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Estas son las huellas que afectan a la sostenibilidad de nuestro planeta

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Las huellas que los seres humanos vamos dejando a nuestro alrededor son tan evidentes que les hemos puesto nombre: huella ecológica, hídrica, material, de carbono, social o del suelo. El cambio climático causado por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) las han hecho más evidentes.

La tormenta arreciaba y la lluvia caía con fuerza. Las laderas de la duna, demasiado escarpadas, complicaban el camino un poco más. Un último esfuerzo y estaría en casa, a salvo, con su familia. Aquel día en la vida de Eva terminó bien, por suerte, pero aquellos pasos rápidos sobre la arena iban a cambiar el mundo. Más de 100.000 años más tarde, con la duna transformada ya en roca arenisca a orillas del lago Langebaan (Sudáfrica), sus huellas se convirtieron en las más antiguas que hasta ahora se han encontrado de un ser humano moderno. Son los pasos de una de las primeras generaciones de Homo sapiens que recorrieron el continente africano.

Cerca de las huellas de Eva, descubiertas en 1995, se encontraron también restos de varias herramientas de piedra de la misma época. Aquellos primeros sapiens ya estaban cambiando el mundo a su alrededor. Y es que desde que nuestra especie apareció en el planeta no ha parado de dejar su huella, ya sea literal o metafóricamente. Hoy, cuando nos enfrentamos al cambio climático causado por las emisiones de gases de efecto invernadero, a la pérdida de biodiversidad o la escasez de agua, nuestras huellas son más evidentes que nunca. Tanto, que les hemos puesto nombre.

Estas son las huellas que afectan a sostenibilidad de nuestro planeta

Huella ecológica

En menos de ocho meses, la población global ha agotado el presupuesto ecológico de la Tierra. Es decir, desde el 28 de julio de 2022, estamos viviendo de prestado, con recursos que el planeta no es capaz de regenerar en un año. La fecha, popularizada como el Día de la Deuda Ecológica, se adelanta cada vez más y todavía cae más temprano en los países más desarrollados. Si todo el mundo viviese como los cataríes, por ejemplo, el Día de la Deuda Ecológica sería el 10 de febrero. España (12 de mayo), Chile (15 de mayo) o Argentina (24 de junio) también están entre los países que agotan antes su presupuesto.

El Día de la Deuda Ecológica es una forma muy clara de plasmar el concepto de huella ecológica. De hecho, ambos están desarrollados por la misma organización, la Global Footprint Network. La huella ecológica sirve para medir la demanda de capital natural de las sociedades humanas y la capacidad de la Tierra para cubrirla. Para calcular la demanda, se suman los activos ecológicos y recursos que requiere una determinada población o producto (como alimentos, fibras, madera o espacio), así como el uso de las superficies productivas. Para medir la oferta, se calcula la productividad de los activos ecológicos de una ciudad, región o país donde se ubica la población, así como la capacidad de los terrenos no cultivados para absorber residuos.

'Podcast': Las huellas que afectan a nuestro planeta

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Huella del suelo

Dentro del concepto de huella ecológica, se han desarrollado de forma paralela varias formas de medir impactos ambientales concretos. La huella del suelo, por ejemplo, cuantifica cuánto espacio natural es necesario para producir una materia prima concreta, independientemente del lugar donde sea consumida. En Europa, por ejemplo, no se produce algodón, pero sí tejidos hechos con este material. El cultivo de algodón ocupa el 2,5 % de toda la superficie cultivable del planeta o, lo que es lo mismo, algo más de 35 millones de hectáreas.

Huella material

Otra de las mediciones que podríamos encajar dentro de la huella ecológica es la huella material. Esta sirve para medir la cantidad de materias primas extraídas para fabricar los bienes y servicios consumidos en una determinada región o país. La huella material de la Unión Europea es de 6.500 millones de toneladas de materias primas al año. Los países con mayores huellas materiales por habitante son, con datos de 2019, Finlandia, Rumania y Estonia, mientras España, Italia y los Países Bajos cierran la parte baja del listado.

