La regla 30-30-30 en los incendios forestales: qué significa y por qué aumenta el riesgo
La regla 30-30-30 es un criterio divulgativo utilizado para identificar condiciones meteorológicas que favorecen la rápida propagación de los incendios forestales. Se basa en la coincidencia de una temperatura por encima de los 30 grados, una humedad por debajo del 30% y unas rachas de viento con una velocidad superior a 30 km.
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El sistema de información sobre incendios de la NASA, que utiliza imágenes en tiempo real tomadas por los satélites Aqua y Terra, pinta un lienzo terráqueo lleno de puntos rojos. Desde el espacio se divisan llamas por todos los continentes. Destacan los incendios forestales extremos, los que se comportan de forma imprevisible y son difíciles de extinguir, como los que azotan estos últimos días las provincias españolas de Ávila y Madrid. Esos fuegos son similares a los ocurridos en Portugal y Chile en 2017, en California (EE. UU.) en 2018, en Australia en 2019 o en Grecia en 2023. Algunos son megaincendios por la enorme extensión quemada, su duración e impacto, y otros son considerados incendios de sexta generación: generan columnas de calor, nubes de gran tamaño, cambios de viento, gran cantidad de pavesas y superan la capacidad de respuesta de los medios de extinción convencionales.
¿Cuáles son las tres condiciones de la regla 30-30-30?
Los incendios forestales no dependen de un único factor. Su evolución es el resultado de una combinación de factores meteorológicos, características del terreno, estado de la vegetación y actividad humana. Sin embargo, existe una regla utilizada en prevención y divulgación que permite identificar situaciones especialmente peligrosas, la denominada regla 30-30-30:
- Temperatura superior a 30 oC
- Humedad relativa del aire inferior al 30%
- Rachas de viento superiores a 30 km/h.
No es un índice oficial de riesgo de incendios ni sustituye a los modelos científicos empleados por los servicios de emergencia, pero sí funciona como una referencia sencilla para explicar situaciones meteorológicas extremas en las que aumenta la probabilidad de propagación rápida del fuego.
La combinación de estos tres elementos genera un ambiente en el que la vegetación pierde humedad, los combustibles forestales arden con mayor facilidad y las llamas avanzan con más rapidez. No significa que un incendio vaya a producirse automáticamente si se cumplen estas condiciones. Para que haya fuego también debe existir una fuente de ignición, que puede ser natural —por ejemplo, un rayo— o humana, ya sea accidental o intencionada. Una vez que comienza, el incendio tendrá más probabilidades de crecer rápidamente bajo estas circunstancias.
María Leonor Calvo, catedrática de Ecología y experta en incendios del departamento de Biodiversidad y Gestión Ambiental de la Universidad de León, explica que estas tres variables “son clave en el comportamiento y la propagación de un fuego. La temperatura, la humedad y el viento forman un triángulo que te va a indicar si es alta la probabilidad de que un fuego se propague rápido, sea errático y acabe siendo inextinguible o difícil de controlar”.
¿Por qué una temperatura superior a 30°C favorece los incendios forestales?
“Con temperaturas muy altas, la vegetación pierde la humedad y esa falta de humedad en el ambiente es el primer ingrediente para que se propague el fuego”, sostiene Calvo. Esta experta viaja cada año a zonas de EE. UU. donde se dan “eventos extremos de fuego” (EWE, en sus siglas en inglés), o también llamados incendios forestales de sexta generación, para lograr entender su impacto.
Durante los episodios de calor extremo “y una vez que el fuego se inicia, la principal fuente de ignición es el combustible fino muerto: herbáceas, hojarasca, acículas (hojas de pino en forma de agujas), cortezas... Un incendio no empieza en un roble. El fuego se monta cuando un rayo, una cerilla o una chispa caen en ese tipo de combustible seco y fino”, explica la investigadora.
Además, las olas de calor prolongadas generan un estrés hídrico acumulado. Aunque la temperatura descienda puntualmente, la vegetación puede continuar muy seca después de varios días o semanas sin precipitaciones.
¿Cómo influye una humedad inferior al 30 % en la propagación del fuego?
