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Precios Act. 20 may 2020

Precios que suben y bajan, ¿cuáles son los motivos?

Los humanos somos seres racionales por naturaleza. De este modo, si una empresa a la que compramos habitualmente nos sube el precio de un producto, seguramente nos vayamos a buscar el mismo o, alguno parecido, a otro lado y por un menor precio. ¿Acaso es extraño oír quejas sobre los precios? Aunque nosotros como consumidores siempre veamos más favorable una reducción de los precios. No obstante, es interesante conocer la explicación de por qué lo que ayer estaba a 10 euros al día siguiente se puede encontrar a 11,99 euros.

Las variaciones de precios

Los precios de los bienes y servicios están determinados, fundamentalmente, por la demanda y la oferta de los mismos. Cuando aumentan o disminuyen, se debe a que una de estas dos variables ha protagonizado un cambio. Concretamente, un aumento en los precios se da especialmente por tres motivos.

  • Caso 1: La oferta se mantiene y aumenta la demanda

En esta situación, las empresas siguen ofreciendo la misma cantidad de un bien o servicio, pero todos compramos más de ellos. Esto puede pasar por muchas razones, entre ellas, un aumento de la población (hay más gente y más atascos y se venden más bicis para la circulación por la vía urbana), se pone algo de moda, aumentan nuestros ingresos, etc.

También puede ocurrir que suba el precio de un sustituto (bienes que nos aportan exactamente lo mismo, como puede ser los refrescos de naranja de una marca u otra). Si aumenta el precio de la marca X, seguramente aumente la demanda de la marca Y, ya que va a cubrir la misma necesidad a un menor precio.

  • Caso 2: La oferta cae y la demanda se mantiene

Una reducción en la oferta de las empresas hará que esta sea más cara. Puede suceder por un amplio abanico de motivos: desde que disminuya el número de empresas con esas ofertas hasta que se quede anticuada la tecnología de algunas firmas y sólo queden dentro del mercado unas pocas. También puede suceder que aumente el precio de los inputs y que los fabricantes no puedan producir la misma cantidad que antes por dicho encarecimiento.

  • Caso 3: La oferta cae y la demanda aumenta

En este caso, se produciría un ‘mix’ de los fenómenos que hemos visto anteriormente. No obstante, existen otras variables más específicas que hacen que los precios varíen. Por ejemplo, en alguna ocasión, los gobiernos aumentan su base monetaria de forma artificial. Es decir, usan la estrategia de fabricar y emitir dinero, habiendo en circulación más dinero del que realmente una economía necesita.

Otro factor son las expectativas. Puede existir la expectativa de que haya un fuerte incremento de precios en el futuro y que, por ello, las personas consumamos más ahora. Es más, si estas expectativas son muy fuertes, se pueden generar escenarios de hiperinflación. Lo mismo sucede si suben los precios de la energía. Al estar presente en la fabricación de casi todos los productos, los precios subirían inminentemente.

¿Es bueno o malo que los precios bajen?

Desde el perfil de consumidor, seguramente, responderíamos con un rotundo «sí». No obstante, la respuesta es mucho más compleja si se hace sobre las consecuencias que tiene hacia el conjunto de la economía y no de forma individual. En líneas generales, los ingresos de las familias españolas han disminuido. Desde esta perspectiva, es posible que estos protagonistas puedan comprar más productos y servicios que cuando los precios estaban más altos.

Sin embargo, la respuesta a la anterior pregunta, para una empresa, se acercaría más a un «depende». Si compensa la reducción de sus márgenes con un aumento de ventas o si consigue rebajar costes en mayor medida, entonces sí. Pero igualmente hay muchos detalles que valorar.

La clave para analizar si es bueno o si es malo, se encuentra en el periodo de tiempo que duran esas tasas moderadas o negativas de IPC. En principio, una bajada de precios constantes y continuados no es positiva, ya que estaríamos ante una deflación y el consumo e inversiones se ralentizarían en busca de precios mejores. Es decir, si vemos que la cesta de la compra cada vez baja más o que ese electrodoméstico en el que necesitamos invertir está protagonizando reducciones, aplazaríamos las decisiones de gasto. De esta forma, el consumo no aumentaría y los empresarios se verían afectados con la reducción de sus márgenes.

Si se tratara de un hecho puntual, no tiene por qué ser un fenómeno negativo. Primeramente, tal y como hemos dicho, podríamos comprar bienes y servicios más baratos. Apoyados además por el hecho de que seríamos más competitivos con el exterior a nivel de precios y, por lo tanto, poder favorecer la creación de precios. En definitiva, lo ideal sería que tuviéramos una inflación positiva, aunque pequeña, y por debajo de la media europea y de los países más potentes.

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