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Sector agroalimentario: por qué es clave para la economía y cuáles son sus retos

El sector agroalimentario reúne las actividades relacionadas con la producción, transformación y distribución de alimentos. Es un pilar de la economía mundial y de la seguridad alimentaria, pero afronta retos como el cambio climático, el estrés hídrico, la transformación tecnológica y las tensiones geopolíticas, que están acelerando su modernización.

Sector agroalimentario: por qué es clave para la economía y cuáles son sus retos

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el sector agroalimentario representa el 10% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial, mientras que la agricultura por sí sola aporta un 4%. En conjunto, el sector genera el 28% del empleo global. Sin embargo, su peso varía considerablemente entre regiones. En los países emergentes supone alrededor del 30% del PIB y puede concentrar hasta el 70% del empleo, mientras que en las economías desarrolladas el sector primario representa entre el 2% y el 4% del PIB, aunque el conjunto de la cadena agroalimentaria —producción, transformación y distribución— puede alcanzar el 9%, como sucede en España, donde sostiene 2,3 millones de puestos de trabajo.

Más allá de su contribución económica, el sector resulta esencial para garantizar la seguridad alimentaria. Según la FAO, este concepto implica que todas las personas tengan acceso físico, económico y social a alimentos suficientes, seguros y nutritivos. Va, por tanto, más allá de la inocuidad alimentaria, que se limita a garantizar que los alimentos no representen un riesgo para la salud.

Sector agroalimentario: por qué es clave para la economía y cuáles son sus retos

Los grandes retos del sector agroalimentario

Precisamente por su papel estratégico, el sector agroalimentario afronta retos que condicionan su competitividad, su capacidad de adaptación y el suministro mundial de alimentos. Estos desafíos pueden agruparse en cinco grandes ámbitos:

Reto Impacto
Cambio climático Menor productividad
Estrés hídrico Menor disponibilidad de agua
Geopolítica Costes e incertidumbre
Desperdicio alimentario Pérdida de recursos
Transformación tecnológica Necesidad de inversión

Cambio climático

La interconexión entre el clima, el agua y la agricultura plantea una ecuación en la que el cambio climático altera los ciclos naturales y amenaza directamente la seguridad alimentaria. Ante este escenario y los problemas de suministro derivados, Javier Fernández, CEO de Agrofruit, Escuela de Estudios Superiores especializada en agroindustria, logística, transformación digital y sostenibilidad, advierte: “¿Cómo afrontar esta situación? La primera vía debe ser promover la adaptación de variedades y técnicas agronómicas, la digitalización para hacer más con menos y una financiación real de la transición”

A ello se añaden otros desafíos, como la reducción de las emisiones de carbono y la disminución de la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Desperdicio alimentario

El desperdicio de alimentos constituye otro de los grandes retos del sector agroalimentario, tanto por su impacto económico como ambiental. Reducir las pérdidas a lo largo de toda la cadena de valor —desde la producción y el transporte hasta la distribución y el consumo— permite aprovechar mejor los recursos naturales, disminuir las emisiones asociadas a la producción de alimentos y reforzar la seguridad alimentaria. Este desafío requiere una mayor coordinación entre productores, industria, distribuidores y consumidores, además de mejorar la planificación logística y la gestión de la cadena de suministro.

En este sentido, Fernández asegura: “Entre el 30% y el 40% de los alimentos producidos globalmente se pierden o desperdician entre el campo y el tenedor”.

Estrés hídrico

El agua es uno de los recursos más críticos para la producción agroalimentaria. El cambio climático agrava el estrés hídrico, un problema que afecta a los cultivos e impone el reto ineludible de reducir la huella hídrica. Existen varias soluciones para paliar la escasez de agua entre las que se encuentran el goteo subsuperficial (riego directo a las raíces bajo tierra), la fertirrigación de precisión (aplicación simultánea de agua y nutrientes adaptada a las necesidades exactas de la planta) o la reutilización de aguas regeneradas.

Geopolítica

Las tensiones geopolíticas son un factor siempre presente que se ha intensificado y cronificado en los últimos años, alterando los flujos comerciales, la cadena alimentaria global y los costes en transporte y energía. Para Jesús Gambín, profesor de ENAE Business School, la incertidumbre geopolítica aumenta la volatilidad de los precios de los insumos y establece barreras legales y arancelarias que pueden provocar disrupciones y aumentos relevantes de costes en la producción. A estos obstáculos, Javier Fernández añade la fragilidad estructural de los sistemas de distribución.

Uno de los mayores talones de Aquiles del modelo agroalimentario occidental es la dependencia estructural de Europa respecto a los fertilizantes de síntesis que requieren gas natural, tanto como materia prima como fuente de energía. Al respecto, Javier Fernández señala: “La solución pasa por la diversificación de proveedores, la economía circular de nutrientes y la reducción de la intensidad de uso. La geopolítica alimentaria ya no es un asunto de diplomáticos y analistas de riesgo-país: es una variable de gestión empresarial que cualquier directivo del sector agroalimentario necesita entender para tomar decisiones con criterio”.

