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Desastres naturales y desigualdad: el rostro humano del cambio climático

El cambio climático y el aumento de los desastres naturales extremos tienen una conexión directa que afecta de manera desproporcionada a las comunidades más vulnerables, según el panel de expertos en cambio climático de la ONU (IPCC).

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Entre 3.300 y 3.600 millones de personas viven en contextos muy vulnerables al cambio climático. Representan cerca de la mitad de la población mundial. Esta es una de las principales conclusiones del último informe del IPCC. El documento analiza los riesgos crecientes del calentamiento global. También examina sus efectos en las comunidades humanas. El informe lanza una idea central. El cambio climático no crea la desigualdad, pero la agrava. Las comunidades con menos ingresos sufren más los impactos. También influyen el acceso limitado a servicios básicos y la baja capacidad institucional.

Sequías, inundaciones y tormentas extremas afectan con más intensidad a estos grupos. En cambio, los países con más recursos invierten en protección. Desarrollan infraestructuras resilientes, sistemas de alerta temprana y seguros. Las economías más frágiles dependen más de la ayuda internacional. También recurren a mecanismos básicos de subsistencia.

El término 'desastre natural' se usa con frecuencia. Sin embargo, muchos expertos cuestionan su utilidad en la gestión de riesgos. Consideran que no refleja bien la realidad. Los desastres tienen un fuerte componente humano. Los factores sociales amplifican sus efectos. No dependen solo de fenómenos naturales. Paola Arias, autora del IPCC, lo explica así. Un desastre no ocurre solo por una ola de calor. También influyen los ecosistemas y las poblaciones expuestas. Las altas vulnerabilidades aumentan el impacto.

Desigualdad, migraciones y pérdida de medios de vida

De acuerdo con el informe del IPCC, estas vulnerabilidades están ancladas en las desigualdades sociales, las condiciones socioeconómicas desfavorables, el acceso deficiente a los servicios de salud, el uso insostenible de la tierra y el océano, la falta de gobernanza y de instituciones sólidas, la marginalización y los patrones históricos de inequidad. El documento identifica, además, África occidental, central y oriental, Asia meridional, América Central y del Sur, los pequeños países insulares en desarrollo y el Ártico como los puntos críticos de alta vulnerabilidad humana a nivel global.

Los cambios en la regularidad y la magnitud de las precipitaciones y las temperaturas extremas en el llamado Corredor Seco de Centroamérica (que se extiende desde el estado de Chiapas, en México, hasta el noroeste de Costa Rica, pasando por El Salvador, Honduras y Nicaragua) están afectando a la producción agrícola y están comprometiendo la seguridad alimentaria en la región. Esto ha multiplicado los desplazamientos forzosos en busca de oportunidades en una región que ya se encontraba entre las más sensibles del mundo a las migraciones relacionadas con el cambio climático.

El aumento de las temperaturas ha provocado la pérdida del 50 % de la superficie cubierta por los glaciares en los Andes desde la década de 1980, según un informe de la UNESCO. El retroceso de estos hielos perennes, el aumento de la temperatura y la variabilidad de las precipitaciones, junto con los cambios en el uso del suelo, han afectado los ecosistemas, los recursos hídricos y los medios de vida de las poblaciones que dependen de esta cordillera sudamericana y, en particular, los de las poblaciones del altiplano peruano. En varias zonas de los Andes, los desastres asociados a inundaciones y deslizamientos de tierra han aumentado, y la disponibilidad y calidad del agua, así como la erosión del suelo, se han visto afectadas por factores climáticos.

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Fenómenos meteorológicos extremos en América Latina

Ninguna región del planeta escapa a las consecuencias del cambio climático, pero sus impactos varían. En América Latina, según Paola Arias, la región Caribe y los países insulares sufren el aumento del nivel del mar —que se agrava con los ciclones—, mientras que las zonas montañosas de Colombia o Perú padecen lluvias torrenciales y los países del Cono Sur enfrentan sequías más severas y desbordamientos de ríos.

De cara a las próximas dos décadas, el sexto informe del IPCC señala que el aumento de las sequías, la aridez y los incendios alimentados por el cambio climático supondrán un desafío para la agricultura, la silvicultura, los sistemas hídricos, la salud y los ecosistemas en América Central, las regiones amazónicas y el occidente de América del Sur. Además, los cambios en los patrones de precipitación en forma de nieve y el deshielo plantearán problemas en la producción de energía, los ecosistemas y las infraestructuras de las regiones andinas.Como refleja el IPCC, este tipo de consecuencias del cambio climático y los desastres naturales agravan las desigualdades poblacionales.

La relación entre cambio climático y desastres naturales

“El cambio climático inducido por el ser humano ya afecta a numerosos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del mundo. La evidencia del impacto humano en los cambios observados en fenómenos como las olas de calor, las precipitaciones intensas, las sequías y los ciclones tropicales se ha reforzado”. Así se resume la relación directa entre cambio climático y desastres naturales en la primera de las tres partes del último informe, el sexto, del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

No es una afirmación a la ligera. Para llegar a ella, el grupo de expertos dedicado a redactar esta primera parte del informe (publicada en agosto de 2021) dedicó ocho años de trabajo. Durante este tiempo, 234 autores y autoras de 66 países, además de 517 colaboradores, analizaron más de 14.000 publicaciones científicas y tuvieron en cuenta más de 78.000 comentarios de especialistas y gobiernos de todo el mundo. Además, el informe necesita el visto bueno de todos los países de la ONU antes de publicarse, por lo que las afirmaciones que en él se recogen son prudentes y están siempre muy documentadas.

