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Alpinismo 30 mar 2016

Carlos Soria: "Yo nunca he visto al Yeti en el Himalaya"

La Expedición BBVA ya está en el Himalaya, preparando su asalto a la montaña más peligrosa del mundo: el Annapurna. La “diosa de las cosechas”, como la denominan los nepalíes, ha sido en su historia escenario de algunas de las mayores hazañas del montañismo moderno –fue el primer ochomil conquistado, en 1950- y también de una de las leyendas más extendidas por todo el planeta: en sus laderas ha sido visto, en varias ocasiones, el abominable hombre de las nieves. El Annapurna es, para muchos, el verdadero hogar del Yeti; la bestia que el alpinista Carlos Soria confiesa no haber visto nunca.

El enigma del Yeti forma parte de los misterios del Himalaya desde que sus primeros pobladores se establecieron en sus laderas. Lo intrincado y exótico del territorio, la inaccesibilidad y mitología de sus asentamientos humanos, lo extremo de su clima… son todos ingredientes perfectos para despertar la imaginación de medio mundo. No obstante, los habitantes de Nepal y el Tíbet llevan generaciones defendiendo la veracidad de sus leyendas, relatando centenares de avistamientos, todos con un denominador común: un humanoide con más de dos metros de altura, cubierto de un espeso pelaje gris o blanco, que camina sobre sus dos patas traseras, con cabeza alargada, cráneo cónico y aspecto feroz.

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El Annapurna, próximo objetivo de la Expedición BBVA, ha sido escenario de múltiples apariciones del abominable hombre de las nieves

Desde que en siglo XX el Himalaya se convirtió en destino habitual de exploradores occidentales, algunos de los apellidos más ilustres de la historia del alpinismo se han unido a la lista de testigos directos de apariciones del Yeti. Entre los españoles, el más conocido es el montañero César Pérez de Tudela, que a principios de los 70 afirmó haber observado con toda claridad a la huidiza criatura, aunque no pudo hacer ninguna foto. Entre los extranjeros, sin duda destaca el nombre de Reinhold Messner, quizás el alpinista más reputado de todos los tiempos. Messner afirma que, durante una travesía en solitario por el Tíbet en 1986, tuvo un encuentro cara a cara con el Yeti. La visión impactó de tal manera al escalador austríaco que plasmó su experiencia con todo detalle en un libro (‘My quest for the Yeti’, 1998) que resume sus 20 años investigando y persiguiendo las huellas de un fantasma que ha marcado su vida.

Dibujo del Yeti

El Annapurna es considerado el verdadero hogar del hombre de las nieves. - BBVA

Junto a los avistamientos más o menos folclóricos, el Yeti ha protagonizado asimismo estudios serios durante los últimos años. Alguno de ellos, como el publicado por la Universidad de Oxford en 2013, identifica a la criatura con una especie ya extinta de oso polar. Otros informes han intentado desentrañar la leyenda de la gigantesca criatura buscando sus restos por las montañas más altas del mundo.

Es el caso de la famosa reliquia del monasterio budista de Khumjung, en el Valle del Everest, al este de Nepal y a 3.800 metros de altitud. La Expedición BBVA, durante su fase de aclimatación en la zona, tuvo la oportunidad de visitar y fotografiar lo que los habitantes de la zona describen como la ‘Calavera del Yeti’: un ejemplar de cuero cabelludo con forma de capirote que conserva bajo candado en una caja metálica uno de los cuidadores del templo.

“Yo no he visto al Yeti nunca en mi vida, ni en el Himalaya ni en ningún otro sitio”, insiste Carlos Soria cuando se le pregunta por los avistamientos de otros alpinistas. A sus 77 años lleva medio siglo recorriendo las montañas más recónditas de la Tierra, pero desecha con un gesto de la mano cualquier referencia a un ser mitológico que habite las cumbres. “Son leyendas que no sé de dónde salen, pero que ahí están. Yo lo único que puedo decir es lo que yo he visto, que es nada”, reafirma con una mueca de escepticismo.

Los sherpas del Valle del Khumbu, por el contrario, rememoran una antigua historia que narra cómo la Calavera del Yeti fue entregada por el pueblo vecino de Thame como obsequio irónico tras una disputa sobre un festival religioso. Los habitantes de Khumjung, ofendidos por el regalo, la transportaron a patadas de una localidad a otra. Hoy, pese a que algunos análisis han decretado que se trata de un cráneo de una especie local de cabra, y a que los sherpas avisan de que el abominable es capaz de atacar y robar animales y niños, la Calavera del Yeti sigue atrayendo la atracción de montañeros, turistas y curiosos. Mientras, la Expedición BBVA sigue su curso hacia el Annapurna, quizás soñando, por qué no, con hacer historia más allá de la cumbre y fotografiar por fin al humanoide más tímido y peligroso del Himalaya.

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