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Educación financiera 12 dic 2016

Guía práctica para un uso inteligente de los planes de pensiones

Quedan unos meses para que se cierre el ejercicio de 2016 y hay que empezar a pensar en la próxima Declaración de la Renta que hay que presentar a partir de mayo. Asimismo, nos encontramos con  la enésima vez que se avisa sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones de la Seguridad Social. Con este contexto de fondo, es importante tener en mente las ventajas fiscales de los planes pensiones privados y la necesidad del planificar nuestra jubilación. Por ello hemos creído oportuno publicar esta guía para un uso inteligente de los planes de pensiones.

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Nuestro principal interés es desmontar las pegas y objeciones habituales en torno a la contratación de un plan de pensiones privado, a la vez que señalamos las opciones y posibilidades que nos brindan.

Hablemos de rentabilidades

Una de las principales pegas que se suele sacar a relucir es su nula rentabilidad, o que arrojan perdidas. A este respecto, y partiendo de que en España este tipo de productos no han alcanzado la madurez de otros países, conviene hacer varias precisiones para poner esta afirmación en su justo lugar.

Según el último informe trimestral sobre fondos de pensiones de Inverco, la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones, los planes de pensiones han arrojado unas rentabilidades medias anuales nada desdeñables: del 4,85% a 25 años; del 3,64% a 20 años; del 2,15% a 15 años, del 2,44% a 10 años; del 3,92% a cinco años y del 4,41% a tres años.

Es importante tener en cuenta que los planes de pensiones son producto de ahorro pensados para el muy largo plazo. ¿Y cual puede ser el plazo de referencia? Sin duda el de una una vida laboral media.

Para los más aversos al riesgo, siempre se puede recurrir a los planes garantizados, en los que existe una garantía expresa del capital, y que, eso sí, exige una permanencia mínima de entre 3 y 10 años.

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¿Y las pensiones públicas?, ¿y otros productos financieros?

En estos momentos, no se pone el foco de la duda en la rentabilidad de las pensiones públicas del modelo español, inexistente por definición, al ser un modelo de reparto. Lo que se cuestiona es la viabilidad de las mismas en un futuro: conviene recordar que no tenemos derecho, como cotizantes, a ningún capital más allá del que la legislación nos reconozca en cada momento. No hay ningún fondo público de pensiones individualizado a favor nuestro. No son realidades comparables.

También hay quien critica la rentabilidad de los planes desde la óptica de preferir otro tipo de productos financieros, y que entienden que son rentabilidades bajas, incluso negativas si las comparamos con las tasa de inflación. Los que defienden esta postura se olvidan de que:

  • Los planes de pensiones no son incompatibles con invertir en esas alternativas. Es más, puede darse una buena complementariedad.
  • Los planes gozan de ventajas fiscales importantes, que en algunos perfiles de inversores conceden una rentabilidad financiero-fiscal interesante.
  • Los planes tienen ventajas que van más allá de la rentabilidad obtenida o del ahorro fiscal. Lo veremos con calma.

La clave está en el tiempo

A la hora de invertir en planes de pensiones no hemos de perder nunca de vista que se trata de un ahorro finalista, que está destinado a atender nuestras necesidades cuando nos jubilemos. Ese horizonte temporal, los años que teóricamente nos faltan para la jubilación es el que debemos tener en cuenta a la hora de fijar una estrategia de inversión en planes.

Un modelo clásico podría ser el siguiente. Cuanto más lejos estemos de la jubilación más peso debemos tener en renta variable. Conforme nos vayamos acercando a la jubilación perderá peso esa partida y la ganará la renta fija, hasta que en los últimos años nos volquemos al 100% en planes garantizados o de tesorería.

En todo caso conviene recordar que, la posibilidad que nos ofrecen los planes de traspasar saldos entre planes y gestoras, debe ser aprovechado si o sí. Lo que no tendría sentido es acabar con el mismo plan que con el que empezamos a ahorrar.

¿Y si necesito el dinero?

Una de los motivos para no abrir un plan de pensiones es su falta de liquidez. Frente al argumento de qué se trata de un ahorro destinado a la jubilación y de ahí sus incentivos fiscales y especiales medidas de protección, surge el miedo de que pasaría si necesitásemos el dinero más allá de las coberturas previstas (jubilación, invalidez, fallecimiento, dependencia severa o gran dependencia) Lo cierto es que, desde un principio la ley fijó unos supuestos de liquidez para casos concretos, que se han ido ampliando con el tiempo.

Por un lado, se podrá disponer de los derechos del plan cuando el participe (titular) del mismo , su cónyuge, o cualquiera de sus familiares en primer grado o persona que en régimen de tutela o acogimiento, conviva con el partícipe o de él dependa, sufra una enfermedad grave que suponga una disminución de su renta disponible, bien porque aumenten los gastos, bien porque se reduzcan sus ingresos, y que no de lugar a una pensión de incapacidad permanente ¿Pero qué es una enfermedad grave?

