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Las SICAV (por sus siglas, Sociedad de Capital Variable) son un tipo de sociedades con personalidad jurídica de carácter financiero (que adoptan la forma jurídica de Sociedades Anónimas) que precisan, con carácter general, de un número mínimo de 100 accionistas y de un capital social de 2,4 millones de euros (desembolso desde la constitución). Su objeto social es principalmente la gestión de un patrimonio.

Mucho se habla de la restricción crediticia y del cierre del grifo en el acceso a los préstamos para particulares y empresas. Sin entrar en el terreno empresarial, donde la evaluación de operaciones es mucho más compleja, los particulares no sabemos en muchas ocasiones qué requisitos nos pide una entidad para aceptar una solicitud de préstamo hipotecario.

Hemos visto muchas áreas de innovación en distintos ámbitos de la empresa, desde la revolución de las comunicaciones móviles y los teléfonos que nos permiten estar siempre conectados a Internet, hasta las famosas Google Glass, que constantemente están en los medios de comunicación y prometen cambiar nuestra forma de relacionarnos con el entorno.

En los últimos años se han llevado a cabo diversas reformas en la normativa fiscal que han significado la modificación de la carga fiscal sobre el ahorro tanto de las personas físicas como de las jurídicas en el sentido que el coste fiscal no fuera determinante para la toma de las decisiones de los inversores.

Bien, pues vayamos por partes…

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A finales de 2008, cuando todavía no podíamos ni imaginar los terribles efectos que sobre la economía española tendría la crisis inmobiliaria en Estados Unidos, un profesor veterano, Leopoldo Abadía, se hizo famoso. Abadía, con más de 30 años de carrera en la prestigiosa escuela de negocios IESE, acuñó el término de “crisis ninja” para referirse a la locura en la que entraron muchos bancos estadounidenses, que se engordaron sus cuentas vendiendo casas y dando hipotecas a compradores insolventes, siempre alentados por esa máxima de que “el ladrillo nunca baja”.