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Educación financiera 05 oct 2017

El emprendimiento, la gran oportunidad de ser el propio patrón

Ocupa más de 60% del empleo en el mundo, y Argentina lo lleva en el ADN. Iniciativas privadas, como la de BBVA Francés con el Concurso Mi Primera Empresa, lo demuestran: más de 1.000 participantes de todo el país se anotaron para concursar presentando un plan de negocios.

La cultura emprendedora es una semilla del nuevo capitalismo que germina como tal en Argentina tras haber tenido una avanzada sobresaliente con los únicos unicornios de América Latina, todos de matriz tecnológica.

No les fue fácil a Martín Migoya (Globant); Marcos Galperin (Mercado Libre); Alec Oxenford (OXL), y Roberto Souviron (Despegar.com.), dar el primer paso: debieron sobreponerse a las regulaciones, los problemas de financiación y la burocracia vigente que los vaivenes económicos del país oponían al espíritu emprendedor.

El común denominador de todas las PyMEs o startups emergentes de la época, es una idea que origina una chispa innovadora, la cual, a su vez, prende en un formato empresario, que para ser propagado, requiere de fogoneo humano, apoyo económico, pero esencialmente de liberación de obstáculos burocráticos.

En eso anda ahora Argentina, que a pesar de la brigada de unicornios vernáculos que salió a conquistar el mundo, aún se ubica en una etapa embrionaria de la corriente emprendedora ya consolidada en otras latitudes.

La Ley del emprendedor y la Ley PyME son instrumentos interesantes para favorecer la creación de más empresas”

En ese sentido, la consultora EY“Disrupting the Disruptors”, por su título en inglés— entrevistó a jóvenes emprendedores de los países que integran el G20 para determinar qué economías son más fértiles para la aparición de startups y resultó ser que Canadá, Estados Unidos y Japón ocuparon las mejores posiciones, mientras Argentina apareció en el último puesto, el 20, del informe.

El motivo de este resultado es una notoria desventaja en el acceso a financiación y en el ambiente de negocios digitales (todo lo que se refiere a regulaciones e impuestos). Si fuera por génesis emprendedora y nivel de educación, los números habrían sido algo mejores y ascendería al 16° y 14° lugar, respectivamente.

Un embrión en desarrollo

La actual administración pública se dio el margen, entre tantos avatares inmanentes a la crisis económica, para prestar especial atención al desarrollo del emprendimiento.

Lo reconoce precisamente Guibert Englebienne, Chief Technology Officer (CTO) de Globant y Chairman de Endeavor Argentina, una organización que está presente en más de 30 países y apoya a más de mil emprendedores en el mundo: “Actualmente no sólo tenemos un ecosistema muy vibrante, con buenos casos de emprendedores en los que referirse y apoyarse, sino que también la Ley del emprendedor y la Ley PyME son instrumentos interesantes para favorecer la creación de más empresas”.

Aunque el emprendimiento no haya sido aún llevado oficialmente a los colegios, algunas acciones privadas en la materia empezaron a dar frutos. Es el caso del Concurso Mi Primera Empresa, instrumentado por BBVA Francés, en el marco de sus programas de educación financiera. Este concurso incentiva a jóvenes de 16 a 20 años, entre ellos estudiantes de los dos últimos años escolares, para que desarrollen habilidades en la elaboración de un plan de negocios. Los 9 ganadores recibirán premios que van desde los $15.000 hasta $50.000. En este escenario, en el mes de septiembre comenzó el concurso que ya superó los 1.000 participantes en todo el país.

Como otra de las semillas pendientes de riego es el financiamiento al iniciar una microempresa o permitir a una ya existente su despegue o consolidación, la Secretaría de Emprendedores y PyMEs, que depende del Ministerio de la Producción, anunció que proyecta:

  • Crear 10 fondos de capital emprendedor en los próximos cuatro años, como hizo Israel en su momento.
  • Facilitar nuevos tipos de sociedades por acciones, pasibles de constituirse por Internet e inscribirse en AFIP en 24 horas, mientras el Banco Central propicia la apertura de una cuenta bancaria.
  • Incentivo impositivo a la inversión en ideas de emprendedores y promoción de financiamiento colectivo o “crowdfounding” para que desde cualquier parte del país se acceda a invertir en proyectos regionales.

El gran disparador legal será la Ley de Emprendedores, ya que, por ejemplo, apunta a equiparar los tiempos que lleva abrir una nueva sociedad y empezar a pagar impuestos en Argentina, que puede demorar varios meses, mientras, por ejemplo, en Chile es un proceso de seis horas. No por nada la Asociación de Emprendedores de Chile (ASECH) cuenta con 22.000 emprendedores y el país trasandino, además de Brasil, supera a Argentina en el capítulo latinoamericano del informe de EY.

Una de las claves estriba en que hayan proliferado más incubadoras y aceleradoras en las dos naciones vecinas más adelantadas en la región, a lo que el presidente Macri responde con “incentivos para instituciones, acuerdos para capital semilla, que se puedan potenciar los conocimientos y los beneficios de interés colectivo tengan un reconocimiento para sostener el espíritu emprendedor”.

No queda otro camino, ya que en estos años se han cerrado en Argentina unas 5.000 PyMEs, con 68.000 trabajadores del sector industrial que perdieron su trabajo por el efecto combinado de la caída del consumo masivo, pero también de la reconversión tecnológica. Todo esto impone actualizar el sistema regulatorio para que las firmas ya establecidas puedan competir con las nuevas.

Pero será la cultura emprendedora la que haga su parte para enfrentar lo inevitable: que a toda industria le llegue su Uber.

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