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Análisis y opinión 04 mar 2016

Un año complicado en Europa

Decía Jean-Claude Juncker, hace no muchos años, que los políticos sabían las medidas que había que tomar para resolver los problemas europeos, pero que nadie sabía cómo ganar elecciones después de aplicarlas. Ahora la situación es más complicada: Europa se enfrenta a problemas nuevos, pero ya ni siquiera está muy claro cómo solucionarlos.

Dos de esos problemas se han tratado a fondo en la Cumbre Europea que se celebró el 18 y 19 de febrero en Bruselas. Las negociaciones sobre el nuevo estatus del Reino Unido en la Unión han dado lugar a un acuerdo en el que la mayoría de las demandas del Primer Ministro Británico, David Cameron, han sido aceptadas. En principio el Reino Unido no estaba pidiendo nada muy difícil de aprobar en la mayoría de los temas, aunque las medidas que retrasan o limitan los derechos sociales de los inmigrantes del resto de la Unión no dan desde luego una señal muy positiva.

En cualquier caso, no parece que el referéndum sobre el Brexit -como la mayoría de los referéndums sobre temas europeos- vaya a depender excesivamente de los detalles del acuerdo en cuestión sino, más bien, de imponderables más ligados a sentimientos cambiantes de afección o desafección de la clase política y la población británica respecto al resto de Europa. Y el Brexit podría tener consecuencias importantes a largo plazo para la economía británica, pero también un efecto de desánimo para el resto de Europa, que en un momento difícil vería romperse una pieza importante de la construcción europea.

Brexit podría tener consecuencias importantes a largo plazo para la economía británica

El otro tema estrella de la cumbre fue la estrategia para afrontar la crisis de refugiados en Europa, lo que supone posiblemente el mayor reto político y económico para la Unión Europea este año. Aunque hay cierto consenso en que un continente con problemas demográficos va a necesitar mucha mano de obra externa en los próximos años, y así lo reconoció de manera valiente Angela Merkel en su primera reacción a la crisis después del verano, la gestión de un flujo rápido de refugiados es muy difícil y se ha complicado desde entonces en varios frentes, ya que la política de cuotas no se ha implementado, existen discrepancias importantes entre los países miembros sobre cómo afrontar el problema y el flujo inmigratorio no tienen visos de frenarse, dado el desarrollo de la guerra en Siria y un cierto efecto llamada difícil de medir. La estrategia actual está centrada en los acuerdos con Turquía para frenar los flujos de entrada, pero no es seguro que vaya a funcionar.

Sobre cuestiones más económicas, el año no ha comenzado bien en Europa, con caídas en los mercados financieros globales y aumento de la volatilidad, que pueden tener un impacto en la economía real si se prolongan. En principio, Europa es en estos momentos (y ha sido en 2015) uno de los pilares del (débil) crecimiento a nivel global, gracias a un euro depreciado y a los bajos precios de las materias primas. El gasto público asociado a la crisis de refugiados en Alemania y el mayor margen fiscal tras los ajustes de años pasados van a permitir que la política fiscal sea moderadamente expansiva en 2016, mientras que las condiciones monetarias seguirán siendo extremadamente laxas.

Los riesgos de carácter más político o geopolítico pueden tener un impacto sobre la confianza y sobre la inversión, que sigue siendo la variable necesaria para apuntalar el crecimiento en Europa.

Sin embargo, también en el apartado económico las incertidumbres han crecido, ante la posibilidad de que la desaceleración de las importaciones desde China sea más rápida de lo previsto, o que la situación de mercados se prolongue y termine afectando a las variables reales o a un sistema bancario con baja rentabilidad. Y, por otro lado, los riesgos de carácter más político o geopolítico pueden tener un impacto sobre la confianza y sobre la inversión, que sigue siendo la variable necesaria para apuntalar el crecimiento en Europa.

Además del tema británico o la crisis de refugiados, las dudas sobre la continuación de las reformas en países como Portugal o Francia, la situación de provisionalidad en España o los continuos conflictos del gobierno italiano con sus vecinos del norte, no crean un clima propicio para el crecimiento ni de diálogo para profundizar en los procesos de integración en la eurozona que, hace no mucho, se veían como el tema central de la agenda europea.

*Miguel Jiménez es economista jefe para Europa de BBVA

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