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Act. 10 sep 2021

Cómo integrar los criterios sostenibles en una cartera de inversión

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Lejos de ser una moda, la inversión socialmente responsable es una tendencia que va calando en el mundo de la gestión de activos, a medida que aumenta la demanda de los inversores y los requerimientos de los supervisores en el campo de la sostenibilidad. Pero, a la hora de la verdad, ¿cómo aterrizar los criterios sostenibles en la gestión de carteras? En el caso de BBVA Asset Management, la aplicación real en las carteras es transversal e involucra a toda la organización.

A comienzos de 2020, la gestora de activos del Grupo BBVA presentó su Plan de Sostenibilidad, con el objetivo de incorporar los criterios de  sostenibilidad al proceso de inversión de todos los vehículos gestionados. Este proceso es transversal y requiere implicar a todas las áreas de la organización.

A la hora de aterrizar la inversión ESG en las carteras de los vehículos gestionados, como fondos de inversión y planes de pensiones, la variable sobre la que gira el proceso es una calificación o ‘rating’ ESG (medioambiental, social y de gobierno corporativo, por sus siglas en inglés), que ha desarrollado BBVA AM internamente, con una metodología propia de análisis apoyada en datos de proveedores externos.

A través de ese análisis, cada activo que compone la cartera de un vehículo de inversión recibe una calificación que puede ser A, B o C; donde A se le asigna a los activos con buena calificación ESG, B, a los activos con una calificación media y C, a aquellos con una mala calificación o con controversias. Visualmente, se le asigna un color a cada calificación: verde (A), amarillo (B) y rojo (C).

Como norma general, los activos con calificación C no pueden formar parte de las carteras. No obstante, ¿qué ocurre con los activos con esa calificación que estaban en las carteras antes del lanzamiento del plan de sostenibilidad? Para aquellos activos en cartera a los que se les asigna una C de manera sobrevenida se define un plan de acción, con tres posibilidades:

  • Implicación o ‘engagement’ con la compañía. Consiste en acometer acciones proactivas para influir e implicar a la compañía para que adopte políticas ESG. Se puede hacer de manera directa, hablando con la compañía y realizando un acompañamiento en el proceso, o de manera indirecta, a través de otras gestoras o de foros en los que se tenga participación.
  • Desinversión, es decir, vender ese activo y sacarlo de las carteras.
  • Mantenimiento hasta vencimiento si se trata de un activo de renta fija con un vencimiento próximo.

Esta política es de aplicación en el proceso inversor de todos los productos gestionados por BBVA Asset Management, de momento en Europa, aunque se irá extendiendo a otras regiones en las que la gestora opera.

“Hemos desarrollado políticas de ‘rating’ diferentes en función del tipo de activo. No es lo mismo la granularidad que puedan tener compañías o emisores de bonos privados que los gobiernos. Como tampoco es igual la información que podemos obtener de un proveedor externo de la que podemos obtener nosotros internamente. De ahí que haya diferentes soluciones o aproximaciones”, explica Alberto Gómez-Reino, responsable de Inversión Sostenible en BBVA Asset Management.

En el caso de la deuda soberana, la que emiten los gobiernos, la gestora ha desarrollado una calificación con criterios internos. Pero para el caso de la renta variable o de los emisores privados de renta fija (empresas e instituciones) se apoya en proveedores externos para detectar controversias en materia sostenible y separar los activos en los tres niveles de calificación.

A la hora de analizar fondos de inversión de terceros y fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés), el criterio de análisis es doble. Por un lado, hay un proceso de análisis puramente cuantitativo, para el que se utiliza la información extra financiera de proveedores externos. Por otro lado, se añade una capa de control cualitativa donde interviene Quality Funds, el área de análisis de fondos de terceros de Grupo BBVA. Quality Funds elabora un ‘rating’ cualitativo para definir si una gestora, un fondo o un ETF integra criterios sostenibles de una manera eficaz y transparente. Para ello, analiza los siguientes parámetros:

  • En primer lugar comprueba si la gestora tiene firmados acuerdos internacionales en materia sostenible, como por ejemplo los Principios de Inversión Responsable de Naciones Unidas (UNPRI).
  • En segundo lugar, analiza si tiene una política de exclusiones clara, definida y trazable.
  • En tercer lugar se analiza cuál es la filosofía e integración de los procesos sostenibles en la toma de decisiones de la cartera.
  • Por último, analiza cómo es de transparente la gestora a la hora de comunicar su actividad en materia sostenible. “Es muy importante hacer, mostrar y transparentar”, puntualiza Gómez-Reino.

Tener un ‘rating’ cualitativo es muy relevante, porque hay determinadas clases de estrategias de inversión en fondos de terceros a cuya información cuantitativa es difícil acceder o no está disponible. Es el caso, por ejemplo, de los mercados privados (no cotizados) o las estrategias de retorno absoluto. “Es importante, porque podemos no tener la información de los instrumentos en cartera, pero sí de los acuerdos y compromisos que tiene la entidad y qué estrategias sostenibles utiliza en el fondo”, añade Gómez-Reino.

Tener un ‘rating’ cualitativo es muy relevante, porque hay determinadas clases de estrategias de inversión en fondos de terceros a cuya información cuantitativa es difícil acceder.

Crece la cobertura de activos ESG

Cuando BBVA Asset Management lanzó el Plan de Sostenibilidad, el primer paso para aterrizarlo a las carteras fue analizar los activos para determinar su ‘rating’. Hace un año la gestora tenía cubiertos 1.840 activos, principalmente de renta variable. En el último año se ha más que duplicado esa cobertura, hasta 4.330 activos, principalmente al aumentar la cobertura en bonos corporativos, activos monetarios, fondos y ETF.

A partir de ahora el objetivo es introducir un control en el proceso para evitar que entren activos con calificación C en las carteras. Este control se realiza en tres niveles. El primero consiste añadir un análisis de criterios sostenibles al análisis financiero. El segundo paso es introducir un control en la operativa dentro de los sistemas de gestión. “Cuando introducimos una orden en los sistemas nos salta una alarma si intentamos comprar un activo catalogado internamente como C. Si aún así lográramos introducir esa orden, hay un último paso de control que es el área de riesgos, que periódicamente y de forma rigurosa analiza todos los vehículos de la casa línea por línea y nos da un informe si se nos ha colado algún instrumento tipo C”, explica Antonio Hernández Corona, responsable de ‘asset allocation’ Institucional de BBVA Asset Management.

“De esta manera, se integran los sistemas de gestión, de control de riesgos, de cumplimiento, de producto y de ‘reporting’, con lo cual se logra una aproximación global. El objetivo de ser muy ambiciosos en este aspecto y tener características sostenibles en todas las carteras requiere de la implicación de toda la organización”, apunta Hernández Corona.

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