“El aumento de los gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera ha hecho que esta sea capaz de absorber más energía y de calentarse más”, explica la experta. “Cuando la atmósfera se calienta no solo aumenta la temperatura global, sino que se cambia el ciclo hidrológico en dos sentidos. Por un lado, la atmósfera se expande y puede absorber más humedad, por lo que cuando hay potencial de lluvia puede llover con más intensidad. Por el otro, como hace más calor hay más evaporación, por lo que los extremos secos también se acentúan”.

Eventos extremos compuestos y nuevas amenazas climáticas

“El cambio climático hace que esos extremos ocurran con más frecuencia e intensidad, pero también en zonas donde antes no ocurrían, afectando a países y comunidades que no están habituadas a lidiar con sus efectos”, señala. “A esto se le suma que los eventos meteorológicos extremos empiezan a combinarse y a ocurrir de forma simultánea en lo que se conoce como extremos compuestos. Por ejemplo, en algunas zonas como California estamos viendo ciclos de sequías, combinadas con incendios, seguidos de episodios de lluvias torrenciales”.

Esto, inevitablemente, acaba afectando a aquellas personas que tienen menos medios para hacer frente a las consecuencias de los eventos extremos y compuestos. Estas personas vulnerables, con menos recursos económicos o sociales, son las que mejor reflejan la desigualdad ante el cambio climático y los desastres naturales. Si ya partían de una situación de desigualdad, una vez tienen que hacer frente a estas consecuencias su posición se agrava.

Fenómenos extremos y cambio climático
Fenómeno extremo Qué cambia con el clima Impacto en la población
Olas de calor Más frecuentes e intensas Riesgos para la salud
Lluvias intensas Mayor capacidad de precipitación Inundaciones y daños materiales
Sequías Más prolongadas Pérdida de cultivos
Ciclones Mayor intensidad Destrucción de infraestructuras
Deshielo Reducción de glaciares Menor disponibilidad de agua

Cómo reducir el impacto social del cambio climático

Hacer frente al cambio climático no solo implica reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y descarbonizar nuestras sociedades, sino también adaptarse al nuevo contexto en el que vivimos. Para ello, según Paola Arias, las autoridades y quienes toman decisiones deben dialogar con las comunidades locales, la financiación debe multiplicarse, tanto para medidas de adaptación como para compensar los daños y las pérdidas climáticas, y las soluciones no deben profundizar en las desigualdades existentes ni generar nuevos problemas ambientales y sociales.

En particular, para reducir el riesgo de los desastres en las sociedades humanas, el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres señala que es necesario:

  • Reformar los sistemas financieros para que incluyan los costos reales del riesgo (también a largo plazo) y reformar los sistemas de inversión y de seguros para incentivar la reducción del riesgo.
  • Adaptar la planificación fiscal nacional para considerar el riesgo y la incertidumbre.
  • Reconocer el papel de las percepciones de riesgo y de los sesgos de las personas.
  • Reconocer el valor del análisis de riesgos como herramienta.
  • Adoptar un nuevo lenguaje del riesgo que abarque múltiples disciplinas.
  • Intensificar la participación, la transparencia y el diálogo ciudadano en la toma de decisiones sobre riesgos.
  • Potenciar la gestión de riesgos a múltiples escalas.

“Las claves para aumentar la resiliencia y acelerar el desarrollo sostenible radican en medir lo que valoramos, diseñar sistemas en torno a la forma en que las personas toman decisiones sobre el riesgo y reconfigurar los sistemas de gobernanza y financieros para que trabajen en colaboración entre los distintos silos”, concluye el informe. “A medida que los efectos del cambio climático se multiplican, sabemos lo que está en juego para las generaciones futuras”.

El cambio climático intensifica los desastres naturales y sus efectos recaen, sobre todo, en quienes menos medios tienen para afrontarlos. Reconocer esa desigualdad y fortalecer la resiliencia global no es solo una cuestión ambiental: es un imperativo social y humano.

Preguntas frecuentes sobre desastres naturales y desigualdad

¿Qué relación hay entre el cambio climático y los desastres naturales?

El cambio climático intensifica fenómenos extremos como olas de calor, sequías, lluvias intensas o ciclones, aumentando su frecuencia e impacto en todas las regiones del mundo.

¿Por qué los desastres naturales afectan más a las poblaciones vulnerables?

Porque cuentan con menos recursos económicos, infraestructuras más débiles y menor capacidad de respuesta, lo que aumenta su exposición y dificulta la recuperación tras un desastre.

¿Qué es la desigualdad climática?

Es la situación en la que los efectos del cambio climático impactan de forma desigual, afectando más a quienes menos han contribuido a las emisiones y tienen menos capacidad de adaptación.

¿Qué consecuencias sociales tienen los desastres naturales?

Pueden provocar pérdida de medios de vida, desplazamientos forzosos, inseguridad alimentaria, aumento de la pobreza y deterioro de la salud en las comunidades afectadas.

¿Qué regiones son más vulnerables al cambio climático?

Según el IPCC, zonas como África, América Central y del Sur, Asia meridional, pequeños estados insulares y regiones árticas presentan mayores niveles de vulnerabilidad.

¿Cómo se puede reducir el impacto social del cambio climático?

Mediante inversiones en adaptación, infraestructuras resilientes, sistemas de alerta temprana, planificación urbana y políticas que tengan en cuenta las desigualdades sociales.