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Lenguaje 16 feb 2018

Injerir con estilo

El castellano puede presumir de ser un idioma que se pronuncia como se escribe y en el que solo existe una letra para representar cada sonido. O casi.

Desde luego, el español es mucho más sencillo que el inglés a este respecto. En más de una ocasión nos habremos topado con películas estadounidenses en las que el alumno más brillante es premiado en un concurso entre institutos por su capacidad para deletrear palabras (!). Si, en lugar de la versión original, vemos las películas dobladas, esas lumbreras adolescentes parecen jóvenes con un grado inquietante de retraso cognitivo:

—Y, por último, la palabra más difícil: ¿eres capaz de deletrear ‘ritmo’?

—’R’, ‘i’, ‘t’… —el concursante vacila, el sudor se le congela en la nuca—, ‘m’ y ‘o’.

—¡Fabuloso!, ¡impresionante! ¡Un aplauso a nuestro campeón!

En lo que no caemos, claro, es en que ‘ritmo’ en inglés se escribe ‘rhythm’, ya les vale, que ni adrede se crea un monosílabo con tan mala uva.

De modo que, comparativamente, es obvio que el nexo entre pronunciación y grafía es fuerte en español. Pero eso no significa que logre ser siempre biunívoco, esto es, hay ocasiones en que un mismo fonema se ve reflejado en la escritura con más de una letra: así, es probable que quien oiga por primera vez las palabras ‘albenda’ y ‘algente’ dude si han de escribirse con be o con uve, con jota o con ge.

Que estas dudas surjan con vocablos más o menos especializados o poéticos es lógico, pero se supone que un hábito lector arraigado desde la infancia debería prevenir contra faltas ortográficas más ofensivas. Y, desde luego, no es de recibo que tales patinazos se den entre periodistas, conocedores y difusores, en principio, del buen uso de la lengua.

Sin embargo, noticias como las siguientes son el pan nuestro de cada día: «Los demócratas temen que dicho documento pueda ser utilizado para obstaculizar la investigación sobre la supuesta ingerencia rusa en las elecciones presidenciales» o «El carácter íntegramente público de los servicios informativos no supone ninguna garantía para evitar las ingerencias e influencias del gobierno de turno en las noticias que se seleccionen y difundan».

En estos dos ejemplos —y parece evidente que la aclaración no es ociosa—, lo adecuado habría sido escribir ‘injerencias’, con jota. Escrito con ge, es decir, ‘ingerencia’, este sustantivo vendría a remitir al verbo ‘ingerir’ (‘introducir por la boca la comida, bebida o medicamentos’), aunque los sustantivos que realmente se han derivado son ‘ingesta’ e ‘ingestión’.

Para que no se nos indigeste la lectura, no está de más recordar que ‘injerencia’ procede, en cambio, de injerir, ya se emplee este verbo como ‘injertar plantas’ o como ‘entremeterse, introducirse en una dependencia o negocio’.

En realidad, tampoco es inexplicable que se cometa este error, pues la norma establece que las palabras que incluyen la secuencia inge se escriban con ge: ‘esfinge’, ‘faringe’, ‘ingeniero’… Resulta que ‘injerir’ y su derivado ‘injerencia’, junto con ‘injerto’ y sus derivados, son excepciones que confirman la regla.

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