Huella hídrica

¿Cuánta agua consume una persona en un día? Bebemos entre uno y dos litros, otros 100 litros se van en una ducha de cinco minutos, otros 10 litros cuando ponemos el lavavajillas… No parece demasiado. Pero, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), producir los alimentos que consume una persona en un día necesita entre 2.000 y 5.000 litros de agua. Y fabricar una camiseta de algodón requiere unos 2.700 litros. Todas estas medidas entran dentro de lo que se conoce como huella hídrica.

Mientras la huella ecológica está más enfocada a grandes poblaciones, el concepto de huella hídrica mide la cantidad de agua utilizada para producir cada uno de los bienes y servicios que utilizamos. Mide desde un proceso único, como el cultivo de patatas, o un producto, como la camiseta de algodón, hasta el consumo de toda una empresa. Aunque es menos habitual, también se puede aplicar a países o a cuencas hidrográficas concretas. De acuerdo con la Water Footprint Network, se puede hablar además de tres huellas hídricas: verde (tiene en cuenta el agua que usan las plantas), azul (analiza el agua extraída o gestionada directamente por las personas) y gris (mide la contaminación del agua).

Huella de carbono

Por cada kilómetro que un coche de gasolina o gasóleo recorre en la Unión Europea se emiten a la atmósfera 120 gramos de dióxido de carbono. Pero como en la UE circula más de un coche y se recorre mucho más que un kilómetro, el transporte genera al cabo de un año cerca de 800 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) equivalente (una unidad empleada para igualar la medición de todos los gases de efecto invernadero (GEI) que son, además del CO2, el metano o el óxido nitroso. Este es solo un ejemplo. En un planeta que depende en gran medida de los combustibles fósiles, cada acción y cada producto tienen una huella de carbono.

La huella de carbono es un indicador ambiental cada vez más utilizado que mide la cantidad total de gases de efecto invernadero emitidos, de forma directa o indirecta, por un individuo, una organización, un evento o un producto. Para calcularla, se lleva a cabo un inventario de emisiones o un análisis de ciclo de vida de un producto, en función de lo que se quiera analizar, utilizando algunas de las metodologías y estándares internacionales desarrollados para ello. En el caso de una empresa, por ejemplo, se deben medir las emisiones directas (como las de los vehículos de empresa), las derivadas del uso de energía (dependerá en gran medida de cómo se haya producido la electricidad consumida) y las atribuibles a los productos y servicios adquiridos por la organización.

Las huellas que los seres humanos vamos dejando a nuestro alrededor son tan evidentes que las hemos puesto nombre: huella ecológica, hídrica, material, de carbono, social o del suelo

Huella social

La sostenibilidad tiene tres grandes patas. Durante muchos años, solo se le dio importancia a una de ellas: la económica. En la última década, las urgencias del cambio climático y la pérdida de biodiversidad han motivado que cada vez se tenga más en cuenta la ambiental. El tercer pilar, la sostenibilidad social, ha sido hasta ahora el que menos se ha valorado, pero la situación está cambiando. Cada vez son más las empresas y organizaciones que quieren medir su huella social.

De acuerdo con la ONG ONGAWA Ingeniería para el Desarrollo Humano, la huella social es el conjunto de impactos que genera la actividad de una empresa sobre la sociedad en la que opera, afectando de forma positiva o negativa a las posibilidades de desarrollo de esa población. Al igual que la huella ecológica mide el impacto de una actividad en el capital natural, la huella social mide el impacto en el capital antropogénico (desde las relaciones sociales hasta el desarrollo económico). En este sentido, el objetivo es siempre buscar que los impactos sociales de una empresa sirvan para crear y mantener los medios de vida de la sociedad en que suceden. Esta es una de las huellas más difíciles de medir y, también, una de las menos estandarizadas por ahora.