La humedad ambiental determina en gran medida la facilidad con la que los materiales vegetales pueden arder. Cuando el aire es muy seco, la vegetación intercambia humedad con la atmósfera y pierde agua más rápidamente. Esta sequedad favorece que pequeñas llamas puedan transformarse en incendios de mayor intensidad.
“En verano hay humedades que rondan el 20%. En la provincia de León recuerdo incendios donde la humedad del combustible fino muerto era del 10%. Lo ideal para arder”. Leonor trabaja desde principios de los noventa analizando la severidad de un incendio: el rango de daño o impacto que ha provocado el fuego en un ecosistema.
¿Por qué las rachas de viento superiores a 30 km/h aceleran el fuego?
El viento es el tercer factor determinante en la evolución de un incendio. “Aporta oxígeno al fuego –comenta la ecóloga– y es el que va a establecer su dirección. Aquí también influye la topografía, cómo sea el terreno”. El viento seca todavía más la vegetación y puede transportar partículas incandescentes a zonas alejadas, generando nuevos focos. Además, modifica la dirección y velocidad de avance de las llamas, dificultando la actuación de los equipos de extinción. Un incendio impulsado por viento puede cambiar de comportamiento en pocos minutos.
¿Qué otros factores determinan la gravedad de un incendio?
Los eventos extremos de fuego se diferencian de otros tipos de incendios por la cantidad de energía que emiten. “En los incendios de Ávila y Madrid se han visto imágenes donde hay pinares con llamas de una altura de 15 a 20 metros, donde la energía emitida es de tal magnitud que trabajar en la extinción es imposible. Cuando el fuego llega a un sistema forestal con mucho combustible y se dan los tres condicionantes, se puede producir ese tipo de fuego de sexta generación. Y para ello tiene que haber mucho combustible en el eje horizontal y también en el vertical, que el matorral de abajo conecte con las copas de los árboles de arriba”, asegura María Leonor Calvo.
Aunque la regla de los tres 30 resume tres variables esenciales, la gravedad de un incendio depende también de:
- El estado de la vegetación. Un bosque con abundante biomasa seca y poca gestión forestal acumula más alimento para el fuego. “El ecosistema se convierte en una bomba energética”, aclara Calvo.
- La topografía. La pendiente del terreno acelera la propagación: el fuego asciende más rápidamente porque precalienta la vegetación situada por encima.
- La duración de la sequía. No solo importa la temperatura del día del incendio, sino el estado previo del ecosistema. Los períodos prolongados sin lluvia reducen la humedad del suelo y de las plantas.
- Las condiciones atmosféricas extremas. Fenómenos como tormentas secas, cambios bruscos de viento o corrientes verticales de aire caliente generadas por el propio incendio pueden provocar comportamientos extremos.
- La actividad humana. Según la Estadística General de Incendios Forestales (EGIF) del Ministerio para la Transición Ecológica del Gobierno de España, la mayoría de los incendios registrados en el país tienen origen humano (causas intencionadas, negligencias o accidentes).
¿Qué hacer cuando se cumplen las condiciones de la regla 30-30-30?
“La clave es el sentido común”, comenta la catedrática de la Universidad de León–. “En las condiciones en las que hablamos, no puedes pensar en hacer barbacoas, en hacer un fuego para quemar restos o bordes de terreno, en usar maquinaria donde puede haber un descuido o accidente… Si hay restricciones de circulación o movimiento, tienen que cumplirse; no debe haber vegetación alta junto a las casas”.
En el caso de España, las autoridades recomiendan:
- Evitar actividades que puedan generar chispas, como trabajos con maquinaria, soldaduras o herramientas que produzcan calor.
- No realizar quemas agrícolas o de restos vegetales.
- No arrojar colillas ni residuos en zonas forestales.
- Restringir actividades en áreas de alto riesgo cuando lo indiquen las autoridades.
- Mantener despejadas las zonas próximas a viviendas situadas en áreas forestales.
- Seguir las alertas oficiales de protección civil y servicios meteorológicos.
Los expertos también han elaborado manuales de educación forestal para proteger la casa ante un incendio.
