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El Prado, residencia provisional para los tesoros de la Hispanic Society

Cuando Juan Vespucci dibujó la imagen completa del mundo, hace 500 años, no imaginó que su mapamundi daría la vuelta al globo desde un lugar todavía no muy bien trazado de América del Norte. Desde la mayor colección de arte español fuera de la Península Ibérica, la Hispanic Society de Nueva York, han viajado los 200 tesoros artísticos que vestirán las paredes del Museo del Prado desde el 4 de abril hasta el próximo 10 de septiembre.

Goya, Velázquez, Murillo y Zurbarán vuelven a casa –junto a piezas arqueológicas, esculturas romanas y otras joyas de la mejor pintura española del siglo XIX y XX– para dar vida a ‘Visiones del mundo hispánico. Tesoros de la Hispanic Society of America’, una muestra patrocinada por la Fundación BBVA que inicia su recorrido hace 4.000 años.

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La Duquesa de Alba de negro (1797), Francisco de Goya.

El 60% de las obras que ahora llegan al Prado nunca se han visto antes en España, y no es casualidad. El coleccionista y filántropo Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of America, tenía tal devoción por la cultura española que decidió adquirir las piezas de su colección fuera del país para no privarlo de sus tesoros artísticos.

En 1904, Milton empezó a dar forma al museo y biblioteca que hoy se han convertido en el centro de difusión de la cultura española más importante de Estados Unidos. Gracias a la fortuna que heredó de su padre, uno de los grandes magnates de los ferrocarriles americanos, pudo perseguir su mayor ambición: la de llevar la cultura hispana al otro lado del Atlántico, para construir un centro público y gratuito, al alcance de todos.

La exposición del Museo del Prado es una celebración del esplendor del arte español. Pero, sobre todo, es un homenaje a Huntington, que también mantuvo una relación estrecha con algunos de los más destacados artistas del momento. Entre ellos, Sorolla, al que encargó la serie de las Regiones de España, que se expuso en el Prado en 2009.

No volverán esas pinturas del artista valenciano, pero si muchas otras salidas del pincel de Sorolla, la mayoría retratos de ilustres escritores como Juan Ramón Jiménez, Pérez Galdós y Pío Baroja. Y llegará también al Prado la luz de sus playas mediterráneas.

Idilio en el Mar (1905), Joaquín Sorolla.

En esta gran fiesta hispana no podían faltar escenas costumbristas como la que pintó Zuloaga, otro buen amigo de Hungtinton, en La familia del torero gitano o Miguel Viladrich, en Catalanes de Almatret. Como tampoco podía faltar la Duquesa de Alba, musa de Goya; ni el cuadro Conde Duque de Olivares, de Diego Velázquez.

Al legado pictórico de los mejores creadores del siglo de Oro y los siglos XIX y XX, se unen otros tesoros que cuentan la historia de España. Desde piezas prehistóricas -de cuatro milenios de antigüedad- y esculturas romanas, hasta joyas islámicas y cristianas y textos medievales de Alfonso X.

El Museo del Prado será el guardián de estos tesoros artísticos durante cinco meses. Aún deberán esperar dos años para volver al impresionante edificio que alberga la colección, en la parte alta de Manhattan. Mientras, viajarán por Estados Unidos en una exposición itinerante que volverá a su residencia habitual cuando terminen las obras de restauración en 2019 y la Hispanic Society vuelva abrir sus puertas al público.

Catalanes de Almatrat (1915), Miguel Viladrich Vila.

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