objetivos previstos. Así lo advierte el secretario general de la ONU, António Guterres, que pide más ambición, más determinación y más rapidez al actuar. Señala que el deterioro de la naturaleza se acelera, a pesar incluso del derrumbe de la actividad mundial por la pandemia y de la revisión al alza de los compromisos por parte de la mayoría de los estados.

El Acuerdo tenía previsto para 2020 el primer examen quinquenal de las contribuciones nacionales a la reducción de emisiones, con nuevos compromisos para los próximos cinco años. Pero en ausencia de la COP26 de Glasgow, aplazada para 2021 por el COVID 19, la ONU celebró el 12 de diciembre de 2020 la Cumbre de Ambición Climática para reforzar los objetivos de París.

Resultado: 45 países actualizaron sus planes de recorte de emisiones de CO2 durante la próxima década, 24 se comprometieron a alcanzar en 2050 la neutralidad de carbono y 20 presentaron planes más sólidos de adaptación y resiliencia.

También queda pendiente la regulación del mercado de carbono, el conocido artículo 6 del Acuerdo —el principal escollo en las negociaciones—, que ordena el comercio mundial de derechos de emisiones. ¿Cómo? Permite a un país que ha reducido el porcentaje asignado vender el monto sobrante a los que no consigan recortar el suyo. Algunos actores recelan de su contabilidad y su eficacia.

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¿Señales para el optimismo?

China, el mayor emisor global de CO2, dice que quiere alcanzar su pico de emisiones en 2030 y ser neutral en carbono antes de 2060. Japón y Corea del Sur pretenden lograrlo 10 años antes.

Estados Unidos ha regresado al Acuerdo —el entonces presidente Trump solicitó en 2017 su salida, que se hizo efectiva en noviembre de 2020— y ha anunciado una inversión de 1,7 billones de dólares en energías limpias para la próxima década. Reino Unido promete un recorte de emisiones del 68%, desde el 53%, para 2030. Y la Unión Europea ha elevado ese objetivo del 40% al 55% para la misma fecha e impulsa su política de sostenibilidad con las inversiones del Pacto Verde.

El cambio climático es una realidad global. Copa los primeros cinco puestos del informe de riesgos internacionales de 2020 del Foro Económico Mundial de Davos. Alarma la acelerada pérdida de biodiversidad, el auge de las temperaturas extremas, los desastres naturales, el estrés hídrico y el impacto socioeconómico de todos estos fenómenos.

Dos datos recientes lo constatan: un millón de especies está en peligro de extinción, según un informe de 2019 de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas. Y 2020 será uno de los tres años más cálidos desde que existen registros pese a los confinamientos y la caída de la actividad económica —entre enero y octubre, la temperatura media global fue 1,2 grados centígrados superior a los niveles preindustriales (1850-1900)—, según el último estudio de la Organización Meteorológica Mundial publicado en diciembre.

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