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Alpinismo 24 dic 2015

¿Por qué Nepal está lleno de banderas de colores?

Las filas de coloridos banderines van surgiendo como migas de pan que guían por los caminos montañosos del Himalaya. Pero para los nepalíes y tibetanos, una bandera al viento es mucho más que eso: representa un deseo, una plegaria. Éstas son portadoras de sus esperanzas y anhelos.

El viento hace ondear las telas, bendiciendo todo a su alrededor. Existen banderas de cinco colores distintos, que representan los cinco elementos del budismo. Así, el azul representa el cielo; el blanco, el agua; el rojo, el fuego; el verde, el aire; y el amarillo, la tierra.

En cada una de ellas, se encuentra simbolizado el ‘caballo de viento’ cargado con las tres joyas del budismo: una por Buda, otra por el Dharma (enseñanzas budistas) y otra por el Sangha (la comunidad budista). Alrededor de este caballo, se graban unos mantras dedicados a cada deidad.

Los piadosos cuelgan sus plegarias en hileras: cuanto más alto, mejor. Con el tiempo, estas banderas pierden su color al estar expuestas a la climatología. Y, aunque los mantras que ondean al viento no pierden su valor, nos recuerdan que el tiempo es efímero y no perdona. Cuando llega el año nuevo, que suele celebrarse a mediados de febrero, los tibetanos renuevan las banderas más desgastadas.

En el mundo del alpinismo, un buen momento para desplegar estos banderines de oración es cuando se busca alcanzar una cima de un ochomil. Este rito forma parte de una ceremonia sagrada llamada “la puja”. Carlos Soria es muy consciente de que, en Nepal, si uno pretende coronar una montaña, primero tiene que pedirle permiso.

Los sherpas que le acompañan guían al alpinista español en este ritual para pedir salud y fortuna para él y el resto del equipo. El rito comienza con los rezos cantados por el lama. Después, las banderas de oración son puestas a merced del viento y cada expedicionario recibe un amuleto de la suerte.

Como ofrenda, se lanza al aire un poco de harina y arroz. Una vez elevado el espíritu, se sube la temperatura corporal gracias a un licor sagrado. Tras la puja, sólo toca esperar que el viento sople a su favor.

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