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Análisis económico 13 jul 2016

La banca como motor de desarrollo y progreso en Chile

Un sistema financiero sano y robusto favorece el desarrollo económico de un país porque permite la inversión de capital en actividades productivas, como la construcción, la industria, tecnología y la expansión de los mercados. Además, contribuye al progreso de una sociedad con soluciones para suplir necesidades de vivienda, estudio y trabajo, entre muchas otras.

Qué duda cabe, la banca crea valor para la sociedad. Su oferta de servicios está construida sobre la base de cinco pilares: solidez, confianza, transparencia, innovación y competitividad, todos los cuales permiten responder a la exigente demanda de los clientes. La presencia de estos pilares y su interacción permiten que el sistema financiero cumpla un rol vital en la prosperidad de los países: capta y asigna ahorros, mejora la búsqueda e identificación de proyectos, monitorea el uso de los recursos de las empresas y personas que financia, determina y diversifica riesgos, facilita el comercio de bienes, servicios e instrumentos financieros.

Así también, al concentrar los esfuerzos en las mejores iniciativas e ideas, la banca eleva la productividad, pues más fondos fluyen a los mejores proyectos, a la vez que favorece el emprendimiento y expande las oportunidades para las personas, todo lo cual responde a su rol ciudadano y de servicio público.

La participación en el Producto Interno Bruto (PIB) de los servicios financieros alcanzaba ya un relevante 5,6% en 2010, cifra que se elevó a 6,4% en 2015. En términos de empleo directo, este sector aporta con cerca de 200 mil puestos y ha empujado la creación de trabajo sobre el resto de los sectores económicos (gráfico 1). Sobre este último punto, si el 2010-2011 el sector financiero promediaba una participación sobre el empleo total del país de 1,8%, en lo que va de 2016 aumentó a 2,3%.

Sector financiero: participación en PIB y empleo de Chile

Banco Central e INE

Solvencia

Para apoyar a personas y empresas, la solvencia es condición necesaria entregando viabilidad y sustentabilidad a los bancos. En esa dimensión, durante los últimos años, la industria ha exhibido una sólida posición de capital. Desde 2009 en adelante, el índice de adecuación de capital se ha mantenido sobre la exigencia normativa de suficiencia de capital. El nivel de apalancamiento de la banca –medido como el cociente entre el capital básico y los activos totales–, se ha mostrado estable en torno al 7%, cifra que también es superior a la normativa actual, que considera un mínimo de 3%. Más aún, Chile se encuentra en una posición favorable al comparar internacionalmente el indicador de capital sobre activos totales, cuyo cálculo no está influenciado por los ponderadores de riesgo y otros aspectos regulatorios (gráfico 2).

Comparación internacional de indicadores de solvencia

Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (2016)

Vienen cambios en términos de requerimientos de capital que no son un desafío totalmente insoslayable. La nueva Ley General de Bancos incorporará cambios en los requisitos de capital para homologar la normativa a los lineamientos de Basilea III, pero nuestra evaluación es que los requerimientos adicionales de capital son acotados y la banca en su conjunto no tiene problemas en constituirlos en los tiempos que tendría contemplada la autoridad.

Confianza y transparencia

La arista más desafiante y compleja que marcará el futuro de la banca chilena y global es otra. No cabe duda que la actividad financiera sufre una pérdida de legitimidad social de alcance global, unida a una creciente exigencia de responsabilidades. Está aumentando la presión en la regulación del sector, muy especialmente en todo lo relativo a protección del cliente. Además, existe un creciente interés por parte de inversores y accionistas por las cuestiones sociales, ambientales, de gobierno corporativo y éticas. En ese contexto, la confianza y transparencia son indispensables para que la banca pueda entregar los servicios de intermediación financiera para apoyar proyectos productivos de personas y empresas. La banca ha sido exitosa, pero el desafío que se avizora es importante y no todos lograrán sortearlo exitosamente.

“Está aumentando la presión en la regulación del sector, muy especialmente en todo lo relativo a protección del cliente

Ciertamente, la base de clientes que depositan y gestionan sus ahorros a través del sistema bancario ha mostrado un crecimiento constante dando cuenta que el modelo utilizado ha sido favorable para la sociedad en su conjunto. En el período 2004-2015 el número de cuentas vista aumentó de 3 a 15 millones, las cuentas de ahorro a plazo se expandieron de 12 a 15 millones y las cuentas de ahorro para la vivienda se duplicaron, pasando de cerca de 2 millones a prácticamente 4 millones. Adicionalmente, dentro de variados avances de la industria bancaria, la prestación de ágiles y seguros sistemas para entrega de liquidez han evolucionado de manera destacable en América Latina (gráfico 3).

Número de ATM y corresponsalías en Latinoamérica por cada 100 mil habitantes

FELABAN (2014)

Competencia e innovación

La competencia y la innovación se materializan en el desarrollo sistemático y la promoción de modernos servicios financieros. La inversión en avances tecnológicos ha permitido que la industria transite desde una banca presencial y de intermediación hacia una banca masiva y transaccional, siendo siempre el objetivo proveer a los clientes de una atención cercana y de calidad. El creciente desarrollo de la banca móvil implicará el acceso a diversos servicios remotos, basados en aplicaciones para dispositivos móviles, lo que va más allá de solo disponer de un nuevo medio de pago, pues también involucra servicios de información y administración de medios de pagos, entre otros. La banca se encuentra trabajando en este ámbito y ya se han efectuado anuncios de implementación de nuevos servicios de banca móvil durante el presente año.

Comportamiento ético

Mirando hacia adelante, estamos ante una nueva era para la industria financiera en la que el comportamiento ético y basado en principios juega un papel central en la sostenibilidad del sistema y en la creación de confianza. No todo vale. Es preciso ajustar la rentabilidad a los principios fundamentales de la industria: integridad, prudencia y transparencia. La comunicación transparente y clara y la educación financiera ayudan a que las personas puedan tomar decisiones más informadas y responsables, generando un importante valor para la empresa, la industria financiera y la sociedad en general. Implantar una cultura ética requiere no solo palabras, sino comportamientos y hechos concretos: walk the talk.

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