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Jubilación 28 mar 2019

Longevidad extrema, posibles soluciones para el reto de las pensiones

La longevidad es un fenómeno estructural de la Humanidad desde hace siglo y medio. A razón de un aumento de la esperanza de vida de cinco horas cada día (dos años y medio a la década), se puede hablar ya de una incipiente era de ultra longevidad o longevidad extrema, según José Antonio Herce, presidente del Foro de Expertos Independientes del Instituto BBVA de Pensiones.

José Antonio Herce inauguró el 26 de marzo los Edufin Talks, un foro de debate sobre educación financiera creado por el Centro para la Educación y las Capacidades Financieras de BBVA.

Durante su ponencia, titulada ‘Las pensiones: entre la longevidad extrema y la robotización’, José Antonio Herce subrayó que existen dos tendencias de fondo en el siglo XXI, la longevidad y la robotización.

Sobre la longevidad, explicó que desde hace 150 años se ha visto una extensión de la esperanza de vida casi lineal, de dos años y medio por década, lo que equivale a cinco horas cada día. Con la consolidación de los avances de la revolución industrial , en la segunda mitad del siglo XIX, cambiaron los estilos de vida, mejoró la sanidad y la inmunización y todo ello aumentó la esperanza de vida media al nacer. “La longevidad extrema puede hacer que vivamos más de 120 años en unas cuantas décadas”, afirmó.

“La edad equivalente hoy a los 65 de principios del siglo XX son los 91 años”

En el año 1900, a los 65 años sobrevivía el 26,18% de una generación y la esperanza de vida media a esa edad era de 9,1 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). En 2015, sobrevivía el 26,18% de una generación a partir de los 91 años, y la esperanza de vida media era de 9,1 años a los 81.

“Hoy hablamos todavía de la edad de jubilación a los 67 años, cuando en 1900 era ya de 65 años. Y sin embargo, la edad equivalente hoy a los 65 de 1900 esté entre los 81 y los 91 años”, explicó Herce. “Una persona entre 81 y 91 años hoy está en condiciones similares, o mejores, que una de 65 en 1900.”

Herce se refirió a la “tiránica barrera” de los 65 años, que obliga a la jubilación y desaprovecha el talento senior. “Debido a la jubilación temprana, todas las ganancias de vida se están yendo a etapas no laborables”, explicó. Y ello supone un reto para las pensiones porque, dijo, los problemas de la sostenibilidad (que el sistema pueda pagar las pensiones prometidas) y de la suficiencia (que las pensiones sean suficientes para una vida digna) proceden de que cada vez vivimos más, al tiempo que esa ingente ganancia de vida no va a etapas laborales o productivas.

Imagen de José Antonio Herce Edufin Talks BBVA

José Antonio Herce, presidente del Foro de Expertos del Instituto BBVA de Pensiones, durante su ponencia en el Edufin Talks.

La sostenibilidad de las pensiones

De cara a garantizar la sostenibilidad de los sistemas de pensiones, José Antonio Herce dibujó diversos escenarios posibles:

  • un reparto estricto “rabioso”, donde se repartiera lo que se ingresara, pero en el que las pensiones serían sostenibles por deficnición pero insuficientes;
  • un sistema de cuentas individuales nocionales, como el sueco, que es un sistema público de reparto en el que cada trabajador tiene una cuenta en la que se le reconocen las cotizaciones realizadas a lo largo de su vida laboral, por lo tanto sostenible, complementado con un sistema de empleo obligatorio;
  • un sistema público de capitalización plena, en el que cada trabajador aporta a un plan de pensiones a lo largo de su vida y recibe una renta en función de lo aportado y los rendimientos producidos por ese capital, que sería imposible de instrumentar sin incurrir en costes enormes;
  • un sistema en el que el aumento de la edad de jubilación no se calcule como años a sumar a partir de los 65 (2 y nos plantamos), sino como una serie de años a restar a partir de la esperanza de vida de cada momento, por ejemplo 20 (y flexibles con el tiempo), de forma que la edad de jubilación evolucionase con la esperanza de vida manteniéndose esa diferencia. Esto haría al sistema de pensiones sostenible y a la vez, a las pensiones, suficientes.

Herce abogó por elevar la edad de jubilación de acuerdo con la esperanza de vida de cada momento, y por “romper la tiránica barrera de los 65 años”.

“Ya existe evidencia empírica de que la robotización no destruye puestos de trabajo, sino que los crea”

Robotización: el futuro del trabajo o el trabajo del futuro

“A mí no me gusta hablar del futuro del trabajo, sino del trabajo del futuro, porque trabajo va a haber, pero van a ser trabajos que hoy denominaríamos no convencionales”, señaló. Según Herce, ya existe evidencia empírica de que la robotización no destruye puestos de trabajo netos, sino que los crea a razón de cinco empleos nuevos y de calidad por cada dos empleos que se pierden a sus manos, pero en aquellos países que saben cómo hacerlo. A su juicio, la clave reside en apostar por el conocimiento.

“Los robots no van a pagar nuestras pensiones, no se van a dejar poner impuestos, porque tienen alas y pueden migrar a otro país si las cosas se ponen feas; además, los robots tienen dueño”, afirmó. “Y de hecho, si de verdad los robots nos fueran a quitar empleo, lo mejor que podemos hacer es ahorrar en robots, porque ese ahorro nos dará los dividendos que reemplacen a nuestros salarios”.

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