Cualquier dolencia o lesión física o psíquica que incapacite temporalmente para la ocupación o actividad habitual de la persona afectada durante un periodo continuado mínimo de tres meses y que requiera intervención clínica de cirugía mayor en un hospital o tratamiento en el mismo.

Cualquier dolencia o lesión con secuelas permanentes que limiten parcialmente o impidan totalmente la ocupación o actividad habitual de la persona afectada, o la incapaciten para la realización de cualquier ocupación o actividad, requiera o no, en este caso, asistencia de otras personas para las actividades más esenciales de la vida humana.

Además de este supuesto tenemos el de desempleo. Tras la última reforma legislativa basta con acreditar estar en desempleo, inscrito como tal en los servicios públicos de empleo, y carecer de derecho a prestaciones contributivas (sí se puede estar cobrando otro tipo de ayudas).

Conviene tener claro que, para poder acogerse a estos supuestos, los mismos deben estar reconocidos en los reglamentos de los planes de pensiones en los que estemos.

Asimismo, existe la posibilidad de rescatar los planes para evitar el embargo de la vivienda habitual.

¿A quién le interesa aportar al plan de pensiones?

Generalmente, dice que los planes interesan a aquéllos que a los que la declaración les da positiva. Se trata de una verdad a medias: los planes, fiscalmente hablando, pueden resultar interesantes tanto en las declaraciones positivas como en las negativas.

En nuestra declaración del IRPF, tenemos por un lado las retenciones y pagos a cuenta, lo que el Estado nos ha ido reteniendo a cuenta a lo largo del año. Lo que hacemos al liquidar el IRPF es restar dicha cifra de la cuota que nos toca pagar efectivamente. Si lo que nos han retenido es más de lo que debemos pagar, nos devolverán la diferencia. Si es al revés, nosotros deberemos ingresar dicha diferencia.

Con los planes de pensiones, lo que conseguimos es ‘restar’ las cantidades que aportamos de los ingresos que obtenemos. Eso nos lleva a tener que pagar finalmente una cuota inferior a la que deberíamos pagar. Por tanto, es posible que a alguien a quien le de a devolver le interese un plan, ya que conseguiría que le devuelvan aún más.

¿A quién no interesan los planes? Evidentemente a aquellos que o no tienen ingresos por rendimientos del trabajo o actividades empresariales o profesionales, o son muy bajos. Fuera de estos supuestos los o planes suelen resultar sumamente beneficiosos.

¿Cuándo cobre voy a tener que pagar lo que no he pagado?

Es cierto que con la normativa actual lo que tenemos en los planes es un diferimiento fiscal, un aplazamiento: cuando aporto esas cantidades se borran de mi IRPF, pero al rescatarlas he de pagar por ellas y por los rendimientos que haya obtenido. ¿Lo comido por lo servido? No exactamente.

Lo más frecuente es que nuestros ingresos al rescatar el plan sean inferiores a los que teníamos en activo. Por tanto los tipos que nos aplicarán, en una escala progresiva, serán menores. Al diferemiento fiscal se le une una reducción fiscal. Pero para conseguir esto debemos tener en cuenta:

No conviene rescatar en un único pago el plan de pensiones nada más nos jubilemos. No hay prisa, esperemos como mínimo al siguiente ejercicio fiscal.

Una vez que estemos en dicho ejercicio fiscal, lo más recomendable suele ser cobrar dicha cantidad de forma fraccionada, complementado los ingresos por pensiones. De forma general se ha eliminado la reducción del 40% que existía por rescatar el plan en forma de capital (todo de una vez).

¿Qué otras ventajas tienen?

Con anterioridad comentábamos que los planes tienen otras ventajas, de las que no gozan muchos de las alternativas de inversión que se comparan con los mismos. Más allá de la fiscalidad y de la propia flexibilidad que nos permite en cuanto a aportaciones, paralizaciones, traspasos, etc. se concretan en dos muy llamativas: su inembargabilidad y su tratamiento hereditario.

Los planes de pensiones son inembargables. Esto significa que, hasta el momento en que los rescatemos, nadie podrá quitarnos las sumas acumuladas.

Por otro lado, los planes que no se han empezado a cobrar no forman parte de la herencia. Habrá que esperar a la designación de beneficiarios, y éstos tributaran por el IRPF, como si fuesen rendimientos del trabajo: ¿Qué implica esto?

Los planes permiten saltarse los limites de la ley en materia de legítimas hereditarias.

Al no tener que esperar a liquidar la herencia, podemos recuperar dinero primero con los planes para poder pagar los gastos de dicha liquidación hereditaria.

En ocasiones, para pequeños importes y determinado tipo de herederos, es más rentable dejarles una suma vía plan de pensiones que vía legado dentro de la herencia.

Permiten, sin perdida de las ventajas fiscales, beneficiar a terceras personas: cónyuges sin ingresos, etc.

Más información sobre Planes de Pensiones BBVA

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