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Tecnología 26 oct 2018

La plaga del ciberestrés se extiende por el mundo

Un 75% de la población mundial, 77% en España, se siente agobiada por el constante zumbido de información de la vida digital.

Cualquiera conoce la incómoda sensación. Un zumbido, un pitido o incluso una bella melodía que marca una desconexión del presente. Es la temida notificación: un ‘like’ en Twitter, un correo entrante o un mensaje directo por WhatsApp, Telegram, Facebook… Y a esa interrupción infinita se suma el miedo al robo de datos, la lectura de aterradores titulares sobre cómo la filtración de nuestra intimidad intermediada por la tecnología se extiende cada vez más.

Ese constante bombardeo de notificaciones tiene un efecto en nuestra salud al que se ha denominado ciberestrés y que se está cobrando un peaje en un porcentaje muy elevado de la población. Un reciente estudio de la compañía de ciberseguridad Kasperksy Labs, realizado en Estados Unidos, Canadá y España, ha concluido que una gran parte de la población reconoce padecer este tipo de ansiedad por la constante conexión con la vida digital. En nuestro país, el 77% de los encuestados admiten sentirse afectada. A nivel mundial, la cifra es muy similar, de un 75%.

Pedro García-Vilacaña Cibeles-Gómez (Madrid, 1973), director de ventas de Kaspersky Labs Iberia, explica por qué esta plaga va creciendo. “Es un hecho que cada vez tenemos más aplicaciones o servicios que tenemos que usar diariamente, habitualmente a través de nuestro móvil. Esto supone que cada pocos segundos recibimos una notificación. Cómo se ve afectada nuestra capacidad de asimilar información por un exceso de notificaciones es lo que se ha denominado ciberestrés”.

A pesar de probarse muy extendido, el ciberestrés no es un parámetro homogéneo. La demografía marca el grado de intensidad con el que se siente este desasosiego. Por ejemplo, el estudio concluye que los usuarios de entre 16 y 24 años sufren el doble de estrés que los de más de 55 por todas las contraseñas que deben almacenar de sus diversas aplicaciones. Además, a la juventud se suma otro rasgo de inquietud y enganche a la inmediatez de la vida digital: la preocupación constante por la imagen, la caza de ‘likes’ o la necesidad de aprobación exterior, muchas veces relacionada con lo físico, a través de redes sociales como Instagram.

La psicóloga Heidi Hannah, directora del Instituto Americano del Estrés y colaboradora del estudio, valora el impacto en la salud que puede tener a largo plazo el ciberestrés: “El sentirnos inseguros, faltos de control o incapaces de seguir el ritmo del cambio en nuestra sociedad constantemente conectada es un rasgo inherente del estilo de vida digital. Los avances en tecnología nos dan una increíble oportunidad, pero tan bien pueden causar rápidamente que la gente se sienta perdida —y estresada— en un nuevo mundo.”

Aunque es un campo relativamente nuevo, decenas de artículos sobre el particular se acumulan en la literatura de investigación, como demuestra una rápida búsqueda en agregadores como Google Académico. Paradójicamente, es la tecnología la que viene al rescate de este problema eminentemente tecnológico. Trabajos como el del investigador Ignacio Andrés Menares Jiménez, ingeniero de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, emplean el ‘deep learning’ y las redes neuronales como zahorís del ciberestrés digital. Su amplia investigación consiste en modelizar un sistema de medición de reacción a las notificaciones que tenga en cuenta el tipo de usuario digital; esto es, su nivel de adicción a la tecnología.

En paralelo, la ciudadanía de algunos países ha logrado plantar batalla a esta obligación de estar constantemente invadidos por la vida digital. El uno de enero de 2017 entraba en vigor una victoria de la población francesa, plasmada en el  reconocimiento de un nuevo derecho: el de desconectarse fuera del horario laboral. Un día después, en el arranque de 2017, la legislación forzó a las empresas a proveer de este derecho de desconexión, que se plasmó en realidades como el no tener que consultar el email del trabajo fuera del horario laboral. La Unión Europea está valorando aplicar el modelo francés a todo el territorio y países como Filipinas han aprobado ya una legislación similar.

Para combatir esta desagradable emoción, los expertos recomiendan el sentido común: “A nivel personal, puedo decir que para mí ha funcionado algo tan simple como desactivar cierto tipo de notificaciones o marcarme horas de uso. Es algo tan básico como reaprender a disfrutar de lo que estás haciendo a cada momento sin estar tan pendiente del móvil”, explica García-Vilacaña. Llevarlo a la praxis en pleno bombardeo, eso sí, requiere de voluntad.

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