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Astrofísica 20 dic 2016

20 años de la muerte de Carl Sagan

Corría el año 1939 en Nueva York. Tiempos duros para la Gran Manzana, que a duras penas conseguía levantar cabeza de la Gran Depresión del 29 que tantos sueños se había llevado por delante entre la población americana. Las crisis económicas tienen la facultad de ahogar en un vaso las esperanzas en el futuro que de forma innata albergamos las personas, por eso aquella maqueta de 3.300 metros cuadrados con medio millón de edificios, miles de árboles de diferentes especies y más de 50.000 coches en miniatura que formaba parte de una Exhibición llamada ‘Futurama’ ejerció una fascinación sin precedentes entre todos los que aquel año visitaron la Gran Exposición Universal de Nueva York.

La obra en cuestión fue creada por el diseñador industrial Norman Bel Geddes en el pabellón de la General Motors y su pretensión fue mostrar cómo podría ser el mundo 20 años después de aquella fecha, en 1960: con carreteras de 14 carriles y cientos de coches manejados por radiocontrol; rascacielos vanguardistas con helipuertos y grandes espacios para los peatones en las ciudades. Cultivos a salvo de plagas y completamente controlados en el campo…

En esa ventana abierta hacia el futuro en forma de exposición, se posaron los ojos de un niño judío de Nueva York que formaba parte de una humilde familia de emigrantes ucranianos. Se llamaba Carl Sagan y la impresión que le produjo aquella maqueta fue tan importante que, con los años, le llevaría a convertirse en uno de los más importantes astrónomos y astrofísicos de la historia. En aquella Exposición Universal pudo contemplar también cómo el sonido de un diapasón se convertía en una onda en un osciloscopio, cómo una célula fotoeléctrica podía crear un sonido o cómo a través de lo que parecía una caja –la televisión- se podían trasmitir imágenes. Tal y como él afirmaría años más tarde, en aquel pabellón comprendió que “sencillamente, el mundo contenía maravillas que yo nunca había imaginado”.

Desde aquella exhibición, el joven Carl se convirtió en un asiduo de la Biblioteca de Nueva York, donde se empaparía de todo lo que se había publicado acerca de la Astronomía, ciencia que le apasionaba. En 1955 se licenció en la Universidad de Chicago, en la que obtuvo un año más tarde un Máster de Física que le permitió comenzar su tesis doctoral. Casualidad o no, se doctoró precisamente en el año 1960 -aquel que imaginaba la exposición de Futurama- y, desde entonces, se centró en estudiar la meteorología de Venus y Marte.

Durante años trabajó como asesor de la NASA, en la que, entre otras funciones, fue el encargado de dar las instrucciones del Programa Apolo a los astronautas que viajaron hasta la luna. También formó parte de las misiones que enviaron naves a explorar el Sistema Solar y a él se le ocurrió la idea de incluir un mensaje universal en las naves que abandonasen el sistema solar para que pudiera ser comprendido por cualquier inteligencia extraterrestre. De hecho, fue el encargado de elaborar el primer mensaje físico enviado al espacio exterior: se trataba de una placa anodizada, unida a la sonda espacial Pioneer 10, lanzada en 1972.

Durante años publicó prestigiosas investigaciones a nivel mundial sobre Astronomía y ayudó a fundar la revista Icarus y La Sociedad Planetaria.

Su lista de logros no termina aquí: impulsó el proyecto SETI (Search for Extraterrestrial Inteligence) que comenzó en los años 1970 y que continúa hoy, descubrió que la temperatura del planeta Venus era mucho más alta de lo que imaginaban los científicos de aquellos años; fue de los primeros en plantear que una de las lunas de Saturno, Titán, podría albergar océanos de compuestos líquidos en su superficie. O que Europa, una de las lunas de Júpiter, podría tener océanos de agua subterráneos, tal y como finalmente quedó demostrado por la sonda espacial Galileo: Alertó del peligro del calentamiento global en la Tierra por el efecto invernadero cuando nadie había oído hablar de esta cuestión y estudió las variaciones de color de la superficie de Marte. Se interesó ampliamente por la vida extraterrestre.

Fue profesor de la Universidad de Harvard hasta 1968, cuando se incorporó a la Universidad Cornell de Ithaca en Nueva York, donde dio clases hasta su fallecimiento en 1996.

Aunque sin duda, lo que le convirtió en un verdadero icono de la sociedad americana y de la divulgación científica a nivel mundial fue su libro Cosmos, en el que se basó la famosa serie de televisión ‘Cosmos. Un viaje personal’ de la que fue coautor y narrador entre 1977 y 1980 y en la que describía de forma original el Universo como un todo del que formamos parte. Adquirió tal fama y repercusión que Time le dedicó su portada bajo el sobrenombre de “Showman of Science”.

En vida, Carl Sagan recibió un gran número de reconocimientos y galardones. Fue un férreo defensor del método científico y del escepticismo, en especial hacia las religiones. Se opuso a la guerra del Vietnam, a las armas nucleares y al programa nuclear ‘Star Wars’ del presidente Reagan. Incluso llegó a ser arrestado en dos ocasiones en manifestaciones pacifistas y antinucleares. En el año 1978 ganó el Premio Pulitzer de Literatura de No ficción por el libro “Los dragones del Edén”.

Falleció a los 62 años por neumonía. El 20 de diciembre de 1996 del que hoy se cumplen 20 años.

 

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