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Hambach, de bosque milenario a lugar más contaminante de Europa

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Fue un tesoro natural durante miles de años y hoy es la mayor fuente de gases de efecto invernadero de toda Europa. Pocos conocen su historia, pero el bosque alemán de Hambach se convirtió a finales de los años setenta en una gigantesca mina a cielo abierto de lignito, un carbón muy cuestionado por sus emisiones de CO2.

Había una vez un precioso bosque en el oeste de Alemania, junto a la frontera belga y a 30 kilómetros de la ciudad de Colonia. El bosque se llamaba Hambach y tenía una antigüedad de 12.000 años. Era un tesoro natural, un foco de diversidad.

El comienzo de esta historia podría sonar a cuento, pero es totalmente real. Tan real como su final. No es un final feliz, eso sí. En 1978 apareció por aquellos lares RWE, una empresa alemana del sector energético fundada en 1898.

Sus trabajadores talaron el bosque y sus máquinas de proporciones gigantescas despedazaron a bocados una superficie de 50 kilómetros cuadrados para explotar una mina de lignito que había debajo de las raíces. La magnitud de la destrucción era inimaginable, a menos que uno pudiera constatarlo con sus propios ojos. Un cráter inmenso en una zona de tierra marrón reseca y polvorienta lo dominaba todo.

¿Qué es el lignito?

El lignito es una variedad de carbón altamente cuestionado por su poder contaminante debido a las grandes emisiones de CO2. Esta mina cada día emite unas 270.000 toneladas de dióxido de carbono, lo que la convierte nada menos que en la mayor fuente de gases de efecto invernadero de toda Europa.

“Este caso, desgraciadamente, no es muy conocido”, explica Fernando Valladares, biólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) e investigador del departamento de Biogeografía y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales. “La historia trascendió precisamente gracias a la lucha de los activistas medioambientales, que no pararon durante muchos años, y que incluso vivieron en lo que queda del bosque para impedir su tala. Internacionalmente se ha decidido ir cerrando todas las minas de carbón, pero lo cierto es que cuando tienes tantos recursos debajo de tu suelo, explotarlos es muy tentador. La mina está activa, pero se ha conseguido que no se destruya lo que queda del bosque. De momento, eso está parado, pero cualquier día el asunto podría rebrotar”.

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Alemania y la quema de carbón

Alemania es la mayor fuente de lignito del mundo. Un 30 % de la electricidad que se produce en este país procede de la quema de carbón. Garzweiler, por ejemplo, es otra de las inmensas minas de lignito a cielo abierto del país, con un tamaño de 48 kilómetros cuadrados. Está situada en el estado de Renania del Norte-Westfalia, y como en Hambach, aquí ha habido decenas de manifestaciones de grupos ecologistas tratando de parar la extracción y de impedir el desalojo de los pueblos cercanos. Cada año se obtienen 30 millones de toneladas de este mineral altamente contaminante en esta mina.

Un informe del Instituto Alemán de Investigación Económica de 2019 argumenta que los objetivos de las políticas del Gobierno hacen innecesarios los planes de RWE de desalojar las aldeas cercanas a Garzweiler, así como la eliminación del bosque junto a la mina de Hambach. Pero el futuro es incierto.

Aún queda un 10% del bosque de Hambach sin talar. Los activistas consiguieron detener su destrozo en 2018. Un tribunal de la localidad alemana de Münster paralizó entonces la devastación.

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Muchos años para la recuperación

A pesar de que la Unión Europea se plantea el total cierre de cualquier explotación de carbón alrededor del año 2030, el bosque tardará cientos de años en recuperarse. “Las explotaciones que generan mayor impacto ambiental son las que se hacen a cielo abierto. Son más baratas y requieren menos mano de obra. El agujero que se deja es enorme. Hay que recuperar la geomorfología y la geotopografía. Con tiempo, todo se recupera, pero las escalas temporales del medioambiente no son las nuestras. En Hambach ha bajado hasta el nivel freático. Conseguir un suelo que permita la vida partiendo de ahí es muy complicado”, explica Josu Alday, ingeniero de Montes, investigador de la Universidad de Lleida y experto en la restauración de minas de carbón a cielo abierto.

En este cuento apenas quedan árboles, animales, ni muchos habitantes viviendo cerca del bosque. Las columnas de humo de las centrales eléctricas que se ven al fondo del paisaje desértico donde se queman cada año cien millones de toneladas de lignito son prácticamente la única señal de vida. Una vida contaminada que hace años que acabó con cualquier resquicio de naturaleza.

Imagen de apertura: EFE

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