“Ahora la gente está empezando a concienciarse, sobre todo para aprender a convivir con el fuego, y vamos a tener que hacerlo todos. En muchos pueblos ya hay planes claros de dónde están las bocas de agua y las vías de evacuación, qué tengo que llevarme si tengo que abandonar mi casa o cómo cumplir esas órdenes de evacuación. Son básicas para protegernos todos. En el estado de Oregón, por ejemplo, se hace formación de voluntarios con los rancheros que tienen ganado para que puedan llevar a cabo la primera actuación ante un fuego”, afirma la experta de la Universidad de León.
Cómo influye el cambio climático en la regla 30-30-30
El cambio climático no provoca incendios directamente pero sí tiene un efecto importante en favorecerlos. Como admite la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el calentamiento global modifica los umbrales ambientales al extender los periodos de calor extremo y la sequedad del suelo. “El cambio climático aumenta la temperatura, las olas de calor son más profundas y continuadas. Si unes sequías prolongadas y temperaturas extremas, como las que están sucediendo en los últimos años, se están asegurando dos de los tres factores de la regla 30-30-30. Solo faltaría el viento. Los expertos calculan que para 2023 se extenderán hasta cuatro semanas los periodos de incendios”, comenta Leonor Calvo.
El impacto económico y medioambiental de los grandes incendios
Cuando coinciden estos factores y el incendio alcanza un comportamiento extremo, las consecuencias trascienden la superficie quemada y afectan también a la biodiversidad, la economía, la salud humana y la capacidad de los ecosistemas para recuperarse.
Desde el punto de vista ambiental:
- Pérdida de hábitats y especies
- Degradación del suelo
- Erosión
- Emisiones de dióxido de carbono (CO2)
- Alteración del ciclo del agua
Desde el punto de vista económico, generan costes asociados:
- Labores de extinción
- Restauración ambiental
- daños en infraestructuras
- pérdida de actividad agrícola, ganadera y turística
“El mayor impacto es para la sociedad –concreta la catedrática de Ecología– porque los incendios afectan a las personas y sus bienes, pierden su medio de vida. Luego están las pérdidas tangibles ambientales, el suelo afectado que tarda en recuperarse, la capacidad de adaptación de la vegetación también se va perdiendo… por no hablar de que también se pueden agravar determinadas enfermedades… Tenemos que conocer la historia de nuestros incendios y sus consecuencias para hacer una mejor gestión”, concluye Leonor Calvo, que ve en la teledetección con sensores, drones o satélites y en los estudios de campo las principales herramientas para saber cómo convivir con los incendios.
Preguntas frecuentes sobre la regla 30-30-30
¿Qué es la regla 30-30-30 en los incendios forestales?
La regla 30-30-30 es un criterio divulgativo que identifica condiciones meteorológicas que favorecen la rápida propagación de los incendios forestales. Hace referencia a temperaturas superiores a 30 grados, una humedad relativa inferior al 30 % y rachas de viento superiores a 30 km/h.
¿La regla 30-30-30 significa que se producirá un incendio?
No. La regla no predice que vaya a iniciarse un incendio. Para que exista fuego es necesaria una fuente de ignición, ya sea natural o de origen humano. La regla indica únicamente que, si el incendio comienza, tendrá más probabilidades de propagarse rápidamente.
¿Por qué el viento favorece la propagación del fuego?
El viento aporta oxígeno a la combustión, seca la vegetación y puede transportar partículas incandescentes que originan nuevos focos. Además, modifica la velocidad y la dirección de avance del incendio, dificultando las labores de extinción.
¿Cómo influye el cambio climático en el riesgo de incendios forestales?
El aumento de las temperaturas, las olas de calor más frecuentes y las sequías prolongadas favorecen condiciones que incrementan el riesgo de incendios forestales de comportamiento extremo.
¿Qué precauciones deben tomarse cuando se cumplen las condiciones de la regla 30-30-30?
Se recomienda evitar actividades que puedan generar chispas, no realizar quemas agrícolas o de restos vegetales, respetar las restricciones establecidas por las autoridades y seguir las alertas de Protección Civil y de los servicios meteorológicos.