En Río Lagartos se encuentra una de las Reservas de la Biosfera más extensas de la península de Yucatán. Es allí donde se sitúa el santuario de las tortugas marinas, 74 km de playa donde nacen cerca de 4.000 tortugas al año. Estos animales recorren las corrientes marinas de toda América para, inexplicablemente, volver a desovar al mismo punto exacto donde nacieron y cerrar así el ciclo de la vida.

Primer reto de la Ruta BBVA 2016 a su llegada a México: la expedición formada por 180 jóvenes ruidosos se dispone a asistir al silencioso ritual de desove de la tortuga blanca. La oscuridad de la noche yucateca se iluminó con las pequeñas luces de los frontales de los expedicionarios en largas hileras que bordeaban la orilla de la playa. Una marcha nocturna de 14 km para poder presenciar el desove de estos animales. Mariana, bióloga y trabajadora de la reserva desde hace 16 años, asegura que siguiendo sus instrucciones, no sería difícil que  todos los chicos pudieran contemplar este espectáculo de la naturaleza.

La Reserva de Río Lagartos cuenta con 3 especies diferentes de tortugas marinas: carey, careta-careta y blanca. En el periodo del año en el que la Ruta BBVA visita Yucatán, solo la última de ellas se encuentra en el proceso de puesta de huevos. El apareamiento se produce en el mar y las hembras nadan hasta la costa para depositar entre 90 y 120 huevos, que entierran bajo la arena. Los biólogos del parque comentan que no hay una explicación científica, pero se cree que las tortugas desovan en el mismo nido donde nacieron. Después de 60 días, los huevos eclosionan y las pequeñas crías van al mar guiadas por la luz de la luna.

La importancia de la luna tanto en la fase de desove como en la de nacimiento lleva a los expedicionarios a ser muy prudentes con las luces que portan en sus cabezas. La marcha se inicia a la 1 de la madrugada. La ilusión de los chicos es grande aunque también el escepticismo. Los guías encabezan cada uno de los grupos de jóvenes y examinan con atención los posibles rastros en la arena.

Tras alguna falsa alarma, finalmente la guía pide que se acerquen en silencio. Una luz roja ilumina un gran bulto que se mueve entre la arena. Y ahí está: una gran tortuga blanca termina de enterrar sus huevos. Los chicos contemplan a la hembra y dan por cumplida una misión que se antojaba complicada. Algunos grupos llegan a ver hasta dos de estos ejemplares a lo largo de una marcha que finaliza a las 3.00 en un punto intermedio del recorrido. Un vivac de unas horas ayuda a los ruteros a reponer fuerzas antes de completar el resto del recorrido.

Sobre las 6.00, el día empieza a nacer en Río Largartos y el campamento despierta frente al mar con una espectacular salida del sol. Siete kilómetros restan para completar la primera marcha de la expedición 2016 que les ha permitido contemplar parte de unos de los rituales más bellos de la naturaleza.

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