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Exposiciones 31 may 2018

Los años decisivos de Chagall, en el Museo Guggenheim de Bilbao

El Museo Guggenheim de Bilbao inaugura ‘Chagall. Los años decisivos, 1911-1919’, patrocinada por la Fundación BBVA. La exposición, que permanecerá abierta hasta el 2 de septiembre, muestra una selección de más de 80 pinturas y dibujos realizados en los inicios de su carrera por este pintor francés de origen ruso.

Nacido en 1887 en el seno de una familia judía de la pequeña ciudad bielorrusa de Vitebsk, Moishe Segal –más tarde conocido como Marc Chagall– creció en un entorno donde tanto las costumbres de su comunidad como las políticas de los zares marginaban en guetos a los judíos y les apartaban del arte y la cultura.

El joven e inconformista Chagall se rebeló contra un destino que le condenaba a ser un campesino más y, tras conseguir estudiar arte en su ciudad natal, se trasladó a San Petersburgo, una gran urbe a la que en aquella época los judíos solo podían acceder con un permiso especial.

Un pintor sobrenatural

Sin embargo, es en 1911 cuando se produce la ruptura decisiva para Chagall. Abandona San Petersburgo y se traslada a París, donde descubre las creaciones de las primeras vanguardias, pero también la obra de los grandes maestros que colgaban de las paredes del Louvre. Del enorme contraste entre la Rusia de los zares y la bohemia capital del arte nacen cuadros en los que combina el arte popular ruso y su propia tradición familiar con experimentos inspirados en la obra de Pablo Picasso, Robert y Sonia Dalaunay o Jacques Lipchitz.

“El impresionismo y el cubismo me resultan extraños”, afirmaba Chagall antes de entablar amistad con los Delaunay y convertirse en uno de los artistas favoritos del poeta Guillaume Apollinaire, que describiría al joven bielorruso como un “pintor sobrenatural”.

A esta etapa de experimentación con los colores, las formas abstractas y geométricas, el movimiento y el mundo de los sueños pertenecen las obras que pueden admirarse en la primera sala de la exposición recién inaugurada en el Guggenheim: ‘La habitación amarilla’, ‘Yo y mi aldea’ o ‘París a través de la ventana’, un cuadro en el que su visión de la capital francesa se mezcla con imágenes y recuerdos de su Vitebsk natal.

La habitación amarilla, 1911. Fondation Beyeler, Riehen/Basel, Colección Ernst y Hildy Beyeler © Marc Chagall, Vegap, Bilbao 2018

'La habitación amarilla', 1911. Fondation Beyeler, Riehen/Basel, Colección Ernst y Hildy Beyeler / © Marc Chagall, Vegap, Bilbao 2018

Tumbado entre dos mundos

En 1914, Chagall regresa a su hogar para asistir a la boda de su hermana y visitar a su prometida, Bella Rosenfeld. El estallido de la I Guerra Mundial le sorprende en Vitebsk y le confina en Rusia durante ocho años.

“Estoy tumbado entre dos mundos y miro por la ventana”, afirmaba el artista sobre esta etapa de su vida, en la que atraviesa una fase de autobúsqueda. Refleja entonces en su obra los estragos de la contienda en cuadros como ‘Soldados’ o ‘La partida a la guerra’ –que se exponen en la segunda sala de la muestra–, pero pinta también autorretratos e imágenes cotidianas de su familia y su comunidad.

El cumpleaños, 1915. The Museum of Modern Art, Nueva York. © Marc Chagall, Vegap, Bilbao 2018

'El cumpleaños', 1915. The Museum of Modern Art, Nueva York / © Marc Chagall, Vegap, Bilbao 2018

Durante la Gran Guerra un gran número de judíos fueron desplazados de sus hogares y acusados de colaboracionismo por el gobierno de la Rusia zarista, que les envía a combatir en la primera línea del frente. En este ambiente de confrontación internacional, Marc Chagall retoma en sus cuadros los temas relacionados con su propia identidad, con el folclore y la cultura de su pueblo.

Estas obras pertenecen a lo que Chagall denominó “documentos”, ya que para su creación el artista no parte de sus recuerdos –como había hecho durante su etapa parisina–, sino que “pintaba todo lo que tenía ante los ojos. Pintaba en la ventana, jamás me paseaba por la calle con mi caja de pinturas”, recuerda años más tarde Chagall en su autobiografía (‘Mi vida’).

Retrata desde un vendedor de periódicos hasta un mendigo, pasando por un reloj, o un espejo, a los que añade objetos cargados de significado como los tefilín (cajitas de cuero donde se guardan pasajes de las escrituras sagradas hebreas y se atan con cintas de cuero a la cabeza o el brazo durante la oración) o textos en yidis, hebreo o cirílico.

El reloj, 1914. Galería Estatal Tretyakov, Moscú © Marc Chagall, Vegap, Bilbao 2018

'El reloj', 1914. Galería Estatal Tretyakov, Moscú / © Marc Chagall, Vegap, Bilbao 2018

Otras obras destacadas de este periodo son los judíos en verde, rojo, blanco y negro, conocidos también como los ‘Cuatro grandes rabinos’. La muestra del Guggenheim ofrece una oportunidad única de ver la serie completa, ya que el ‘Judío rojo’ reside habitualmente en el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, mientras que los retratos de sus tres compañeros cuelgan de los muros del Museo de Arte de Basilea.

El recorrido por estos “años decisivos” de la obra de Chagall se cierra con una serie de pinturas y dibujos pertenecientes a una época que se inicia con la Revolución Rusa de 1917. Tras la caída del régimen zarista, los intelectuales y las clases altas judías fueron consiguiendo algunas libertades que hasta entonces les habían sido negadas. El propio Chagall –que había participado activamente en la revolución– llegó a ser Comisario de las Artes en Vitebsk, donde creó la Escuela del Pueblo del Arte.

Sin embargo, desencantado con el rumbo que empieza a tomar la revolución bolchevique y tras algunos problemas con la burocracia del partido, Chagall se desvincula muy pronto del proyecto y abandona Vitebsk. Dos años más tarde deja Rusia, donde nunca más volvería, y se instala de nuevo en París, poniendo fin a este período clave de su vida que refleja la exposición patrocinada por la Fundación BBVA.

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