Transformación tecnológica

La modernización tecnológica se ha convertido en una condición indispensable para que el sector pueda responder al resto de desafíos. La digitalización, el análisis avanzado de datos y la inteligencia artificial permiten optimizar el uso de recursos, aumentar la productividad y mejorar la capacidad de adaptación frente al cambio climático o la escasez de agua. Bajo el concepto de ‘AgroTech’, estas herramientas están impulsando un nuevo modelo de producción más eficiente, sostenible y basado en datos.

Sector agroalimentario: por qué es clave para la economía y cuáles son sus retos

Cómo la tecnología está transformando el sector agroalimentario

Para elevar sus niveles de productividad y mejorar su eficiencia frente a los desafíos mencionados, el sector se moderniza mediante tecnologías basadas en análisis avanzado y ‘big data’. Este proceso se agrupa bajo el término ‘AgroTech’, un concepto surgido en la década de 1990 con la integración de sistemas de información y GPS, y cuya expansión cobró gran relevancia a partir de 2010. Ese impulso se ha reforzado recientemente con la inteligencia artificial (IA).

El ‘AgroTech’ se define como la aplicación de tecnologías avanzadas en el sector agrícola para optimizar procesos productivos, mejorar la sostenibilidad y aumentar la rentabilidad global, permitiendo producir más con menos, optimizando recursos como el agua y la energía, y reduciendo el impacto ambiental.

Una encuesta de la Escuela de Negocios IESE Industry Meetings revela que un 28% de las empresas emplea estas tecnologías para elevar la capacidad y la eficiencia de los procesos en producción, distribución y logística, mientras que un 27% las utiliza como apoyo en la toma de decisiones estratégicas basadas en datos. Otras aplicaciones incluyen el desarrollo de nuevos productos o servicios (11%) y la mejora de la sostenibilidad en la cadena de valor (6%).

A pesar de este impulso, la adopción específica de la IA aún se limita al 28% de las empresas. Además, sobre la capacidad real de la inteligencia artificial, Jesús Gambín afirma: “Es capaz de producir incrementos de la productividad y una mayor capacidad de adaptación al cambio climático, pero no puede resolver los principales retos, porque no son tecnológicos. Todo su potencial de mejora se ve limitado por retos estructurales de gran importancia”.

Principales usos del AgroTech en las empresas

Fuente: Encuesta IESE Industry Meetings

Agricultura de precisión e inteligencia artificial

En paralelo, la agricultura de precisión, que nació hace más de 25 años, se beneficia de esta maduración tecnológica para alcanzar una capacidad sin precedentes. Las aplicaciones tecnológicas de precisión permiten recopilar y analizar datos específicos de cada explotación para dosificar los recursos exactos que necesita cada planta en el momento preciso. Entre los principales casos prácticos destacan:

  • Sistemas de monitorización mediante sensores: Instalados sobre el terreno, permiten controlar parámetros fundamentales como la humedad (para derivar la necesidad de riego exacta), la temperatura, la radiación solar y la aparición de plagas.
  • Aplicaciones móviles: Facilitan la recopilación de datos en los cultivos, eliminando tanto el papeleo tradicional como los errores asociados a la transcripción manual.
  • Drones: Se emplean para monitorizar cultivos a gran escala con el objetivo de detectar problemas tempranos, tales como deficiencias nutricionales o plagas.

La convergencia de estas herramientas da paso a la ‘Agricultura 5.0’. Juan Antonio Martínez, profesor del máster de Agronegocios de ENAE, lo explica claramente: “Si en la Agricultura 4.0 (transformación digital del sector) la IA se utiliza para consolidar datos y detectar patrones que ayudan al agricultor a tomar mejores decisiones, en la Agricultura 5.0 (integración de tecnologías avanzadas) la tecnología pasa ya directamente a la acción. Esto significa que se abre la puerta a un tipo diferente de agricultura. Podemos tratar cada planta de forma individual en tiempo real”.

Cómo impulsar la transformación mediante financiación sostenible

La transformación tecnológica y ambiental del sector requiere inversiones que muchas explotaciones no pueden asumir únicamente con recursos propios. Para acometer esta transición tecnológica y de sostenibilidad, los conocidos como créditos verdes actúan como grandes aliados. Estos instrumentos financieros tienen el objetivo de financiar proyectos con un impacto ambiental positivo que contribuyan a combatir los efectos del cambio climático.

“Estos instrumentos suelen ofrecer condiciones favorables, como tipos de interés más bajos o plazos de pago flexibles, para negocios agrícolas que implementan prácticas regenerativas, aceleran la modernización del sector, reducen la huella de carbono y mejoran la resiliencia climática. Al responder a una visión amplia y transversal del sector, estas líneas de crédito están disponibles tanto para grandes corporaciones como para pymes y autónomos.

En un contexto de creciente demanda de alimentos y de mayor presión sobre los recursos naturales, la capacidad del sector agroalimentario para innovar, adaptarse al cambio climático y acceder a financiación será determinante para garantizar la seguridad alimentaria y mantener su papel como motor de la economía mundial.