Los debates sobre las consecuencias que el envejecimiento de la población puede tener para las economías y la sostenibilidad de los sistemas sanitarios y las pensiones se basan en una convención establecida hace un siglo: la adopción de los 65 años como el umbral fijo en el que comienzan la vejez y la dependencia económica. Pero las sociedades de comienzos del siglo XXI poco tienen que ver con las de hace cien años.

En la Suecia de 1914, la esperanza de vida era de 58 años, mientras que en 2014 se había ampliado a los 82. En los Estados Unidos de 1935 —el año en que se firmó la ley de la Seguridad Social— se estimaba que una persona de 65 años viviría unos 13 años más, mientras que en la actualidad la esperanza de vida restante es de más de 19. Y la mayoría de los hombres españoles cumplirá los 85 años, cuando hace solo algunas décadas muy pocos superaban los 70.

A la vista de estos datos, Sergei Scherbov, director de Análisis Demográfico en el Centro Wittgenstein para la Demografía y el Capital Humano Global (Viena), considera que es imprescindible replantear y actualizar el modo en que medimos el envejecimiento. “El envejecimiento no es un proceso unidimensional, sino que tiene múltiples dimensiones y la edad cronológica es solo una de ellas”, explicó en la conferencia Reconsiderando el envejecimiento: ¿realmente los 40 son los nuevos 30?, organizada por la Fundación BBVA y el CSIC dentro del ciclo Demography Today.

Dos mujeres de 60 años que viven en Japón y en Burkina Faso no tienen nada que ver la una con la otra

“Dos mujeres de 60 años que viven en Japón y en Burkina Faso no tienen nada que ver la una con la otra. Y la esperanza de vida restante de las mujeres españolas de 40 años es la misma que tenían las mujeres de 30 años en la década de los 60 del siglo pasado”, añadió.

Los 40 son los nuevos 30

En 2010, Scherbov  publicó, junto a Warren Sanderson, un artículo en la revista Science en el que introducían el concepto de edad prospectiva. De la misma manera en que, en economía, se utiliza un valor constante para calcular la inflación de una divisa a lo largo del tiempo, la edad prospectiva también compara edades de épocas diferentes atendiendo al aumento de la esperanza de vida, mediante el uso de tablas de vida que podríamos comparar con los índices de precios.

Así, si la esperanza de vida de una mujer española de 40 años hoy en día es la misma que la que tendría esa misma mujer si hubiera cumplido los 30 hace medio siglo, “podemos afirmar que los 40 son los nuevos 30”, asegura Scherbov.

La edad prospectiva se fija en las características personales, como por ejemplo la esperanza de vida restante. Scherbov y Sanderson proponen considerar que una persona alcanza la vejez a la edad en la que su esperanza de vida restante es de 15 años o menos, independientemente de la edad cronológica que tenga en ese momento: 65, 58 o 73.

Pero esta es solo una parte de la ecuación: las capacidades físicas y cognitivas también son cruciales, porque el aumento de la esperanza de vida implica que también se prolongan los años que pasamos en buenas condiciones de salud.

Un apretón de manos para revelar la edad biológica

Uno de los parámetros que proponen medir es la fuerza de agarre manual, una prueba médica que ha resultado ser un buen predictor de las futuras tasas de mortalidad y morbilidad (es decir, la proporción de personas que enferman en un sitio y tiempo determinado), y que también se puede utilizar como un predictor fiable del envejecimiento. Según esta investigación, algo tan simple como la fuerza de un apretón de manos puede ser un indicador fiable de nuestra edad biológica.

Redefinir el concepto de vejez está íntimamente relacionado con las previsiones del aumento de la dependencia. La tasa de dependencia tradicional (que se estableció a principios del siglo XX) calcula cuántos ciudadanos de 65 años o más hay en un país con respecto a ciudadanos de 20 a 64 años, presumiendo que estos últimos, la población activa, deben asumir la carga económica del mantenimiento de los primeros.

Atendiendo a este criterio, la tasa de dependencia no deja de  aumentar y seguirá haciéndolo, a un ritmo cada vez mayor, durante las próximas décadas. Sin embargo, con el uso del enfoque de características personales, en el que las personas dependientes son aquellas con una esperanza de vida restante de 15 años o menos, las previsiones a futuro de la tasa de dependencia muestran un incremento mucho menos intenso. Por ejemplo, en el caso de Reino Unido, donde se prevé un crecimiento de la tasa de dependencia del 33% para 2030 utilizando el modelo tradicional, con estos nuevos parámetros el aumento sería de tan solo un 13%.

Menor carga para los sistemas sanitarios

En cuanto a la carga para los sistemas sanitarios, este nuevo enfoque estima que también es mucho menor que con los parámetros tradicionales. Scherbov y Sanderson han creado un indicador que tiene en cuenta el hecho de que las personas de edades avanzadas incurren en los mayores costes sanitarios en los últimos años de su vida y que, por lo tanto, el aumento de la esperanza de vida implica que estos mayores costes aparecen a edades más tardías.

Siguiendo este criterio, los costes sanitarios de, por ejemplo, Japón, aumentarán solo un 14% entre 2013 y 2030, cuando si se utiliza el parámetro tradicional de los 65 años el aumento sería de un 32%.

Bajo este enfoque, el cálculo de la edad de jubilación también debería ser actualizado, como ya lo están haciendo algunos países, entre ellos España. “Calcular la edad de jubilación en base a los cambios en la esperanza de vida aseguraría una contribución equilibrada a los sistemas de pensiones”, explica Scherbov.

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